Así surgió la vocación del arzobispo emérito de México, Norberto Rivera Carrera

Cada vocación a la vida sacerdotal o religiosa tiene un inicio. Por imitación o invitación directa de un sacerdote, religioso o religiosa a consolidar la vida en el seguimiento de Cristo y el Evangelio, un joven acepta con fresco entusiasmo la opción que desemboque en el seguimiento de Cristo a través del sacerdocio o de la vida consagrada. De forma distinta y en circunstancias diversas, Dios llama hasta consolidar esta elección por la imposición de manos del obispo quien hace partícipe del sacerdocio.

 Hace 60 años, Norberto Rivera Carrera, arzobispo emérito de México, fue ordenado en Roma por imposición de manos de san Paulo VI, el 3 de julio de 1966. Se convirtió en sacerdote después de la  formación que inició desde pequeño. Y quizá sea interesante conocer quién fue el sacerdote quien invitó Beto a ir al Seminario. Ese testimonio fue decisivo en la vocación de Rivera Carrera, el del padre José Soledad de Jesús Torres Castañeda nacido el 29 de marzo de 1918 en Río Grande, Zacatecas.

La vocación de ese sencillo párroco fue como la de muchos sacerdotes de su tiempo, acrisolado por la pobreza y la sencillez. Sus orígenes fueron humildes y, como muchas vocaciones de su tiempo, ingresó desde joven al Seminario, a la edad de 15 años, distinguiéndose por su piedad y dedicación en las labores propias de la formación que fue interrumpida por tiempos convulsos de persecución. Torres Castañeda fue ordenado por la imposición de manos del IV arzobispo de Durango, José María González y Valencia, primo del obispo santo Rafael Guízar y Valencia, el 4 de abril de 1943.

 Cuando José Soledad fue ordenado, Norberto Rivera Carrera apenas era un niño a punto de cumplir los dos años de edad. El primer oficio de Torres Castañeda fue el de vicario cooperador en la parroquia de Gómez Palacio, Durango, donde estuvo solamente un mes en el ejercicio de su ministerio. Después, en mayo de 1943, fue nombrado vicario de la parroquia de Río Grande, Zacatecas, su pueblo natal, en el que permaneció casi ocho años de forma dedicada y entregada a los pobres y necesitados.

Torres Castañeda. Neopresbítero
Torres Castañeda. Neopresbítero

En febrero de 1951 fue nombrado párroco de Santa Catarina Tepehuanes, Durango, parroquia y cabecera del municipio del pueblo de La Purísima, antes conocido como El Venado, donde vivía la familia de Norberto Rivera Carrera. Su paso por Tepehuanes fue breve, pero decisivo en la vocación de uno de los muchachos que  frecuentaba la Escuela Apostólica Parroquial. En 1955, el párroco José Soledad de Jesús Torres Castañeda, eligió a seis muchachos de la capellanía de La Purísima Concepción para enviarlos al Seminario Conciliar de Durango. Ellos fueron Rafael Gaytán, Lorenzo Herrera, Agustín e Ignacio Zepeda y Arturo y Agustín Arámbula; en ese primer grupo no estaba Beto, el joven Norberto Riverasin embargo, Lorenzo Herrera padeció alguna enfermedad que le impidió proseguir con los jóvenes que irían al Seminario. El padre José Soledad hizo una nueva selección y escogió a Norberto quien contaba con trece años.

 El 14 de octubre de 1955, José Soledad de Jesús Torres tuvo un nuevo encargo para ser párroco de Nuestra Señora de Guadalupe de Gómez Palacio. Su dinamismo y entrega le valieron el reconocimiento de san Juan XXIII al crear la diócesis de Ciudad Obregón y nombrarlo como primer obispo. El 25 de febrero de 1960 fue elevado a la plenitud del sacerdocio por la consagración hecha por el delegado apostólico en México, cardenal Luigi Raimondi. La primera tarea del obispo fue la organización del Seminario al cual sería de los ejes neurálgicos en la vida de reciente obispado.

 Sin embargo, los hechos trágicos eclipsarían la vida del celoso pastor. El 25 de marzo de 1967, después de reportar su desaparición, el cuerpo del obispo Torres Castañeda fue hallado enterrado en una zona apartada del municipio de El Salto, a cien kms de la capital del Estado. Había asistido a la primera misa del Pbro. Rafael Gaytán en Tepehuanes. El cadáver no dejó lugar a dudas de que el obispo Torres fue asesinado con premeditación posiblemente motivada por venganza. Los peritajes arrojaron que había sido torturado revelando golpes contusos que le ocasionaron diversas lesiones y la muerte por estrangulamiento.

  Los perpetradores del crimen serían los de una banda de sujetos dedicados al asalto a mano armada; sin embargo, Torres Castañeda desapareció en lo que se presume fue un secuestro planeado contra su persona ya que los asesinos usaron uniformes oficiales para plagiar al prelado. Una vez detenidos confesaron que el plagio del obispo era parte de sus intenciones para integrar una poderosa banda dedicada al terror, asaltos y secuestros. El análisis del caso, con el paso del tiempo, arrojó que el obispo no fue una víctima por error, y aunque los verdugos afirmaron que no sabían de su identidad, las confesiones publicadas revelaron cómo siguieron, cazaron, estudiaron los movimientos hasta el  y levantón del prelado como claro objetivo que desembocó en el impío asesinato.

 Al darse el asesinato de quien fuera el impulsor de su vocación, Norberto Rivera apenas tenía ocho meses de ordenado. Después de  la conclusión de sus estudios sacerdotales de teología dogmática, regresó a México y su primera misión fue la de vicario cooperador en la parroquia del Señor de la Santa Cruz de Río Grande, Zacatecas, de la arquidiócesis de Durango, de 1966 a 1967 y pueblo de origen de Torres Castañeda.  “Ahí recibió la noticia del martirio de quien había sido su amado párroco en Tepehuanes y entonces primer Obispo de Ciudad Obregón, Sonora, José Soledad de Jesús Torres Castañeda (1915-1967), quien el Viernes Santo 24 de marzo de 1967 fue encontrado muerto por el camino de la Sierra de Durango, semisepultado de cabeza en un hueco de dos metros lleno de lodo, desnudo y estrangulado, después de un secuestro de veinte días… Correspondió negociar al neopresbítero Norberto con el famoso cantante Antonio Aguilar, que al día siguiente ofrecería una función en el lienzo charro de Río Grande, para que suspendiera y cambiara la fecha del espectáculo como respeto y luto por el asesinato del obispo Torres Castañeda quien era originario de ese pueblo que estaba muy consternado. Antonio Aguilar aceptó cambiar la fecha de la función y además donó a la Iglesia el dinero de la taquilla”. (Revista Puente Sacerdotal, No. 1, septiembre de 2006)

El 3 de julio de 2016, al celebrar los 50 años de sacerdocio del cardenal Norberto Rivera Carrera, el entonces dean de Catedral metropolitana, el canónigo Francisco René Espinosa Estrada, dio el mensaje inicial de felicitación recordando a las personas ausentes. Uno de ellos fue el párroco de Tepehuanes, el primer obispo de Ciudad Obregón, hombre dedicado a la causa de los pobres y a quien muchos llaman el mártir que barruntó la vocación del joven Norberto quien, después de esa invitación de 1955, sería sucesor de los apóstoles y arzobispo primado de México, conjugando la feliz coincidencia con la de otro aniversario, cuando el 29 de junio de 1951, hace 75 años, Pío XII diera a los arzobispos de México el título de Primado, una concesión que Norberto Rivera uso con congruencia y cabalidad y que ahora, 60 años después, es un signo del sacerdocio de Cristo que es luz de las naciones como reza el escudo de armas del arzobispo emérito de México.

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