Tras la elección de León XIV, el prestigiado vaticanólogo Aldo Maria Valli dijo quería creer en el nuevo papa y en la posibilidad de un cambio de rumbo, según admitió hoy jueves 25 de junio.
Valli fue durante mucho tiempo corresponsal en el Vaticano de la cadena pública italiana RAI. Y hoy expresó lo siguiente:
«La ducha de agua fría (o, mejor dicho, toda una serie de duchas de agua fría) me despertó rápidamente de ese sueño en forma de declaraciones totalmente en la línea del desastre bergogliano y de una sucesión de iniciativas de “paz y amor”, marcadas por un humanitarismo superficial y completamente desprovisto de referencias a la trascendencia, el pecado, la conversión y la salvación del alma».
Sobre el consistorio que va a celebrarse entre mañana viernes y el sábado, dijo:
«Bajo León XIV, la Iglesia no se limita a evitar cualquier cambio de rumbo; está reafirmando con entusiasmo el modelo sinodal, transformándolo en un método permanente de gobierno eclesial».
Valli señala los nombres de los cardenales (Ryś, Fernández, Brislin y Grech) elegidos para dirigir las sesiones principales. Se trata, afirma, de una reunión de sinodalistas empedernidos, unidos por una total falta de credibilidad: «Un soviet ideológico».
Señala lo que no se está abordando: la crisis de la liturgia, los problemas doctrinales, el declive de la práctica religiosa y la eutanasia de la vida religiosa.
El resumen de Valli:
«Ha cambiado el cocinero, pero no el menú. Y a cualquiera que levante la mano para señalar que el menú en sí no solo es poco apetecible, sino que, de hecho, es venenoso, se le conduce cortésmente a la sección reservada para los réprobos que necesitan ser “normalizados”. Entonces se encuentra con algún amigo conservador que le dice que hay que tener paciencia y que debemos confiar en León. Y le dan ganas de llorar: por su amigo, por el papado y por la Iglesia».

