Jesús había generado gran expectación con su predicación, lo hacía con autoridad; hubo quienes lo dejaron todo para seguirlo, esperaban al Mesías quien los libraría del dominio romano. Lo vieron realizar milagros, caminar sobre el agua, se transfiguró frente a tres de sus discípulos, los interrogó sobre su identidad.
Después de que el pasado domingo Pedro le ha confesado como “el Mesías”, precisamente en el Evangelio de hoy, comienza Jesús a hablar abiertamente de su intención de subir a Jerusalén donde sufrirá, será rechazado, morirá y resucitará. Este no es un detalle secundario, es el corazón de su misión; Pedro reacciona quizá muy humanamente, pero él quería proteger a su Maestro, lo toma aparte y lo reprende: “!No lo permita Dios, Señor, eso no te puede suceder a ti!”. Su reacción nace del afecto, pero también de una idea equivocada de Dios y del Mesías. A Pedro le cuesta la idea de imaginar a Jesús crucificado; no lo quiere ver fracasado, desea seguir a Jesús victorioso y triunfante, apenas le había dicho: “¡Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios!”. Pedro, como los otros discípulos, no estaba de acuerdo con Jesús, porque un Mesías no debía sufrir, según lo que siempre se había enseñado en las tradiciones judías; eso desmontaba su visión mesiánica.
Para Pedro, el éxito, la fuerza y el reconocimiento, no pueden convivir con el sufrimiento. La respuesta de Jesús es muy fuerte, quizá Pedro escuchó las palabras más duras de Jesús: “¡Apártate de mí, Satanás!”. Recordemos que Satanás quiso ofrecerle un camino distinto para presentar su mesianismo a la humanidad, pretendió apartarlo de ese camino de Dios en el desierto, y ahora Pedro trataba de hacer lo mismo; palabras duras sin duda. No quiere ver a Pedro frente a Él, ya que es un obstáculo para seguir el plan trazado por Dios; le recuerda: “Tú no piensas como Dios, sino como los hombres”; le está diciendo: tú eres como los hombres que sólo piensan en su bienestar; esa mirada mezquina cargada de egoísmo; quien piensa así, ha permitido que Satanás influya en él. Pedro muy pronto pasó de pensar como Dios a pensar como los hombres. Hacía poco Jesús le dijo: “Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre”.
Y pareciera que ahora, Pedro se rehúsa a la revelación de Dios y piensa como los hombres y recibe las palabras: “¡Apártate de mí, Satanás!”. Humanamente, parecía que Pedro bajó de clase, de “dichoso” a “Satanás”. Aquella piedra que serviría de solidez en la construcción, se ha vuelto piedra de tropiezo, pero el “¡apártate de mí, Satanás!”, no es un insulto, sino una advertencia clara. Jesús no rechaza a Pedro, pero sí rechaza la manera de entender el proyecto de Dios.
A todos les recuerda que su seguimiento no es para cosechar triunfos, sino que, hay que cargar la cruz; si quieren ganar la vida, deben perderla… cosas enigmáticas para la mente humana; cosas que sus seguidores deben saber con claridad; ante el aparente fracaso humano, está el triunfo de Dios. Se debe pensar como Dios y no como los hombres.
El sufrimiento y la muerte, en todos los tiempos, han sido cuestiones enigmáticas y dignas de ser repudiadas; son cuestiones que rebasan la comprensión humana y el hombre de todos los tiempos ha buscado la manera de eliminar el sufrimiento y enfrentar la muerte de una manera digna o de una manera resignada. Como señaló el gran filósofo polaco Leszek Kolakowski, quien dijera que estamos viviendo en la cultura de “analgésicos”; esta sociedad obsesionada por eliminar el sufrimiento y malestar por medio de toda clase de drogas, narcóticos y evasiones.
Hermanos, no se trata de buscar el sufrimiento por el sufrimiento mismo, y que lo pongamos en el centro de nuestras vidas, que todo gire a su alrededor; ni se trata de glorificar el dolor, sino de comprender que el amor verdadero implica entrega, renuncia y fidelidad. La cruz no es un accidente en la vida cristiana, es consecuencia de una opción por el Reino, en un mundo que muchas veces va en dirección contraria. Jesús no hace del sufrimiento su centro, sino que acepta su sufrimiento como un dolor solidario, abierto a los demás, fecundo a favor de sus hermanos. No toma una actitud victimista ante el sufrimiento; no vive compadeciéndose de sí mismo, sino que escucha los lamentos de los demás. No se agobia con fantasmas de sufrimientos futuros, sino que vive cada momento consolando, dando vida, disfrutando su existencia como una donación por amor.
Hermanos, nadie estamos exentos del sufrimiento, y es parte de nuestra condición humana. El sufrimiento desde la fe, adquiere un sentido distinto y es a lo que nos conduce Jesús. El sufrimiento y muerte en cruz de Jesús, le ha dado un sentido a mi sufrimiento y a mi muerte. El gran peligro que corremos como Agentes de Pastoral es: seguir a Cristo, hablar de Él, y continuar pensando en nosotros, en nuestros triunfos y vanidades. El mensaje de Jesús va por otro camino: “Quien quiera salvar su vida egoístamente, la perderá. Quien la entregue por amor, la encontrará”. Eso se traduce en decisiones concretas: ser fieles a la verdad, aunque cueste; optar por la justicia, aunque genere conflictos; servir sin esperar aplausos; mantenerse firmes en la fe en medio de la incomprensión. Seguir a Jesús no garantiza comodidad, pero sí sentido profundo.
Hermanos, no hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del Maestro. En el seguimiento de Jesús no podemos prescindir del profetismo. “Llevar la cruz” significa seguir a Jesús dispuestos a asumir la inseguridad, la conflictividad, el rechazo o la persecución que hubo de padecer el mismo Crucificado. Pero los creyentes no vivimos la cruz como derrotados, sino como portadores de una esperanza final. Todo el que pierda su vida por Cristo la encontrará. Quiero unir mi voz a aquellos mis hermanos mexicanos que con libertad levantan la suya reclamando al gobierno federal que “no se convierta en amo y verdugo de la verdad” porque a él no le toca decidir qué es mentira y qué no. Ya que el mensaje aparece claro que ‘lo único cierto será lo que no lleve la contraria al poder’.
Que la conmemoración del primer centenario de la Resistencia Cristera, nos animen a recuperar el sentido de una vida entregada por Cristo CAMINO, LIBERTAD, VERDAD Y VIDA.
Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

