Cardenal Pietro Parolin llega a México, agenda de alto nivel reaviva esperanza de una visita papal

Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, arribó la noche del martes 4 de agosto a México para una visita oficial de tres días (del 4 al 6 de agosto) que busca fortalecer los vínculos diplomáticos entre el Vaticano y el Estado mexicano, en vísperas del aniversario del restablecimiento de relaciones en 1992. La agenda, confirmada por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), contempla encuentros con autoridades federales, líderes del Diálogo Nacional por la Paz y el Consejo de Presidencia de la CEM, además de una misa solemne en la Basílica de Guadalupe.

La primera actividad oficial fue la cena ofrecida por el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, en la sede de la cancillería. El encuentro, enmarcado por la SRE en la tradición compartida de apoyo a la solución pacífica de controversias, el derecho internacional y el multilateralismo, sirve de preludio a las reuniones de mayor perfil político. Este miércoles 5 de agosto, Parolin sostiene un encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en Palacio Nacional. Según reportes oficiales y de la CEM, también están previstas reuniones con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. A las 12:00 horas presidirá la Eucaristía en la Basílica de Guadalupe, corazón espiritual del catolicismo mexicano. Por la tarde tendrá una comida privada y un encuentro con los líderes del Diálogo Nacional por la Paz, espacio de sociedad civil, Iglesia y expertos que desde hace años trabaja por entender las causas de la violencia y reconstruir el tejido social. El jueves 6 de agosto cerrará con una comida con el Consejo de Presidencia de la CEM antes de regresar a Roma.

En su comunicado, la CEM subrayó que la presencia del cardenal “fomenta la cercanía de la Santa Sede con el pueblo de México, muestra el compromiso de la Iglesia Católica en la construcción de paz y reaviva en nuestros corazones el anhelo de contar con la presencia y bendición directa de Su Santidad en nuestra patria mexicana”. La institución episcopal aprovechó la ocasión para reiterar la invitación al papa León XIV a visitar a la Virgen de Guadalupe y a México. El anhelo se perfila, en un primer término, hacia el horizonte de los 500 años de las apariciones guadalupanas (2031), un jubileo que ya genera preparativos teológicos y pastorales en el país y que el propio pontífice ha mencionado en mensajes recientes como modelo de inculturación y encuentro.

La visita de Parolin no es un hecho aislado. El cardenal conoce bien el terreno mexicano. En junio de 2021 presidió en Izamal, Yucatán, la ordenación episcopal de Fermín Sosa Rodríguez nombrado nuncio apostólico en Papúa Nueva Guinea. Durante esa estancia celebró misa en la Basílica de Guadalupe, se reunió con el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y recibió de manos de la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum el reconocimiento de “Huésped Distinguido” de la Ciudad de México. Un año después, en abril de 2022, regresó para ordenar a Javier Herrera Corona y hacerlo nuncio en Congo y Gabón. En esa ocasión, en el marco del 30 aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas, recorrió junto a López Obrador y Sheinbaum la réplica de la Capilla Sixtina instalada en el Zócalo capitalino, un gesto simbólico de acercamiento cultural y diplomático.

Estas visitas previas ilustran una línea de continuidad en las relaciones Iglesia-Estado que, tras décadas de tensiones históricas, se consolidó a partir de 1992. Tampoco es ocioso señalar que en estos días, el Episcopado Mexicano ha recordado el centenario de la Guerra Cristera. Parolin, que ya había residido en México a finales de los años ochenta y principios de los noventa como secretario de la delegación apostólica, ha insistido en mensajes anteriores en la necesidad de superar polarizaciones, promover una laicidad positiva y construir una cultura de fraternidad y paz. En el contexto actual, el encuentro con el Diálogo Nacional por la Paz cobra especial relevancia, la organización ha puesto sobre la mesa temas como la crisis de desaparecidos, la violencia familiar y la recomposición del tejido social, asuntos que, según fuentes cercanas a la agenda, podrían ser abordados en las conversaciones privadas.

La presencia del número dos del Vaticano llega en un momento de expectativas cruzadas. Por un lado, el gobierno de Sheinbaum ha insistido desde 2025 en la conveniencia de una visita del papa León XIV para proyectar un mensaje de paz en un país de mayoría católica. Por otro, el Episcopado ve en esta escala de Parolin, que llega tras una visita a Guatemala por el 90 aniversario de relaciones diplomáticas, una oportunidad concreta de reiterar la invitación y de presentar los trabajos pastorales y de pacificación que la Iglesia mexicana lleva adelante. Aunque no se ha anunciado ninguna fecha para un eventual viaje pontificio, el lenguaje de la CEM es inequívoco, la visita del secretario de Estado “reaviva” el anhelo y acerca la posibilidad de que León XIV camine algún día por el Tepeyac.

La agenda de estos tres días refleja la centralidad que sigue teniendo la relación entre la Santa Sede y México. Parolin no sólo es el principal artífice de la política exterior vaticana, es también un interlocutor que conoce de primera mano la devoción guadalupana, las heridas sociales del país y la complejidad de su laicidad. Su misa en la Basílica de Guadalupe, recientemente en el ojo del huracán tras las denuncias de escándalos financieros y económicos, será el momento de mayor densidad espiritual de la visita y el encuentro con Sheinbaum, el de mayor densidad política. Entre ambos extremos se expresará una vez más, el equilibrio de una relación que, a 34 años de su restablecimiento formal, sigue buscando caminos de diálogo, paz y cercanía mutua.

La CEM cerró su comunicado con una plegaria: “Dios guíe sus pasos en esta visita y nos permita fortalecer el camino para alcanzar una paz desarmada y desarmante”. En ese anhelo, tan mexicano como evangélico, se resume el sentido profundo de esta breve agenda tras su paso por Guatemala.

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