A todos los Obispos y sacerdotes fieles en estos tiempos de apostasía y herejía: la contienda final entre la Iglesia y la anti-Iglesia

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Quiero dirigirme hoy a los obispos y sacerdotes santos, que haberlos, haylos y alguno me leerá. Y quisiera transmitirles un mensaje de apoyo y, sobre todo, de gratitud. Porque sabemos que muchos sacerdotes y obispos buenos y fieles a Jesucristo lo están pasando muy mal en estos tiempos terribles que nos está tocando vivir por los designios siempre misteriosos de la Divina Providencia: hágase siempre la Voluntad de Dios. A mí me habría gustado vivir tiempos más apacibles y tranquilos, pero si Dios dispuso que viviéramos nosotros en esta época tan turbulenta, Él sabrá por qué.

En el régimen de terror impuesto por la Curia de la Anti-Iglesia (que decía Karol Wojtyla)[1] , cortar cabezas resulta tan habitual como el pan nuestro de cada día. Es lo que tienen los herejes liberales que defienden tanto la libertad: que ponen la guillotina a trabajar en la plaza pública para cortarles el pescuezo a quienes no piensen como ellos o a quienes no estén dispuestos a someterse a sus postulados. A eso lo llaman libertad de conciencia o libertad de expresión. Cada cual que piense como quiera, que cada individuo se autodetermine… pero que todos obedezcan sin rechistar lo que yo mando: lo propio de las tiranías. Porque aquí somos muy sinodales y proclamamos la descentralización…pero para celebrar las misas tradicionales, los obispos es mejor que pidan permiso a Roma y que no decidan por su cuenta. No vaya a ser…

Los obispos y sacerdotes indietristas, rígidos, apegados a una ideología del pasado, con cara de pepinillos en vinagre; cerrados, tristes, atrapados y carreristas, (o sea, los obispos y sacerdotes fieles a la santa doctrina de siempre y a la liturgia de los santos) están siendo excluidos, canceladosdescartadosmisericordiados. Dios los llamó a una vida santa por medio de Jesucristo y cargan con su cruz en medio de esta crisis atroz que sufre la Iglesia, en estos tiempos funestos del reinado del Anticristo.

Porque claro que quedan obispos y sacerdotes santos. Y muchos de ellos viven atemorizados, pasmados, asombrados, desconcertados, atónitos…

Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos; llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. (2 Cor. 4, 8-18).

Yo creo que no hay nada más penoso ni más martirial que ser un sacerdote fiel o un obispo como Dios manda, en estos tiempos de apostasía y de herejía. Hay mucho sufrimiento.

Resistir a la Iglesia del Anticristo no es fácil. Para los laicos está siendo un verdadero calvario. Pero para los obispos y sacerdotes fieles a Jesucristo resulta aún peor, si cabe. Sobre todo por la soledad, que puede conducir, Dios no lo permita, a la desesperación.

A los herejes los animan a «hacer lío», a seguir adelante con sus herejías y sus maldades. Al P. James Martin sj, lo reciben, le mandan cartas, lo halagan y lo animan a seguir pisoteando la doctrina católica, promoviendo la ideología LGTBI dentro de la Iglesia. Mientras tanto, el cardenal Schönborn ve legítimo bloquear las carreteras para combatir el cambio climático y otro jesuita, Jorge Costadoat, pretende acabar de una tirada con el sacramento de la penitencia y con el del orden sacerdotal:

«El proceso sinodal en curso exige superar las asimetrías eclesiásticas que impiden la eclesialidad como la que tiene lugar en la confesión, originada a su vez por el sacramento del orden que ubica a los ministros en un grado jerárquico superior».

Estos son buenos ejemplos de pastores con olor a oveja, aunque ni las ovejas ni los pastores olieron jamás a azufre, como huelen estos falsos pastores, siervos del demonio.

El cardenal Marx, el obispo Bätzing; los Zanchetta, Hollerich, McElroy, Tobin, Cupich…¡Menuda tropa! Y no permita Dios, como señaló recientemente el obispo Paprocki, que cardenales herejes, excomulgados latae sententiae, participen en un cónclave.

Todos esos que «arman lío» son agasajados y alabados por la secta del Anticristo. Todo lo malo es aplaudido. Y todos los buenos, perseguidos sin piedad. A los cardenales de los Dubia nunca tuvieron tiempo de recibirlos. Ni al cardenal Zen, que esperó infructuosamente. Los buenos son ninguneados, cesados sin explicaciones ni contemplaciones y de manera fulminante. Las órdenes religiosas fieles son intervenidas sin piedad mientras los herejes campan a sus anchas. A los católicos tradicionales se les pesigue por querer celebrar la misa de los santos, la de toda la vida, y a quienes comenten toda clase de abusos doctrinales y litúrgicos se les permite todo con un a sonrisa.

El Anticristo se ha venido arriba y los suyos se ríen, insolentes, soberbios y orgullosos de sus herejías, de sus blasfemias y sus sacrilegios. No tienen temor de Dios porque no tiene fe. Algunos son infiltrados de la masonería o de cualquier otra secta enemiga de Cristo. Otros son apóstatas; todos, en fin, funcionarios del Diablo y ministros de Lucifer.

Por eso os ruego a los buenos pastores que sigáis siendo fieles a Jesucristo. Os suplico encarecidamente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su Reino, que prediquéis la palabra de Dios y que instéis a la conversión a tiempo y a destiempo. Refutad, reprended, exhortad con toda paciencia y doctrina, porque ya estamos en esos tiempos profetizados en los que muchos ya no soportan la sana doctrina, sino que, teniendo deseos de oír novedades, se van tras los falsos maestros, impíos y blasfemos, que dejándose arrastrar por sus propias pasiones, se apartan de la verdad y se dedican a propagar los cuentos de la ecología y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible; o a difundir las doctrinas LGTBI o a las leyendas paganas e idolátricas de la Pachamama.

Vosotros, en cambio, sed sobrios en todo, soportad las aflicciones, predicad el Evangelio, cumplid vuestro ministerio con fidelidad a Cristo. Os necesitamos más que nunca. Necesitamos que nos prediquen y nos hablen en la lengua de los santos y de los mártires, en la lengua católica y universal de Dios.

No estáis solosNo os desaniméis, no desfallezcáis. Al contrario: rechazando todo fingimiento indigno y toda doblez, en vez de adulterar la palabra de Dios, manifestad la verdad y encomendadnos a todos nosotros ante Dios.

Quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará, así que no desmayéis, pues por esta tribulación pasajera, Dios nos prepara una recompensa eterna de gloria incalculable. No pongamos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas.

Dios os bendiga y recompense la entrega de vuestras vidas con el ciento por uno y os preserve para la vida eterna. Muchos rezamos por vosotros.

Muchísimas gracias


[1] En el Congreso Eucarístico de Pennsylvania, en 1977, Karol Wojtyla profetizó:

«Estamos ahora ante la confrontación histórica más grande que la humanidad jamás haya pasado. Estamos ante la contienda final entre la Iglesia y la anti-iglesia, el Evangelio y el anti-evangelio. Esta confrontación descansa dentro de los planes de la Divina Providencia y es un reto que la Iglesia entera tiene que aceptar».


He aquí un buen obispo:

Por Pedro L. Llera,

Domingo 5 de mazo de 2023.

InfoCatólica.

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