Dios nos quiere a todos felices y para alcanzar esa plenitud en la comunión con Él, nos hace hoy esta invitación a ser “santos como Él es santo” (Lv. 19, 2). La santidad no es privilegio de algunos pocos sino vocación de todos.
Recordamos hoy a esas personas que lucharon durante su vida por llevar una vida recta, por seguir las enseñanzas de Jesús, por hacer vida las bienaventuranzas. No sólo celebramos a aquellos que tenemos en los altares, canonizados por la Iglesia y que les brindamos una veneración especial; celebramos hoy a todas las personas que gozan de la presencia de Dios. Damos gloria a Dios por esos santos de carne y hueso; esas personas que caminaron junto a nosotros llevando una vida íntegra, en medio de las dificultades se mantuvieron firmes en la fe; esas personas que vivieron una vida coherente, hacían lo que creían. Todos estamos llamados a vivir la santidad; recordemos al papa Francisco que decía: “Los santos de la puerta de al lado”. Abramos los ojos y veremos a muchas personas que viven en lucha constante por ser mejores, por ser santos.
Hoy escuchamos en el Evangelio que Jesús al ver a la muchedumbre sube al monte y enseña. San Mateo lo muestra como nuevo Moisés que ofrece la nueva ley en el Sermón de la Montaña. En el corazón de ese discurso están las “Bienaventuranzas”, ese programa de vida que no es sencillo llevar a la práctica. Pareciera que Jesús teme las adhesiones superficiales; de allí que el mensaje se dirige a cada persona que se encuentra en aquella multitud, se dirige también a ti y a mí que escuchamos el Evangelio. Nos sigue diciendo:
¿Quieres escuchar una palabra distinta? ¿Deseas experimentar una felicidad diferente?
¿Quieres experimentar una felicidad en un terreno difícil?
Sin duda que todos buscamos la felicidad, pero corremos el riesgo de buscarla en los lugares equivocados y de la manera más errónea. La cultura actual nos presenta espejismos que prometen felicidad, como: cosas materiales, sexo, droga, poder, prestigio, éxito, etc. Así que, las bienaventuranzas que son un mensaje para todos, es difícil que toquen el corazón de quienes están instalados en su mundo de confort, pero sí llegará a todos aquellos que hartos de las vanidades del mundo, desean vivir una vida distinta a la que promueve el mundo, una vida adherida a Jesús. En las bienaventuranzas, el Señor revela una visión radical de felicidad, no la efímera del poder, la riqueza o el éxito, sino la que nace de la comunión con Dios, de una vida según las virtudes. Esta felicidad es profunda y verdadera, brota de un camino de amor, humildad y de servicio.
Si se ven a simple vista, las bienaventuranzas nos presentan una paradoja, un hecho contradictorio que nos cuesta entender. Pero las bienaventuranzas tienen un sentido gracias al acontecimiento del Reino de Dios, que ya está presente. De hecho, Jesús inicia con una paradoja: “Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Esa pobreza no se reduce a carencia material, expresa una actitud de humildad ante Dios. Es la actitud de quien no se apoya en sus méritos, sino que confía en la misericordia de Dios. El pobre de espíritu se reconoce hijo, pequeño, que todo lo recibe del Padre. Es una pobreza hecha de desprendimiento, sobriedad, confianza y disponibilidad para compartir. Allí comienza el camino de la verdadera felicidad. Jesús nos muestra el camino, no sólo de la felicidad, sino de la santidad, una santidad que es plenitud del ser y que Jesús coloca en el no poseer, en el no dominar, en el no triunfar, en el no gozar frívolamente; la coloca en el amar y ser amado.
Las bienaventuranzas no se pueden entender si no aceptamos que el Reino de Dios ha irrumpido en la historia, si no le damos cabida en nuestro corazón, si no empezamos un estilo de vida distinto. Pareciera que Dios y su proyecto llevan una dirección opuesta al caminar del ser humano. En nuestros días la pobreza, el llorar, el ser oprimidos, son signos contrarios al bienestar humano. Con las bienaventuranzas nos damos cuenta que se necesita una sensibilidad distinta, una mirada distinta, un actuar distinto.
Los mártires y los santos, no fueron comprendidos por la gente de su tiempo, se mostraron como personas raras, ya que se movían con otros principios. Con Jesús ha entrado una novedad en el mundo y es la manera de ver y percibir las cosas; esa mirada nos lleva a vivir una vida distinta de la que promueve el mundo.
Recordemos a Jesús y su felicidad: Jesús era feliz haciendo felices a los demás; se sentía bien devolviendo a la gente su salud, su dignidad al integrarlos a la sociedad. Nunca buscó su propio interés. Jesús quiere dejar claro los nuevos parámetros de la felicidad; desea que todos sus seguidores logren esa dicha: que experimenten la gran felicidad en el hacer felices a los demás.
Hermanos, hemos escuchado infinidad de veces las bienaventuranzas, pero hoy es día especial, ya que celebramos a todos los santos. Es momento de reflexionar: ¿Qué significan las bienaventuranzas para mí? ¿Es un Evangelio más que escucho? ¿A qué me invitan las bienaventuranzas?
Recordemos que todos estamos llamados a la santidad; allí donde nos ha tocado vivir, en medio de las dificultades, el llamado a ser santos continúa. Tenemos una lista larga de personas que se nos han adelantado y que vivieron las bienaventuranzas y han alcanzado la santidad, ellos son nuestros modelos a seguir. A la santidad debemos aspirar todos los bautizados.
Hermanos, agradezcamos a Dios el testimonio de tantos hombres y mujeres que, habiendo recorrido este camino, ahora gozan de su presencia y nos alientan con su ejemplo. Agradezcamos por los que ahora caminan por el camino de la santidad, es decir, los que aman y que siguen amando cuando su vida pasa por situaciones difíciles. El santo ama hasta el final, cree que existe otro mundo, pero no se despreocupa del mundo presente, al contrario, vive ya en el presente los valores del mundo futuro.
Hermanos, así pues, santos no son sólo los que han llegado a la meta, sino también los que caminan hacia ella. Preguntémonos: ¿Hacia dónde nos dirigimos?, ¿acaso hacia la meta? o ¿hemos perdido el Camino?
Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

