Arqueólogos que excavan el remoto yacimiento de Hircania, en el desierto de Judea, han descubierto un raro molde de piedra caliza utilizado para producir pequeños frascos de peregrinación hace más de 1400 años.
Este descubrimiento arroja nueva luz sobre la magnitud y el simbolismo de la peregrinación cristiana durante el período bizantino .
El hallazgo, publicado por investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén y publicado por primera vez por The Times of Israel, apunta a una próspera industria local que abastecía a los viajeros con recuerdos religiosos de Tierra Santa.
El artefacto, un molde de dos piezas para fundir pequeñas vasijas conocidas como ampollas, está decorado con una cruz ornamentada y lleva una inscripción griega que se traduce como «Bendición del Señor desde los lugares sagrados».
Estos frascos probablemente se llenaban con aceite, agua o tierra asociada a lugares sagrados y eran transportados por el Mediterráneo por peregrinos que buscaban recuerdos tangibles de su viaje.
Según el equipo de excavación, el molde data de los siglos VI-VII d. C., período en el que las comunidades cristianas y los centros monásticos florecieron en el desierto de Judea. Se han descubierto frascos similares en lugares tan lejanos como el norte de Italia, lo que da testimonio de las extensas redes de fe, viajes y comercio que conectaban la región con el Imperio bizantino.
Una ventana al pasado estratificado de Hircania
Hircania se encuentra al este de Jerusalén, con vistas a los espectaculares barrancos y mesetas del desierto de Judea, un paisaje agreste pero de gran riqueza histórica que sirvió como zona fronteriza entre el desierto y las tierras habitadas.
- El sitio fue fundado inicialmente como fortaleza durante la dinastía asmonea, a finales del siglo II y principios del I a. C., y posteriormente reconstruido por Herodes el Grande.
- Tras un período de abandono, fue restaurado en el siglo V d. C. como monasterio cristiano vinculado al influyente líder monástico San Sabas.
El entorno desértico jugó un papel determinante en la identidad del monasterio. El desierto de Judea albergaba decenas de comunidades monásticas cuyo aislamiento se consideraba espiritualmente significativo.
Sus acantilados, cuevas y cauces de ríos estacionales ofrecían tanto aislamiento como defensas naturales, mientras que la proximidad a Jerusalén y al Mar Muerto mantenía la zona conectada con las rutas regionales de comercio y peregrinación.
Los arqueólogos afirman que el molde recién descubierto se encontró junto a otros artefactos importantes, como monedas de oro, un anillo de oro, fragmentos de inscripción y la tapa de un relicario de piedra. En conjunto, estos hallazgos ayudan a reconstruir la vida cotidiana en el monasterio e ilustran cómo los peregrinos interactuaban con las comunidades religiosas locales.

Evidencia de una economía de peregrinación
Los excavadores principales, el Dr. Oren Gutfeld y Michal Haber, describen el molde del frasco como evidencia directa de una floreciente industria de peregrinación cristiana que operaba en la región durante la época bizantina. Más que simples baratijas, las ampollas eran objetos devocionales: bendiciones portátiles que los viajeros llevaban consigo a sus lugares de origen.
- Los monasterios del desierto de Judea no solo eran centros espirituales, sino también nodos de un panorama económico más amplio.
- Los peregrinos compraban comida, alojamiento, manuscritos y recuerdos en sus desplazamientos entre Jerusalén, Belén y monasterios del desierto como Mar Saba e Hircania.
- La producción de frascos de recuerdo sugiere que los talleres artesanales podrían haber operado junto a la comunidad monástica, ya sea dirigidos por artesanos residentes o por comerciantes visitantes.
El descubrimiento también ayuda a explicar por qué se han desenterrado frascos similares en Europa y Oriente Próximo.
Al regresar a casa,
los peregrinos difundieron
motivos artísticos,
inscripciones
y prácticas devocionales,
que reflejaban
la geografía sagrada
de Tierra Santa.
Protegiendo un sitio patrimonial vulnerable
Las excavaciones en Hircania forman parte de un esfuerzo continuo por rescatar e investigar el yacimiento tras décadas de saqueo y erosión. El proyecto, llevado a cabo en colaboración con la Unidad de Arqueología de la Administración Civil, combina la arqueología de rescate con el estudio académico para documentar restos frágiles antes de que se pierdan.
Los investigadores enfatizan que los hallazgos aún están en proceso de conservación y análisis, pero los primeros resultados subrayan la importancia del sitio para comprender tanto el período del Segundo Templo como el mundo monástico bizantino.

La importancia perdurable del desierto de Judea
Más allá de su valor arqueológico, el desierto de Judea sigue siendo un paisaje de contrastes impactantes: un lugar donde escarpadas montañas se encuentran con profundos cañones y antiguas rutas comerciales y de peregrinación que antaño recorrían el terreno. Hoy en día, la región atrae a senderistas, académicos y aficionados a la historia que continúan explorando sus monasterios, fortalezas, sistemas de cuevas y miradores panorámicos sobre el Mar Muerto.
El descubrimiento del molde de recuerdo en Hircania añade un nuevo capítulo a esta larga historia, revelando cómo la fe, la artesanía y los viajes se entrelazaron en una de las regiones con mayor influencia espiritual de la Antigüedad Tardía. A medida que continúa la temporada de excavaciones, los investigadores esperan que nuevos hallazgos profundicen nuestra comprensión de la comunidad del monasterio y sus conexiones con el mundo bizantino en general.
Este informe se basa en los resultados de una investigación presentada por la Universidad Hebrea de Jerusalén y en la cobertura publicada originalmente por The Times of Israel.
Por LEMAN ALTUNTAS.
Crédito: Michal Haber / Instituto de Arqueología, Universidad Hebrea de Jerusalén.
arkeonews.

