Se ha viralizado un vídeo de un vándalo derribando una estatua de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo en una iglesia de Utrecht, en llos Países Bajos.
Es mi parroquia, perteneciente a la Arquidiócesis de Utrecht, dirigida por el Cardenal Eijk, un pilar de la ortodoxia.
Un oasis de la verdadera fe en la corrupta y decadente nación que son los Países Bajos modernos.

Es una parroquia donde se escuchan confesiones durante casi una hora cada noche, junto con la Adoración Eucarística. Un lugar donde se evita el abuso litúrgico. Es la iglesia donde el difunto padre Elías, cofundador de la sección de EWTN para los Países Bajos, pronunciaba sermones condenando los actos homosexuales, el aborto y la presión de los progresistas en los Países Bajos para normalizar la pedofilia.
Ya nada parece sagrado.
Alguien actuó con impunidad. Al parecer, con el único deseo de atacar a Cristo y a su Iglesia. Me enteré por internet, a pesar de que asisto a la parroquia con regularidad.
Las malas noticias se propagan rápidamente, sobre todo en internet. Ahora, las malas noticias ya no vienen de lejos, sino que están aquí mismo. Aquí, en mi parroquia.
Pero esto no destruirá nuestra parroquia. ¡No detendrá a la Iglesia! Seguimos celebrando la misa con acólitos y demás, incluso durante el punto álgido de las restricciones por la Covid en Navidad, entrando por una puerta lateral, con menos ruido y menos luces.
Sin anuncio oficial, solo estuvieron presentes los más cercanos a la parroquia. Parecía una misa secreta en las catacumbas. No tememos a los vándalos ni a la profanación.
Quienes no se arrepienten deberían temer a Cristo. Recemos por todos los impíos para que Cristo convierta sus corazones. La Iglesia no tiene por qué temer la persecución en ninguna parte.
Si la fe puede crecer después de que decenas de miles hayan sido martirizados en Nigeria, ¡entonces nunca debemos rendirnos!
Por SERRE VERWEIJ.
UTRECHT, PAISES BAJOS.
RORATECAELI.

