“La pérdida de la capacidad de decisión humana”: uno de los peligros de la inteligencia artificial

ACN

En la Cumbre Mundial de IA para el Bien 2026, celebrada en Ginebra, León XIV envió un mensaje en el que afirmó que la inteligencia artificial ya no es meramente una cuestión técnica, sino que constituye uno de los grandes desafíos antropológicos de nuestro tiempo.

«Al reunirse para reflexionar sobre la inteligencia artificial, que plantea algunas de las cuestiones más trascendentales de nuestro tiempo respecto al futuro de la humanidad, desea asegurarles la presencia de la Santa Sede y su apertura al diálogo, especialmente en este momento histórico crucial», escribió el cardenal Pietro Parolin en nombre del Papa.

  • Este deseo de diálogo está en consonancia con la encíclica Magnifica Humanitas, publicada el 25 de mayo.
  • En ella, León XIV afirma su deseo de «descubrir nuevos caminos para el bien común y promover una vida digna para todos». Esta declaración se ajusta plenamente a la doctrina social de la Iglesia.
  • El progreso científico nunca se condena en sí mismo, pero no puede considerarse un bien si deja de estar al servicio de la persona humana.

El Papa recuerda también que esta encíclica surgió de la escucha de muchos miembros de la sociedad: «científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar un sufrimiento inmenso; líderes políticos y responsables de la toma de decisiones públicas que han perseverado en el desarrollo de normas justas; y padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las nuevas generaciones». Este enfoque refleja una Iglesia que no rechaza los avances tecnológicos, sino que busca iluminarlos a la luz del Evangelio. La tradición católica siempre ha reconocido que la inteligencia humana es un don de Dios. Sin embargo, es esencial que las obras de esta inteligencia se orienten hacia el verdadero bien de la humanidad.

Pero es sobre todo la advertencia final la que llama la atención. León XIV explica que su encíclica también se inspiró en «testimonios inquietantes sobre el posible mal uso de los algoritmos y la pérdida de la capacidad humana para actuar en áreas críticas».

Esta reflexión trasciende el ámbito digital. Desde una perspectiva sociológica, refleja las preocupaciones de numerosos investigadores respecto a una sociedad donde las decisiones esenciales se confían cada vez más a sistemas automatizados. Contratación, préstamos bancarios, justicia predictiva, sanidad e información: la humanidad corre el riesgo de depender cada vez más de cálculos estadísticos cuyos criterios escapan a su control. Para el pensamiento cristiano, este cambio no es insignificante. La libertad y la responsabilidad personal son fundamentales para la dignidad de la persona creada a imagen de Dios. Si la humanidad renuncia gradualmente al ejercicio de su juicio moral en favor de los algoritmos, una parte esencial de su humanidad se debilita. La inteligencia artificial se convierte entonces no solo en una herramienta, sino en un factor capaz de alterar profundamente nuestra comprensión misma de la persona humana.

En conclusión, el Papa aseguró a los participantes sus oraciones en sus esfuerzos «al servicio de la humanidad». Esta fue una invitación a garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial permanezca siempre al servicio de la humanidad, y nunca al revés.

Por QUENTIN FINELLI.

CIUDAD DEL VATRICANOI.

MIÉRCOLES 8 DE JULIO DE 2026.

TCH.

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