Hacer unos breves minutos de oración

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el XIV Domingo del Tiempo Ordinario

Jesús se inserta en la historia para redimir a la humanidad, pero también, para darnos a conocer el rostro amoroso del Padre. Su misión la realiza con el pueblo elegido y se encuentra que, en aquel pueblo existen clases de personas: los letrados, los instruidos, los practicantes de la ley y está también el pueblo sencillo, que lucha a brazo partido por salir adelante ante tanta pobreza, tanto impuesto que hay que pagar. Aquellas personas sencillas carentes de todo, son las que comprenden el mensaje de Jesús, en cambio, los líderes religiosos con un corazón satisfecho, están cerrados al mensaje de Dios.

En este domingo, vemos cómo Jesús valora a la gente sencilla; la mirada de la gente sencilla es, de ordinario, más limpia, no hay en su corazón tanto interés torcido; van a lo esencial; saben lo que es sufrir, sentirse mal y vivir sin seguridad. Son los primeros que entienden el Evangelio. Y Jesús da gracias a su Padre por disponer esos corazones que son capaces de comprender: “Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Jesús nos muestra que ésta es la manera que tiene Dios para revelarnos su ser y su amor, se maravilla de la acción de Dios en la gente sencilla. Esa gente ignorante, que no tiene acceso a grandes conocimientos, ellos que no cuentan en la religión del templo, son los que están abiertos a Dios con un corazón limpio; tienen disponibilidad de ser enseñados por Jesús.

También hoy el pueblo sencillo capta mejor que nadie el Evangelio. No tienen problemas para sintonizar con Él. Es ese pueblo sencillo guiado por el Buen Pastor, el que nos arrastrará hacia una Iglesia más evangélica. Ojalá seamos capaces de redescubrir el potencial evangélico que se encierra en ese pueblo creyente. Por otro lado, los “sabios y entendidos, no entienden nada. Tienen una visión prefabricada de Dios, una visión muy docta o teológica. Ellos creen saberlo todo, por tanto, están cerrados al mensaje de Jesús; aquella visión cerrada y sus corazones endurecidos están incapacitados para abrirse a la revelación de Jesús; creen que ya lo saben todo. Los maestros de la ley, no pueden entender que Jesús se preocupe tanto del sufrimiento y tampoco del cumplimiento del sábado. Los dirigentes religiosos de Jerusalén lo miran con recelo: el Dios Padre del que habla Jesús no es una Buena Noticia, sino un peligro para su religión. A Jesús no le basta alabar a aquellas personas sencillas, sigue pensando en ellas; están oprimidas por los poderosos y no encuentran alivio, ni consuelo en la religión del templo. Su vida es dura y la doctrina que reciben en el templo les hace la vida aún más difícil, de allí que Jesús les haga estas tres llamadas:

1ª. “Vengan a mí, todos los que están cansados y agobiados”. Jesús nota a las personas cansadas y agobiadas por las cargas de la vida humana y religiosa; no ven alegría por ningún lado. Jesús desea aliviar esa carga que llevan sobre sus hombros. Hoy no son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores, sencillamente han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. ¡Si se encuentran con Jesús se sentirán aliviados!.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús aprenderán a vivir confiando en un Dios Padre. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús no por obligación, sino por atracción.

2ª. “Tomen mi yugo sobre ustedes”. Jesús los invita a cambiar de yugo, que abandonen el de los sabios y entendidos, ya que no es ligero y cargar con el de Jesús, ya que hace vivir la vida de manera distinta; no porque Jesús exija menos, quizá exija más, pero de una manera diferente, ya que exige lo esencial: el amor. Jesús no agobia a nadie, al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza.

3ª. “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso”. Jesús invita a vivir la religión con su espíritu; Él no complica la vida, la hace más sencilla; no oprime, ayuda a vivir de manera más digna y humana; es un descanso encontrarse con Él. Cuánto bien nos hace un contacto más vital con Jesús en nuestras comunidades, tan necesitadas de aliento, de descanso y de paz.

Este Evangelio nos deja un fuerte cuestionamiento, sobre todo, a quienes hemos tenido la oportunidad de conocer un poco más de doctrina, como somos los Presbíteros, los Obispos y los Teólogos, ya que tendemos a racionalizar, teorizar y sacar elucubraciones teológicas muy elaboradas que, en lugar de ayudar, muchas veces hacen complicada la fe. De allí que nos cuestionemos: ¿Qué tan abiertos estamos a la revelación de Jesús? ¿Cargamos su yugo? ¿Aliviamos la carga de los demás o se las hacemos más difícil? Hemos de seguir aprendiendo de la gente sencilla.

Hermanos, como en tiempos de Jesús, las personas siguen llevando pesadas cargas; se nota el cansancio en los rostros; aunque el trabajo es sin duda una bendición, eso no nos evita experimentar el peso y el cansancio. Todas las actividades y acciones humanas comportan fatiga; la vitalidad no es suficiente para llevar las cargas pesadas de este mundo, es necesario el descanso, pero ¿a qué se debe que los periodos de vacaciones nunca alcanzan para descansar? Me parece que es porque el descanso físico, por sí solo, no nos puede dar el descanso interior, la paz del corazón y la tranquilidad del espíritu. La oración y el trato con Dios es fundamental para aprender a descansar. Unos breves minutos de oración, y más si son frente a la Eucaristía, pueden renovar completamente el corazón y el alma de quien se encuentra agobiado.

Papás, mamás, ¿no han notado un cierto cansancio en sus hijos? ¿un cierto fastidio de la vida? ¿no han escuchado de ellos: ‘¡estoy aburrido!’? y les pregunto: ¿no hacen ustedes nada, no hacen algo por ellos?. Acérquenles a Jesús; enséñenles que el yugo de Jesús es distinto; no basta con traer celular y estar conectados al mundo todo el día, eso cansa y aburre.

También existe un cierto cansancio o fastidio que se convierte en desesperanza ante nuestra realidad social; porque vemos que pasan unos gobernantes en nuestro País y llegan otros y pareciera que el yugo es cada vez más pesado; sus promesas de aligerar el yugo se diluyen como el humo en un ventarrón y lo que va quedando son más dependencias y menos libertades. Porque ante tanta violencia, las personas se encierran en sus casas y no salen o se van desplazados, a veces sin saber a dónde ir. De allí que, ante este fastidio e impotencia, es necesario acercarnos a la sombra de Jesús para encontrar alivio; no dejemos de escuchar esas palabras del Maestro: “Vengan a mí, todos los que están cansados y agobiados por la carga, que yo les aliviaré”. Ir a Jesús es aprender a vivir. Sin poder humano, pero libre como el viento, Jesús se convierte en fuente de libertad y descanso para los que vamos a Él.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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