Benedicto XVI sobre sus escritos: «¿Quién va a leer todo eso?»

ACN

En su homilía en inglés, pronunciada en la eucaristía en memoria del papa Benedicto XVI en vísperas del tercer aniversario de su muerte, el cardenal Gerhard Ludwig Müller elogió al anterior papa por su legado teológico [y a pesar de que el pontificado de Ratzinger allanó el camino al de Bergoglio].

El cardenal Müller, durante la celebración.

«Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, estableció estándares de la más alta diligencia, precisión intelectual e incorruptibilidad para el Magisterio Romano».

Y: «Durante su pontificado, fue uno de los más grandes teólogos de la Cathedra Petri».

Y de nuevo: «Nos ha dejado un inmenso legado teológico de excepcional calidad y fue justamente reconocido como uno de los grandes intelectuales católicos de nuestro tiempo».

Para el escritor, no para el lector

Cuando el cardenal Müller presentó al Papa Benedicto XVI el primer volumen de la Opera Omnia, le explicó que el proyecto comprendería finalmente 16 volúmenes que sumarían unas 25.000-30.000 páginas.

El cardenal Müller recuerda:

En lugar de expresar su orgullo por una obra intelectual tan monumental, me dijo, llamándome por mi nombre:

‘Gerhard, ¿quién va a leer todo eso?

Algo avergonzado, le contesté:

‘Santo Padre, no lo sé – pero sí conozco a la persona que lo escribió todo'».

El purpurado alemán explicó que esta edición completa de las obras teológicas, que debe distinguirse de los documentos pontificios, «es un don para toda la Iglesia, incluidas las generaciones futuras».

Cada persona tiene la libertad de acercarse a ella según sus intereses espirituales, teológicos, filosóficos o culturales. Algunos podrán orientarse durante el año litúrgico con sus predicaciones, otros acudirán a los volúmenes sobre el Concilio Vaticano II, del cual Ratzinger fue destacado consultor e intérprete auténtico, y otros se aproximarán a sus estudios sobre la enseñanza de San Agustín acerca de la Iglesia como pueblo y casa de Dios.

Sin embargo, ante la pregunta de qué debería leer prioritariamente «un cristiano inquieto y con inquietudes en la fe», el Cardenal Müller no dudó en recomendar los tres volúmenes sobre Jesús de Nazaret.

El hecho de que Ratzinger publicara esta obra bajo su nombre personal, para distinguir su autoridad teológica de la papal, «expresa el significado más profundo de la primacía papal», señaló. Todo pontífice, como sucesor de San Pedro, debe comprender que «su tarea más sagrada es unir a toda la Iglesia con todos sus obispos, sacerdotes y fieles en la confesión del Príncipe de los Apóstoles», quien declaró a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

La Iglesia no es una ONG

En su homilía, el cardenal Müller abordó a continuación la naturaleza de la propia Iglesia: «Ella no es una organización hecha por el hombre con un gran programa ético o social – una ONG, por así decirlo. La Iglesia de Cristo es una comunidad de sus discípulos que dicen de sí mismos y profesan ante el mundo: Hemos visto su gloria, la gloria como del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad».

Canonización

Por último, el cardenal Müller afirmó que Joseph Ratzinger «no está lejos de nosotros, pues nuestra liturgia terrenal corresponde a la liturgia celestial en la que él está unido a nosotros para adorar y glorificar a Dios».

El diálogo entre fe y razón

En su homilía, el Cardenal Müller abordó uno de los temas centrales de la obra de Benedicto XVI: la relación entre fe y razón. Desde la Ilustración, explicó, surgió un aparente conflicto que hacía parecer que los hallazgos de la investigación histórico-crítica de la Biblia, de la epistemología filosófica e incluso de las cuestiones relativas al origen del universo y de la vida contradecían «la creencia en Dios Creador y en Jesucristo, el único Salvador».

No obstante, el purpurado aclaró que «no existe contradicción con la verdad revelada sobre el mundo y la humanidad», aunque la fe no necesite ser validada por las conclusiones siempre falibles de la ciencia empírica. La fe se fundamenta en la Palabra de Dios, por quien todo lo que existe ha llegado a existir. «Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, es la verdad misma en su Persona divina», afirmó. Por ello, el conocimiento de Dios en el Espíritu Santo es infalible y no puede ser cuestionado por un conocimiento puramente mundano.

La tarea de los teólogos consiste, precisamente, en demostrar argumentativamente la profunda unidad entre la fe revelada y el conocimiento secular expresado en teorías.

«Siempre debemos estar dispuestos a dar una respuesta lógica, en el Logos, a cualquiera que nos pregunte sobre la esperanza que hay en nosotros», señaló el cardenal, parafraseando la Primera Carta de San Pedro.

El purpurado recordó que incluso Jürgen Habermas, el representante más destacado de la Escuela de Frankfurt neomarxista, que encarna el mundo intelectual de una modernidad sin Dios, buscó el diálogo con Benedicto XVI. Ambos pensadores estaban convencidos de que creyentes y no creyentes podían colaborar para salvar al mundo moderno «de la fría muerte del antihumanismo, el transhumanismo y el nihilismo».

Un encuentro personal con Cristo

El Cardenal Müller subrayó que Joseph Ratzinger recordó repetidamente una verdad fundamental: el cristianismo, con todos sus grandes logros culturales en la doctrina social, la música y el arte, la literatura y la filosofía, «no es una teoría ni una cosmovisión, sino un encuentro con una persona». Jesús es la Verdad en su Persona divina, la luz que ilumina a todo ser humano. «Quien es de la verdad escucha su voz», citó el purpurado.

En este mismo sentido, la Iglesia de Cristo «no es una organización creada por el hombre con un grandioso programa ético y social», ni puede reducirse a una organización no gubernamental. Es, en cambio, la comunidad de los discípulos de Cristo que dicen de sí mismos y profesan ante el mundo: «Vimos su gloria, la gloria del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad».

Al iniciar la celebración eucarística, el Cardenal Müller dirigió también un pensamiento al actual pontífice, León XIV. «Como el papa Benedicto, también él bebe del patrimonio espiritual y teológico del gran doctor de la Iglesia, San Agustín», destacó, subrayando que «ambos ponen a Jesucristo en el centro de la fe de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo».

La comunión de los santos

Al concluir su homilía, el purpurado alemán recordó que tras la muerte no solo nos espera el descanso eterno y la felicidad, sino que «veremos a Dios cara a cara y lo alabaremos y amaremos en la comunión de todos sus santos elegidos». El conocimiento de Dios es el fin último de todo esfuerzo espiritual humano, pues como afirma el propio Jesús en el Evangelio de San Juan: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo».

Joseph Ratzinger, el teólogo, obispo, cardenal y papa, no está lejos de nosotros», concluyó el Cardenal Müller.

«Nuestra liturgia terrena corresponde a la liturgia celestial, en la que él se une a nosotros para adorar y glorificar a Dios, amándolo y alabándolo por toda la eternidad».

MIÉRCOLES 31 DE DICIEMBRE DE 2025.

ESNEWS/INFOCATÓLICA.

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