¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

XXVIIIº Domingo del Tiempo Ordinario

Canónigo Juan de Dios Olvera Delgadillo
Canónigo Juan de Dios Olvera Delgadillo
  • Del Santo Evangelio según San Lucas: 17, 11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!.

Al verlos, Jesús les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.

Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios?¿Dónde están los otros nueve?¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?. Después le dijo al samaritano: Levántate y vete. Tu fe te ha salvado.

Palabra del Señor.  R. Gloria a ti, Señor Jesús.

COMENTARIO:

  1. El santo Evangelio de este domingo, según san Lucas, nos presenta a Cristo que se dirige hacia Jerusalén. Allá va a sufrir su pasión y a morir por nosotros. Jesús sabía que al ir a Jerusalén, como Él se los dijo a sus apóstoles (cf. Mt 16,21), tendría que sufrir allá mucho a manos de los judíos, tendría que padecer, morir, y resucitar al tercer día, para salvación de todos. La misión de Jesús es salvar a la humanidad, pero además de ese inmenso bien,  otorga a los hombres muchos beneficios, también en el orden material, pero siempre en orden al máximo bien que es la salvación.
  2. Así, en este fragmento del Evangelio le salen al encuentro diez leprosos. Hay que tomar en cuenta que la lepra era una enfermedad incurable, y terrible. Jesús, por su bondad, se compadece de ellos y les concede el milagro de la curación.
  3. Estos leprosos se detuvieron a lo lejos, porque  estaba mandado en la ley judía que al que tuviera lepra se le tenía que excluir de la comunidad, no se le permitía convivir con el Pueblo; se le consideraba como impuro, no podía realizar sus actividades normales (cf. Levítico 13,15-16).
  4. Así, los leprosos se detienen lejos de Jesús, “…y a gritos le decían: ‘¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros! . Con esta oración desesperada se dirigen a Cristo, y aquí vemos cómo, siempre que alguien invoca a Cristo, su oración no queda sin respuesta. Invocan la misericordia divina que se manifiesta en Jesús.
  5. Jesús les da respuesta a ésta su invocación desesperada, y les dice: “¡Vayan a presentarse a los sacerdotes!. Con esta indicación Jesús da a entender que obra conforme a la ley de Moisés; Cristo es el pleno cumplimiento de la Ley; Él es el Mesías; todo ello queda de manifiesto, pues obviamente quien los cura es Cristo.
  6. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra: esto es un milagro patente. Algunos hoy en día, infundadamente han querido explicar los milagros que aparecen en el Evangelio, supuestamente de una manera natural, sin embargo,  vemos que ni siquiera actualmente es posible curar instantáneamente, y a un acto de la voluntad, a un leproso como Jesús lo hace milagrosamente; el milagro sabemos, no consiste en realizar algo contradictorio, sino algo que estápor encima de las leyes naturales, y que ello sólo es posible desde el poder de Dios, que fue quien estableció todo el orden en la naturaleza, y quien puede redirigir esas mismas leyes conforme a su voluntad, puesto que Él es el diseñador, el conductor, el creador, y el conservador de todo lo que existe.
  7. Ante este milagro de quedar limpios de la lepra, imaginémonos la enorme alegría de estos leprosos, que quedan limpios en su carne, quedan curados total y absolutamente por el poder de Cristo.
  8.  Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano es sólo uno de los leprosos curados, el que decide ponerse en camino para agradecer y reconocer que ha sido un milagro de Dios, una obra de la bondad divina.
  9. Y ese agradecimiento se transforma en un testimonio ante el Pueblo, pues alababa a Dios en voz alta, además se postra ante Jesús reconociendo su poder divino, y le agradece desde el fondo de su corazón. Y dice el Evangelio: “Ése era un samaritano. Esta última observación alude al hecho de que por ser extranjero hubiera sido más factible que no reconociera ni le agradeciera a alguien del Pueblo judío como era Jesús.   Pero el mismo samaritano entiende que aquí no se trata de razas, ni de pueblos, sino que es una obra de Dios, y que Jesús viene de Dios y por eso le agradece esa gracia que le ha hecho.
  10.  Y aquí todos debemos hacer un examen de conciencia, conforme al comentario de Jesús “¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?pues muchas veces recibimos beneficios de Dios, pero no los agradecemos. Cuántas veces, principalmente en los grandes santuarios como el Santuario de la Virgen Santísima de Guadalupe, la gente implora milagros, y diariamente hay milagros aunque la mayoría de éstos no estén documentados, pero las personas que los reciben saben que son milagros; el milagro fue para esas personas y esas personas pidieron el milagro, y Dios en su bondad se los realizó; pero qué triste situación que después, los beneficiados  por el milagro no regresen a agradecer a Dios su favor, y a la Virgen Santísima su poderosísima intercesión. A veces se dice: “después vamos”, “después  vamos”, asípasa el tiempo y no se hace ese agradecimiento y reconocimiento; esto es algo que no agrada a Dios y que no nos ayuda, no nos hace crecer, no nos hace reconocer la obra Dios y adorar a Dios todopoderoso que nos ama como nuestro Padre.
  11.  Finalmente Jesús le dice al leproso agradecido: Levántate y vete. Tu fe te ha salvado: esa fe que ya te salvó, continúa teniéndola, ya no la abandones, ya no dejes ese camino; el milagro es una bondad de Dios, pero es para hacer que vayamos a Él, y para regresarnos al camino de la salvación. El mayor don es obtener  la salvación eterna. El mayor don, el más grande regalo es la salvación. De ahí comprendemos la grandeza de escuchar: Tu fe te ha salvado. Así, si pensáramos que este leproso agradecido hubiera tenido otra desgracia, pero conservara esa fe que le señaló Jesús, diríamos que el milagro fundamental está realizado. El milagro no consiste en que no tengas ninguna pena, no tengas ninguna enfermedad, ningún mal, el milagro consiste en que a pesar de todo eso tú puedas salir adelante, con una fe grande, que nunca te permita separarte de Cristo: ése es el verdadero milagro, y por eso Cristo nos dice que lo debemos seguir con nuestra cruz de cada día (cf. Lc 9,23), y el que perseveré hasta el fin, se salvará” (Mt 24,13). Todo esto es posible con la gracia de Cristo, es posible cuando con esa gracia creemos de corazón, cuando hemos recibido todo para poder creer, y nuestra fe nos introduce en el gozoso camino de la salvación de Cristo.
  12.  Pidamos a Cristo que, como estos leprosos podamos nosotros quedar limpios de nuestra alma. El pecado es la verdadera lepra, y cuando nos confesamos y recibimos el sacramento de la reconciliación quedamos curados como estos leprosos, y quedamos sanos para estar siempre en el camino de la salvación. Así Jesús nos puede decir: Tu fe te ha salvado,  y Vete y no peques más (Jn 8,11)Conserva tu fe y llegaras a la vida eterna. Pidamos todas estas gracias a Cristo, el Señor, por intercesión de la Virgen santísima de Guadalupe. 
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