¿Te has preguntado alguna vez por qué la Palabra de Dios que escuchas una y otra vez no cambia tu vida? Escuchas el Evangelio cada domingo, rezas, incluso deseas ser mejor, pero vuelves a caer en las mismas preocupaciones, los mismos enojos o las mismas debilidades. Tal vez el problema no está en la semilla, sino en el terreno donde cae. Hoy Jesús nos cuenta la parábola del Sembrador.
La misma semilla cae en distintos terrenos, junto al camino, entre piedras, entre espinos y en tierra buena. La semilla siempre es excelente, lo que cambia es la disposición de la tierra. Con esta imagen Jesús nos invita a preguntarnos cómo está hoy nuestro corazón para recibir su Palabra.
En el Evangelio de hoy Jesús se presenta como el Sembrador. Lo más hermoso es que Él nunca deja de sembrar, no se cansa de hablarte, aunque muchas veces tu corazón esté distraído, endurecido o lleno de espinas. La semilla siempre es buena, es Su Palabra, viva y poderosa.
Lo que cambia no es el Sembrador, sino la disposición de la tierra. Jesús no viene a condenarte por la tierra que eres hoy, sino a transformarla para que pueda dar fruto. Él cree más en lo que puedes llegar a ser que en tus limitaciones presentes.
¿Cuántas espinas ocupan hoy tu corazón? Las preocupaciones, el exceso de trabajo, el miedo al futuro, el resentimiento, la prisa, el celular que no descansa, las noticias que inquietan, los problemas familiares, poco a poco van llenando el alma hasta dejar poco espacio para Dios. Sin darte cuenta, la Palabra queda ahogada, y sin embargo, el Señor sigue sembrando. Cada misa, cada momento de oración, cada persona que pone en tu camino, es una nueva oportunidad para que la semilla encuentre un lugar donde echar raíces.
La buena tierra no es el corazón perfecto, sino el corazón humilde que se deja trabajar por Dios. Un campo da fruto porque antes fue arado, limpiado y cuidado. También tu corazón necesita dejarse tocar por el Señor.
Quizá hoy, Él no te pide hacer cosas extraordinarias, solo te pide abrirle un poco más el corazón, quitar una espina, romper una piedra, dejar libre un espacio para que la Palabra eche raíces. Recuerda esta semana una frase, Dios nunca deja de sembrar, no se cansa de sembrar. La pregunta es si tú permites cultivar tu corazón, si cuidas la tierra de tu alma, descubrirás que una sola palabra de Cristo puede transformar toda tu vida y hacerte dar un fruto que jamás imaginaste.
Durante esta semana, dedica cada día cinco minutos a leer la Biblia y pregúntate, ¿qué semilla quiere sembrar hoy Jesús en mi corazón? Identifica también una espina que esté ahogando tu vida espiritual, una tentación, una preocupación, un resentimiento o una distracción y entrégasela al Señor con un acto concreto de confianza.
“Señor Jesús, Divino Sembrador, gracias porque nunca te cansas de buscar mi corazón. Arranca de mí todo lo que impide que tu palabra dé fruto, mis miedos, mis distracciones y mis egoísmos.
Haz de mi vida una tierra buena, dócil a tu gracia, para que esta semana viva según tu Evangelio y dé frutos de amor, de paz y de esperanza. Amén.”
¡Feliz domingo! Dios te bendiga.

