¿De qué tienes miedo? Quizá te preocupa una enfermedad, el futuro de tus hijos, la inseguridad económica o alguna situación que parece escapar de tus manos. El miedo es una de las fuerzas más poderosas del corazón humano. Puede paralizarte, quitarte la paz y hacerte olvidar que Dios camina contigo.
Por eso Jesús repite hoy tres veces una misma invitación: “No tengas miedo”. No es una frase superficial ni un consuelo fácil. La pronuncia aquel que conoció la persecución, el rechazo, la traición y la cruz. Jesús sabe que la vida tiene pruebas, pero también sabe que el amor de Dios es más fuerte que cualquier amenaza. Sin embargo, el Señor hace una importante aclaración. No debes temer a quienes pueden quitarte la vida, matar el cuerpo, sino a aquellos que pueden apartarte de Dios.
Los mártires comprendieron bien estas palabras. No tuvieron miedo de perder la vida, pero sí de perder la amistad con Cristo.El verdadero peligro no es sufrir. El verdadero peligro es vivir lejos de Dios, acostumbrarte al pecado y enfriar el corazón. Cuando tienes fe, descubres que solo hay un temor legítimo, perder la gracia, es decir, la amistad con Dios, alejarte del amor que da sentido a tu existencia.
Pero incluso en medio de las pruebas, permanece la confianza. San Pablo preguntaba, ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? Y la respuesta es clara, nada ni nadie, si permaneces unido a Él. Jesús lleva esta confianza al extremo cuando afirma, hasta los cabellos de tu cabeza están contados.
Es una manera de decirte que Dios te conoce, te ama y cuida de ti hasta en los detalles más pequeños. No eres un número ni una casualidad, tu vida está en sus manos.
Por eso cuando la ansiedad, la angustia o la preocupación llamen a tu puerta, busca al Señor. Entra en el silencio de la oración, acércate al sagrario en la iglesia, abre el evangelio, allí escucharás nuevamente su voz, “no tengas miedo, yo estoy contigo”.
Esta semana pregúntate, ‘¿Qué miedo gobierna mi vida? ¿Confío realmente en Dios o intento cargar todo yo solo?’ Entrégale hoy tus preocupaciones y deja que Él sostenga tu corazón.
“Señor Jesús, aumenta mi confianza en ti, que nunca me aparte de tu amor y que en medio de las pruebas, viva con la paz de quien sabe que está en tus manos. Amén”.
Feliz domingo. Dios te bendiga.

