La Academia Juan Pablo II para la Vida Humana y la Familia, un destacado grupo provida fundado por antiguos miembros del organismo de bioética del Vaticano, envió el lunes una carta urgente al cardenal Mario Grech, instando al prelado a que revoque el informe final heterodoxo del Grupo de Estudio del Sínodo 9, que sugería falsamente que las relaciones homosexuales podrían no ser pecaminosas.
La contundente carta del 1 de junio de la Academia Juan Pablo II , firmada por su presidente, el Dr. Thomas Ward, la vicepresidenta Christine de Vollmer y el tesorero Steven Mosher, destaca cómo el informe sinodal de mayo, que escandalosamente respaldó, sin reservas, el testimonio que afirma que «el pecado, en su raíz, no consiste en la relación de pareja (del mismo sexo)» sino en «una falta de fe en un Dios que desea nuestra plenitud», no solo contradice la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, sino que también implica el error modernista de que el Espíritu Santo puede inspirar cambios doctrinales o morales que son contrarios a la enseñanza perenne de la Iglesia.
La carta subraya además la igualmente preocupante y errónea implicación del informe de que la doctrina moral católica, como la relativa al matrimonio, puede armonizarse con las normas culturales actuales, y critica la inclusión de testimonios de dos amigos cercanos del heterodoxo padre James Martin. La Academia JPII destacó que los temas y propuestas presentados en el informe se asemejan mucho a posturas que el Magisterio ya había expresado y rechazado durante el pontificado de Juan Pablo II.
Finalmente, el grupo recordó a Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, que el proceso sinodal no debe dar cabida a la ambigüedad doctrinal ni a las corrientes ideológicas de la época, y que solo puede dar fruto si permanece firmemente anclado en la fidelidad a la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio perenne de la Iglesia.
En un correo electrónico compartido con LifeSiteNews, el Dr. Thomas Ward enfatizó la importancia de difundir esta carta, citando las palabras de la carta de la Hermana Lucía dos Santos al Cardenal Carlo Caffarra, presidente fundador del Instituto Pontificio Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, en la que la vidente de Fátima advirtió que “llegará un momento en que la batalla decisiva entre el reino de Cristo y Satanás será sobre el matrimonio y la familia”.
Carta completa de la Academia Juan Pablo II:
Carta abierta a Su Eminencia el Cardenal Mario Grech,
Secretario General del Sínodo de los Obispos de la
Ciudad del Vaticano.
«Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciáramos otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema». — Gálatas 1:8
Su Eminencia,
En nombre de la Academia Juan Pablo II para la Vida Humana y la Familia, expresamos nuestra profunda preocupación por la inclusión del informe del Grupo de Estudio n.° 9 sobre cuestiones doctrinales, pastorales y éticas controvertidas entre los documentos previstos para la Fase III de la implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad. Respetuosamente, pero con firmeza, solicitamos que este informe sea retirado de la consideración.
Nuestra preocupación no es meramente disciplinaria o prudencial; atañe a la integridad misma de la fe católica. El “cambio de paradigma” metodológico propuesto en el informe parece implicar una concepción de la Revelación divina incompatible con la doctrina católica. La Iglesia católica siempre ha enseñado que la Revelación pública se completa en Jesucristo y concluye con la muerte del último apóstol. Cualquier sugerencia de que el Espíritu Santo pueda inspirar respuestas doctrinales o morales contrarias a la enseñanza perenne de la Iglesia corre el riesgo de revivir errores históricamente asociados con el modernismo teológico, rechazados repetidamente por el Magisterio. El desarrollo auténtico de la doctrina profundiza la comprensión de la verdad revelada; no invalida verdades ya enseñadas de manera definitiva.
Igualmente preocupante es la implicación de que la doctrina moral católica deba adaptarse a las costumbres culturales imperantes. La misión de la Iglesia nunca ha sido conformarse al espíritu de la época, sino proclamar la verdad en todo momento. La ley moral, fundamentada en la Revelación divina y la ley natural, no puede alterarse según las presiones sociales ni las sensibilidades contemporáneas.
También nos preocupan profundamente las propuestas que, en nombre de la pastoral, separan la inclusión eclesial de la responsabilidad moral. La caridad cristiana exige que toda persona sea acogida con dignidad y atención pastoral; sin embargo, el auténtico acompañamiento pastoral no puede ignorar las realidades morales identificadas por la Iglesia, especialmente en casos de conducta pública objetivamente contraria a la doctrina católica. La misericordia sin verdad deja de ser misericordia.
En particular, la doctrina católica tradicional ha enseñado consistentemente que las relaciones sexuales fuera del pacto matrimonial entre un hombre y una mujer son gravemente desordenadas. Específicamente, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «Basándose en la Sagrada Escritura, que presenta los actos homosexuales como actos de grave depravación, la tradición siempre ha declarado que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”» (§2357, Cf. Gn 191-29; Rom 124-27; 1 Cor 6,10; 1 Tim 1,10). Los enfoques pastorales que parecen normalizar o bendecir relaciones contrarias a esta enseñanza corren el riesgo de causar grave confusión entre los fieles y socavar el testimonio de la Iglesia tanto de la verdad como de la caridad.
Aún más preocupante es el hecho de que el informe final del Grupo de Estudio n.° 9 se atreva a abordar de manera positiva la cuestión de los niños adoptados y criados en uniones basadas en actos sexuales depravados. La dignidad de los niños y la preservación de su inocencia se oponen con vehemencia a la más mínima concesión en este sentido.
Además, el informe ofrece pocos indicios de reflejar las convicciones de la mayoría de los católicos practicantes en todo el mundo, quienes siguen adhiriéndose a la enseñanza moral perenne de la Iglesia. Más bien, surge claramente de círculos eclesiales que, durante décadas, han buscado una revisión sustancial de la doctrina católica sobre la sexualidad y la vida familiar.
Esta convicción se ve reforzada por la evidente selectividad de los testimonios incluidos en el informe, especialmente porque los dos testimonios principales corresponden a amigos cercanos del padre James Martin, cuyo enfoque pastoral y teológico sobre la homosexualidad contradice abiertamente la enseñanza y la disciplina tradicionales de la Iglesia. Estas decisiones editoriales afianzan la idea de que el informe final no es fruto de un discernimiento eclesial amplio, sino de un proceso ideológicamente predeterminado.
Además, observamos que los temas y propuestas presentados en el informe guardan un parecido asombroso con posiciones que el Magisterio había planteado anteriormente y que este había rechazado, en particular a través de las intervenciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante el pontificado de Juan Pablo II, bajo la prefectura del Cardenal Joseph Ratzinger.
Finalmente, debemos expresar nuestra profunda preocupación por el proceso sinodal en su conjunto si el “caminar juntos” llega a significar la aceptación de la ambigüedad doctrinal o la capitulación ante las corrientes ideológicas de la época actual. La sinodalidad solo puede dar fruto si permanece firmemente arraigada en la fidelidad a la Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio perenne de la Iglesia.
Por estos motivos, solicitamos respetuosamente, pero con urgencia, la retirada del informe del Grupo de Estudio n.° 9 del corpus documental de la Fase III. Los fieles merecen claridad, continuidad y la certeza de que el depósito de la fe confiado a la Iglesia se conservará sin concesiones.
Respetuosamente,
Dr. Thomas Ward,
Presidente
Cristina de Vollmer, ed. D.
Vicepresidente
Steven Mosher,
TesoreroTemas

