Carlo Acutis, el santo millennial

Editorial ACN Nº121

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Un nuevo santo será digno de tener el culto de toda la Iglesia. Un joven nacido en 1991 cuyas peripecias y experiencias de la vida podrían ser como las de todos, pero su particular fe y ahínco, especialmente sobre las cosas de Dios y el bien de los hermanos, han dejado huella terrenal de las cosas del cielo en la vida ordinaria, de amor, fe y esperanza.

Hay una infortunada catalogación entre generaciones tratando de “clasificar” las cualidades y defectos de quienes han nacido entre décadas y períodos. Baby boomers, generación X, millennials, generación de cristal… Como sea, algunos han debido adaptar su vida a la revolución tecnológica y, los más jóvenes, nacieron inmersos en ella por lo que tratarla es, en suma, normal y necesario.

Carlo Acutis perteneció a esa generación que, ahora en estos días, estaría en el inicio de la tercera década de vida. Su corta biografía demuestra la normalidad y el amor por la vida, pero abierto a la trascendencia. Un “natural” apego a las cosas de la fe, le hizo comprender que los medios modernos podían ser elementos para comunicar e influir. Proclive a conocer sobre esos misterios, en 2002, a los once años, construyó un sitio web para dar a conocer los milagros eucarísticos en el mundo. En esa lista, el nuevo santo no ignoró el milagro de Tixtla, en el estado de Guerrero, de 2006, ampliamente documentado en el sitio que aún se conserva para fortuna de propios y extraños quienes deseen tener un testimonio vivo del llamado “ciberapóstol”.

Pero la vida de Acutis destaca por su proclive fe y la forma natural de tratar a Dios comprendiendo que, a pesar del mundo, se puede ser distinto. Una frase le caracterizó: “Todos nacemos originales, pero muchos mueren como fotocopias”. Esta particular intuición describe lo que nos sucede como sociedad en lo general y el sufrimiento existencial particular.

La crisis que ha agobiado a millones de personas, particularmente a jóvenes generaciones, toca lo más profundo en las que todo se mide conforme a lo que nos exponen los medios digitales. Cirugías para exagerar atributos físicos, tener y poseer, ser “alguien” conforme al uso de marcas de moda, chismes y descrédito, burlas a través de redes sociales e incluso nuevas enfermedades derivadas del uso de los dispositivos móviles como los desórdenes de sueño, angustias sobre el futuro, depresiones o desórdenes alimenticios, todo impactando y creando voluntades débiles y frágiles, pero a la vez agresivas y autorreferenciales, empecinadas a ser fotocopias de lo que otros imponen.

En 2006, a los 15 años, la detección de una leucemia empezó a arrebatarle la vida física que le abriría las puertas del cielo. Pero su fama no terminaría allí, dos milagros atribuidos a su intercesión, la de un niño con una rara enfermedad y haber salvado a otra joven de las consecuencias de un fatal accidente, dieron notoriedad a la santidad del ciberapóstol. Con todo, esta corta existencia ha dejado a la Iglesia un notable testimonio de la santidad de nuestros tiempos donde parece que la fe languidece, el cristianismo es eclipsado y el catolicismo, traicionado. La fe de un joven quien, a su corta existencia, descubrió la grandeza de la eucaristía y las maravillas de la trascendencia, Carlo Acutis, quien tuvo un propósito fundamental en la vida: “Lo único que tenemos que pedirle a Dios, en oración, es el deseo de ser santos”. Y ahora intercede por nosotros en el cielo.

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