+ Del santo Evangelio según san Mateo: 22,34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
C O M E N T A R I O :
- “En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él”: tanto fariseos como saduceos no querían acercarse con sinceridad a la verdad; a Jesús sólo podemos acceder si con humildad reconocemos nuestra necesidad de ser salvados y no mostramos una actitud de jueces que vamos a examinar su doctrina para autorizarla o descartarla, pues la doctrina de Cristo es divina, infalible, y no sujeta a ninguna autoridad humana ni a juicio humano alguno. Si Jesús permite que refle xionemos en nuestra mente su santa doctrina es para que nos convenzamos y saciemos nuestra sed de verdad, aquella verdad que nos hace libres (cf. Jn 8,32); es claro que jamás podremos corregir o precisar la doctrina divina.
- Ante la Palabra de Cristo nuestra actitud siempre debe ser la de la escucha obediente. Si Dios por su misericordia permite que cuestionemos las verdades que se nos proponen es sólo para convencernos a nosotros mismos que no hay duda racional ni humana que se sostenga delante de la verdad de Dios, la cual al ser divina está por encima de todo.
- Jesús aceptaba dialogar con los fariseos y saduceos, no porque necesitará la aprobación o apoyo de nadie, sino para que el ser humano se convenza a sí mismo de que al aceptar la verdad de Dios jamás se equivoca, sino que siempre irá por el camino de la verdad que le hace encontrar a Dios y encontrarse a sí mismo, en su identidad y en su finalidad de comunión de amor con Dios: “Nos hiciste para ti Señor y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en tí” (San Agustín).
- “Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?’ ”: la pregunta era hipócrita pues todo buen judío sabía la respuesta, pero la pregunta no desea una respuesta, no desea la verdad, sino, aunque ello es imposible pues Jesús es Dios, desea que Cristo dé una respuesta confusa, imprecisa o incompleta para hipócritamente invocar un error, decir que Cristo no es el Mesías ni Dios, y autoerigirse ellos, los saduceos y fariseos, como defensores de la verdad de Dios, pero en realidad no acatan dicha verdad.
- “Jesús le respondió: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos’ ”: Jesús responde con lo que fue revelado en el Antiguo Testamento y que es Palabra de Dios. Siendo Él la Palabra de Dios, la Palabra eterna del Padre responde, sin embargo, con una palabra divina del Antiguo Testamento (cf. Dt 6,5), reafirmando con ello la revelación hecha desde antiguo (Antiguo Testamento), pero que ahora tiene su plenitud en la revelación del Hijo al haberse hecho “carne” (Jn 1,14), al haberse hecho hombre como nosotros, al habernos Cristo revelado el amor misericordioso del Padre a través de su bendita humanidad, pues el Hijo de Dios, sin dejar de ser Dios, también se hizo verdadero hombre, en el seno purísimo de la Virgen María.
- “Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”: ahora Jesús nos habla de otro mandamiento, el cual se deriva del primero. En efecto, el amor a Dios se proyecta real y concretamente cuando amamos a nuestro prójimo, que es imagen de Dios, y que lo amamos de verdad, es decir, como a un verdadero hermano, hijo también de Dios, y muy amado de él.
- “En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”: Todo lo que el Pueblo judío recibió en el Antiguo Testamento a lo largo de siglos se resume en esta expresión: “la ley y los profetas”; el doble mandamiento del amor resume todo el mensaje de Dios para con nosotros, para nuestra salvación. Amar verdaderamente al prójimo nos ubica en la ruta de la salvación, pues realizamos la voluntad de Dios como nos lo enseña Cristo: “En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
- Que la Virgen Santísima nos guíe siempre por las sendas del amor a su Santísimo Hijo y del amor concreto al prójimo, tal y como Cristo quiere que nos amemos.

