Apoyo incondicional de la Masonería a la eutanasia

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En nombre de la libertad, la dignidad y el laicismo, la principal orden masónica francesa insta a los parlamentarios a adoptar rápidamente el texto.

El debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido ha entrado en una nueva fase.

  • Mientras la Asamblea Nacional examina en segunda lectura el proyecto de ley sobre la «ayuda para morir», el Gran Oriente de Francia ha roto su silencio para expresar su pleno apoyo a la legislación.
  • En un comunicado publicado el 25 de junio, la principal orden masónica francesa manifestó su esperanza de que esta segunda lectura «marque un paso decisivo y culmine con éxito».
  • Asimismo, anunció que «apoyará incondicionalmente cualquier iniciativa que permita la aprobación definitiva de un texto ambicioso».

Esta postura no es simplemente un comentario sobre la actualidad. Revela que el debate en torno a los cuidados al final de la vida se ha convertido en un choque de concepciones de humanidad, libertad y sociedad. El Gran Oriente, de hecho, presenta la eutanasia como una cuestión de libertad, dignidad y laicismo. Según el Gran Oriente, los ciudadanos se ven privados actualmente de la posibilidad de elegir las condiciones de su muerte, y esta situación se atribuye, en particular, a grupos de presión religiosos que se resisten a cualquier evolución en materia de derechos y libertades individuales.

Tal planteamiento no puede dejar indiferentes a los católicos. Equivale a sugerir que la oposición a la eutanasia surge principalmente del deseo de imponer una creencia religiosa a toda la sociedad. Sin embargo, la postura de la Iglesia no se basa únicamente en una convicción de fe. Se fundamenta también en la reflexión antropológica, ética y médica, basada en la dignidad intrínseca de toda persona humana, incluso en la enfermedad, la dependencia y los últimos momentos de la vida.

La declaración va aún más allá, afirmando que «negarse a la muerte asistida es también negarse a reconocer que la libertad se extiende hasta el final de la vida».

Este enfoque prioriza la autonomía individual como principio supremo, a riesgo de relegar a un segundo plano la protección de los más vulnerables, la prevención del suicidio, el desarrollo de los cuidados paliativos y las presiones, a veces invisibles, que pueden sufrir las personas mayores o gravemente enfermas. Desde el inicio de este debate, los obispos de Francia han insistido en que una sociedad verdaderamente fraterna no responde al sufrimiento organizando la muerte, sino desarrollando el apoyo, los cuidados paliativos y la solidaridad. Asimismo, advierten contra un cambio radical en el papel del médico, cuya vocación es curar y brindar apoyo, no provocar la muerte deliberadamente.

Al reconocer públicamente su apoyo a la eutanasia, el Gran Oriente de Francia confirma que esta reforma se ha convertido en una auténtica opción social. Más que nunca, el debate trasciende las consideraciones técnicas o médicas: atañe al concepto mismo de persona humana, a su dignidad y a la misión de la ley. Es precisamente sobre esta base que los católicos pretenden seguir alzando la voz, con respeto hacia todos, pero con la convicción de que la civilización se mide por la protección que brinda a los más vulnerables, y no por la facilidad con la que orquesta su muerte.

Por MANON BORDIER.

SÁBADO 27 DE JUNIO DE 2026.

TCH.

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