Auméntanos la Fe

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Mons. Cristobal Ascencio García
Mons. Cristobal Ascencio García

El Evangelio que escuchamos nos recuerda una de las peticiones que le hacen aquellos Apóstoles a Jesús: “Auméntanos la fe”. Tener fe es conocer a Jesús, guiarnos de Él y seguir su ejemplo. Recordemos que lo han dejado todo para seguirlo, en ese seguimiento sienten que les faltan muchas cosas; un día le piden: “Enséñanos a orar”, ahora le solicitan: “Auméntanos la fe”. Siempre decimos que la fe es un don de Dios y la da a quienes se abren a su amor. Pero ¿qué significa tener fe? El cardenal John Henry Newman decía que, tener fe es ‘adherirse de mente y voluntad a la persona de Jesús’. No basta decir que creemos en ciertos principios o doctrinas, implica que vivamos de acuerdo con esos principios.

Los Apóstoles, sienten que aquella fe que tienen no les alcanza para comprender el proyecto de Jesús y menos para seguirlo, de allí que le hagan esa petición: Auméntanos la fe”. Pero Jesús centra su atención, no en la cantidad de fe que una persona pueda tener, sino en la calidad de la fe: Si tuvieran fe como una semilla de mostaza…” Debe quedar claro, que la fe no es para andar moviendo de un lugar a otro árboles o montañas espectacularmente, la fe implica adhesión, confianza.

La FE es una palabra que proviene del latín ‘fides’, que significa ‘lealtad’, ‘fidelidad’, que también significa tener confianza plena en algo o en alguien. Así podemos hacer la distinción entre fe humana y fe divina.

Fe humana: Cuando hablamos de ella, hacemos referencia a un ser humano a quien creemos. La fe humana nace de la confianza, de la apertura al otro. Es importante analizar cómo andamos en la fe humana, ya que, si no confiamos en los hombres que vemos, será muy difícil confiar en Dios a quien no vemos. La fe o confianza humana se han ido perdiendo en nuestra sociedad. Nos hemos convertido en personas desconfiadas y lo mostramos en esas seguridades externas de puertas y cerrojos, de alambres con electricidad, de guardianes en las entradas de caseríos, etc.

Fe divina: Esta fe es esencialmente la respuesta de la persona humana al Dios personal; la transmisión de esa fe se verifica mediante el testimonio del creyente. Quiere decir que no basta decir que creemos en Dios, se necesita esa adhesión, esa confianza, que se muestra en el vivir diario.

Hermanos, en este mundo marcado por la tecnología y donde se dice que muchas personas han abandonado la Iglesia o que viven sin fe, me sigo sorprendiendo como continúan surgiendo brujos y adivinos, personas que echan cartas y leen el café, en las cuales se deposita la fe, y me sorprende aún más, que personas que se dicen seguidores de Jesús acudan a ellos para hacerles consultas.

En la era posmoderna en la cual vivimos, se preconizaba y parecía que se iba a hacer a Dios a un lado, parecía que la tecnología sería la respuesta a todas las interrogantes de la persona, pero el sentido religioso sigue estando fuerte en el ser humano; se sigue creyendo en Dios, aunque se deje de acudir a la celebración de sacramentos en la Iglesia. Seguimos creyendo, lo que nos falta es encausar esa fe y luchar para tener una fe de calidad, ya que creer en Dios, no quiere decir que Dios hará lo que yo le diga y como se lo diga, tener fe en Dios es pedirle con confianza, adherirnos a su Palabra y aceptar su voluntad. Recordemos que creer en Dios y aceptar su voluntad no es nada sencillo, ya que pensamos que Dios debe protegernos de todo mal, pero no olvidemos que en el creer y en la adhesión a su Palabra está implicada la cruz; ese sufrimiento que no logramos comprender desde el punto de vista humano.

Hermanos, el Evangelio nos invita para que le pidamos a Jesús que nos ayude para tener una fe de calidad, que no andemos creyendo en brujos y adivinos, que nos demos cuenta de las consecuencias de la fe.

Pensemos que, con nuestra poca fe, somos capaces de seguir creyendo en Dios, por más que todos nos digan que la religión es una tontería y una obsesión piadosa. Con nuestra poca fe, somos capaces de seguir creyendo en la Iglesia, incluso hoy, que tan maltratada la vemos por todas partes y tan sucia y manchada por las miserias de sus propios hijos. Con nuestra poca fe, somos capaces de entregar nuestras vidas al servicio de los demás. Con nuestra poca fe, los padres son capaces de seguir luchando por sacar adelante a sus hijos. Con nuestra poca fe, muchos hemos sido capaces de dejar nuestras familias para entregarnos a su servicio y al servicio del Evangelio y del Reino.

Los discípulos no le piden a Jesús ‘danos fe’, sino, “auméntanos la fe que tenemos”. Por eso, si tuviéramos más fe, no evitaríamos nuestros problemas, pero nos sentiríamos más que nuestros problemas; si tuviéramos más fe, no evitaríamos nuestras enfermedades, pero no nos dejaríamos aplastar por ellas; si tuviéramos más fe, no evitaríamos nuestras debilidades, pero sentiríamos que podemos ser más fuertes; si tuviéramos más fe, no evitaríamos nuestros momentos de oscuridad, pero siempre encontraríamos una luz; si tuviéramos más fe, no evitaríamos ser hombres, pero sentiríamos en nosotros la llamada, la vocación divina.

Hermanos, es momento propicio para reflexionar en nuestra fe. Si digo que creo en Dios, debo analizar ¿cómo muestro esa fe? ¿cómo expreso mi fe a ese Dios en quien digo creer? Cuando me vienen las dificultades fuertes, las pruebas ¿qué es lo que hago? Recordemos hermanos que para aceptar y seguir el proyecto de Jesús implica creerle, implica adherirnos a su mensaje y aceptar las consecuencias. Les pregunto: ¿Estamos dispuestos a eso?.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. ¡Feliz domingo para todos!

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan