Durante el pontificado de Francisco desmantelaron el Instituto sobre el Matrimonio y la Familia Juan Pablo II

ACN

El expresidente de la institución acusa directamente a Monseñor Vincenzo Paglia de haber provocado una importante escisión doctrinal.

Siete años después de la disolución del Instituto Pontificio Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, durante el pontificado de Francisco, la controversia sigue dividiendo al mundo católico.

En un texto particularmente bien argumentado, monseñor Livio Melina responde a las recientes declaraciones de monseñor Vincenzo Paglia, quien se ha atribuido la responsabilidad de la reforma de la institución y la creación de una nueva estructura académica. Para monseñor Paglia, esta transformación surgió de la necesidad de una profunda renovación teológica. En una entrevista con Nuova Bussola , defendió la idea de un «cambio de paradigma» en el enfoque de la moral cristiana, haciendo mayor hincapié en la historia, las situaciones concretas y el discernimiento individual.

Monseñor Melina refuta enérgicamente esta interpretación.

Según él, la reforma no fue simplemente una reorganización académica, sino un desafío a la intuición fundamental que llevó a San Juan Pablo II a fundar el Instituto en 1981.

  • Considera que «las acciones de Paglia no estuvieron motivadas por razones teológicas, sino por una crítica ideológica al Instituto».
  • El expresidente señala que la institución no era un centro de reflexión abstracta alejado de las realidades humanas.
  • Por el contrario, afirma, el Instituto desarrolló durante más de tres décadas «una teología del amor» que buscaba iluminar la experiencia concreta de las personas y acompañarlas en su camino vital.
  • Por lo tanto, rechaza la acusación de «teología de oficina» formulada por Monseñor Paglia, que considera «ideológica y superficial».

En el centro de la discrepancia se encuentra la cuestión de la ley moral natural.

Monseñor Melina cree que la nueva orientación teológica que defiende Monseñor Paglia tiende a relativizar la existencia de normas morales objetivas en favor de un discernimiento más centrado en la conciencia individual.

  • Según él, este enfoque conduce a una «hipertrofia de la conciencia», que termina por absorber la norma moral en sí misma en lugar de remitirse a ella.
  • El expresidente del Instituto también critica el concepto del «bien posible», frecuentemente planteado en ciertos enfoques pastorales contemporáneos.

Reducir las exigencias morales
únicamente
a las posibilidades inmediatas de los individuos
debilitaría el llamado evangélico
a la conversión.

Advierte contra lo que denomina
una «moralidad de la devaluación»
e incluso una forma
de «pelagianismo del mínimo»,
que justificaría las debilidades humanas
en lugar de abrir un camino de transformación,
a través de la gracia.

Además, monseñor Melina afirma que la supresión del Instituto interrumpió el desarrollo de una reflexión capaz de mantenerse fiel a la enseñanza tradicional a la vez que la hacía comprensible para el hombre contemporáneo.

  • Según él, la institución demostraba precisamente «la razonabilidad del mensaje cristiano», así como «su posibilidad concreta a través de los sacramentos y el acompañamiento eclesial».
  • Más allá del destino de un instituto universitario, el expresidente ve en este asunto una decisión crucial para la Iglesia.
  • La Iglesia debe, en su opinión, decidir si desea seguir ofreciendo «el Evangelio de la grandeza de la vocación humana» o si prefiere adaptar sus exigencias únicamente a las limitaciones de la humanidad herida por el pecado.

Para la obispa Melina, la respuesta es clara:

La Iglesia, para ser misericordiosa, no necesita disminuir la plenitud de la vida ni adaptarse a los estándares del mundo, sino proclamar la buena noticia de la gracia que nos permite estar a la altura de nuestra vocación divina».

Por QUIENTIN FINELLI,.

DOMINGO 21 DE JNIO DE 2926.

TCH.

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