Esta mañana de kunes 16 de febrfero de 2926, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Papa León XIV recibió en audiencia a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia para la Vida, reuniéndose con ellos por primera vez junto con el nuevo presidente, Mons. Renzo Pegoraro, recientemente nombrado para dirigir la institución. El encuentro se centró en el tema elegido para la edición de 2026: » Salud para todos. Sostenibilidad y Equidad».
En su discurso, el Pontífice situó inmediatamente la cuestión de la salud en un contexto internacional marcado por los conflictos.
Las guerras, observó, absorben recursos económicos, tecnológicos y organizativos en la producción de armas y equipos militares, mientras que crece la urgencia de dedicar tiempo, personas y experiencia a la protección de la vida y la salud.
Aclarando lo que está en juego, León XIV afirmó:
la salud «no es un bien de consumo, sino un derecho universal», por lo que el acceso a la atención no puede convertirse en un privilegio.
El Papa enfatizó entonces un punto que considera crucial: la salud de cada individuo está vinculada a la salud de todos. La pandemia de la COVID-19, recordó, ha puesto de relieve cómo la reciprocidad y la interdependencia sustentan la vida social. De esta observación surge un método: el diálogo entre conocimientos y responsabilidades compartidas.
León XIV habló de un «mosaico» en el que importan tanto las piezas (competencias y datos) como su combinación, porque la salud pública afecta a la familia, el trabajo, el medio ambiente, la educación y la organización social.
No basta con tratar las enfermedades; debemos comprender y abordar la complejidad de los factores que influyen en la salud.
En este contexto, el Papa recordó un criterio muy concreto: orientar las decisiones e inversiones hacia lo que se necesita «para todos», evitando la lógica del «beneficio rápido».
Vinculó este enfoque con la paciencia, la generosidad, la solidaridad; la construcción de vínculos y puentes; la creación de redes y la optimización de recursos, para que todos puedan sentirse protagonistas y beneficiarios del trabajo común.
León XIV citó indicadores como la esperanza de vida y la calidad de la salud, que varían notablemente entre países y grupos sociales, según los ingresos, el nivel educativo y el vecindario.
Ante esta fractura, se centró en el impacto directo de los conflictos sobre las poblaciones civiles y utilizó palabras que captan un declive que ya está bajo el escrutinio de los organismos internacionales:
«Lamentablemente, hoy nos encontramos también ante guerras que afectan a las estructuras civiles, incluidos los hospitales: uno de los ataques más graves que la mano humana puede realizar contra la vida y la salud pública».
El Papa hizo una crítica que también nos interpela: afirmar que la vida y la salud son valores fundamentales «para todos» corre el riesgo de volverse retórica si, al mismo tiempo, ignoramos las causas estructurales y las políticas que generan desigualdades.
León lo deja claro: más allá de las declaraciones, no todas las vidas se respetan por igual, y la salud no se protege ni se promueve de manera uniforme.
Es una denuncia que integra la ética pública con las decisiones gubernamentales concretas: las desigualdades no son accidentales; a menudo son el resultado de decisiones.
Para ofrecer una interpretación integral, el Pontífice recordó el enfoque «Una Salud», presentándolo como la base de una visión global, multidisciplinar e integrada: la dimensión ambiental, la interdependencia entre las formas de vida y los factores ecológicos, y la conciencia de que la vida humana se vuelve frágil cuando se rompen sus vínculos con el resto de la creación.
En esta perspectiva, citó la encíclica Laudato Si’, recordando la imagen de los «lazos invisibles» que unen a todos y exigen un respeto «sagrado, afectuoso y humilde». La Academia Pontificia para la Vida, señaló, lleva mucho tiempo avanzando en esta trayectoria, cultivando una «bioética global» que ahora necesita consolidarse aún más.
En el ámbito político y social, León XIV vinculó «Una Sola Salud» con una necesidad específica: integrar las consideraciones sanitarias en todas las políticas públicas (transporte, vivienda, agricultura, empleo, educación), porque la salud permea todos los ámbitos de la vida.
El Pontífice llamó la atención sobre el tema del bien común, que definió como piedra angular de la doctrina social de la Iglesia.
El riesgo, advierte, es transformarlo en un concepto abstracto e irrelevante si no se retorna a su raíz: la promoción de relaciones estrechas entre las personas y los vínculos entre los miembros de la sociedad.
Sobre esta base, puede madurar una cultura democrática capaz de combinar eficiencia, solidaridad y justicia.
Este enfoque también conduce a una lectura del «cuidado» como categoría fundamental: apoyo y proximidad no solo a los enfermos, sino a la vulnerabilidad que impregna toda vida humana.
El Papa vincula este enfoque con la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y la confianza en los profesionales, cuestionada por la desinformación y el escepticismo hacia la ciencia.
En conclusión, León XIV amplió su enfoque al ámbito internacional, defendiendo la necesidad de fortalecer las relaciones multilaterales y los organismos supranacionales, llamados a desempeñar un papel de encuentro y mediación para prevenir conflictos y frenar la «lógica de la fuerza».
Además, expresó su deseo de que la labor de la Academia destaque concretamente un cuidado mutuo capaz de influir en la vida pública.
Por FB.
CIUDAD DEL VATICANO.
LUNES 16 DE FEBRERO DE 2026.
SIULERENONPOSSUM.

