Candil de la calle…

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La celebración del 212 aniversario del inicio de la Independencia nacional fue ocasión de la demostración que evidenció la estructura militar de la Guardia Nacional que nunca fue civil desde su creación. Más tardó en llegar el decreto inconstitucional de su reasignación a la competencia de la SEDENA que la estructura en la que se incubó: la de una fuerza paralela al ejército. Jamás hubo la voluntad política de una profesionalización civil y, por el contrario, se han demeritado las fuerzas estatales y municipales ocasionando el abandono de las corporaciones policiales sin la debida capacitación para el fortalecimiento de su capacidad operativa.

Pero el discurso del presidente de la República contrastó con esta nueva realidad de la militarización con sus deseos de paz en el mundo. Ante invitados internacionales, algunos seriamente cuestionados como Evo Morales sobre quien pesan denuncias por abuso de una menor, López Obrador quiso asumir un liderazgo fuera de lugar que el canciller Marcelo Ebrard deberá llevar a la apertura de sesiones de la Asamblea general de la Naciones Unidas: Proponer la integración de un comité de diálogo y paz, liderado por Narendra Modi, primer ministro de la India, el Santo Padre Francisco y Antonio Guterres, secretario general de la ONU. ¿Su propósito? Una tregua para llegar a arreglos internaciones y resolver la pesada crisis bélica, económica y social. 

Muchos han querido comparar a AMLO con esa febril campaña de Luis Echeverría Álvarez cuando intervenía y opinaba en conflictos internacionales poniendo en entredicho la Doctrina Estrada de la diplomacia mexicana. Echeverría incluso comprometió la neutralidad de México en asuntos externos como justificó en 1976 en el último informe de gobierno: “Toda la estrategia de desarrollo interno tenía que estar enlazada con el diseño y la práctica de una política exterior que abriera nuevos horizontes a nuestro progreso”.

No es que AMLO haya emulado al presidente quien usó al ejército para reprimir la turbulencia social de esa época, pero sin duda es la medida del latrocinio de la política que se repite, ahora con más descaro.

Mientras el país al interior está en un serio dilema de seguridad, de inestabilidad económica, de fuerte inflación, de miles desapariciones, de guerra no declarada y las políticas sociales del presidente acrecientan las brechas de pobreza, López Obrador ahora busca consagrarse como líder y estadista de una causa que, en sus más profundas causas, es de dudarse que los conozca con la suficiente claridad. AMLO lo hace en el momento más especial para todo el país, el del aniversario de la Independencia, marcado por el ritmo de los tambores que pretenden demostrar al mundo el poderío de una nación latinoamericana que usa a las fuerzas armadas para intervenir en actividades de seguridad y civiles. La paradoja es que mientras AMLO lanza sus intenciones de buena voluntad y paz al mundo, queriendo meter incluso al mismo Papa Francisco, al interior activa una máquina no de abrazos, sino de auténticos balazos.

Se podría esperar que esta propuesta de pacificación hubiera tenido una respuesta de gratitud de Ucrania. No fue así. Mykhailo Podolyak, asesor del presidente Zelenski, dio jaque mate al delirio lopezobradorista de intervención en Ucrania. En poco más de 240 caracteres hizo trizas lo que fue casi media hora de discurso:  Los «pacificadores» que usan la guerra como tema para sus propias relaciones públicas solo causan sorpresa. @lopezobrador_, ¿su plan es mantener a millones bajo ocupación, aumentar el número de entierros masivos y dar tiempo a Rusia para renovar las reservas antes de la próxima ofensiva?”.

Un revés al presidente que ahora no es correspondido para realizar sus deseos de estadista. Y sólo queda la sabiduría del dicho que muy bien se le aplica: AMLO, “Candil de la calle…”

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