La confianza florece cuando escuchamos a Dios

Adriana Franco Sampayo

Muchas personas piensan que el principal obstáculo para alcanzar sus sueños es el miedo al fracaso. Sin embargo, existe otro temor más silencioso y profundo: El miedo a descubrir de lo que realmente somos capaces. A veces, sin darnos cuenta, nos refugiamos en las dudas, la postergación o en la idea de que “todavía no es el momento”. Estas barreras interiores terminan limitando el crecimiento que Dios desea para nuestra vida.

Con frecuencia nos contamos historias que debilitan nuestra confianza: “No puedo hacerlo”, “No soy suficientemente bueno”, “Necesito que otros me aprueben para sentirme valioso”. Cuando estas ideas se repiten constantemente, terminan convirtiéndose en cadenas invisibles que frenan nuestros proyectos, nuestros sueños e incluso nuestra relación con Dios.

Todos atravesamos momentos de tristeza, desánimo y caída. Son experiencias humanas que forman parte del camino. Sin embargo, el problema surge cuando permitimos que esas circunstancias definan quiénes somos. Nuestra identidad no debe construirse sobre nuestros errores, sino sobre la certeza de que somos hijos amados de Dios.

Creer en uno mismo no significa confiar únicamente en las propias fuerzas. Significa reconocer los talentos, capacidades y dones que el Señor ha sembrado en nuestro corazón. Dios no llama a personas perfectas; llama a personas dispuestas a confiar en Él y a dar un paso adelante aun cuando no tengan todas las respuestas.

Muchas veces esperamos sentirnos completamente preparados para actuar, pero el crecimiento ocurre precisamente cuando nos atrevemos a avanzar en medio de la incertidumbre. La confianza se fortalece caminando, no esperando.

Por ello, es importante hablarnos con bondad, respeto y esperanza. Las palabras que dirigimos a nuestra propia alma pueden convertirse en semillas de fe o en obstáculos para nuestro desarrollo. Cuando aprendemos a reconocer nuestro valor como hijos de Dios, dejamos de depender exclusivamente de la aprobación de los demás y comenzamos a vivir con mayor libertad.

Hoy es un buen día para recordar que Dios ve posibilidades que quizás aún no hemos descubierto. Creer en Él, creer en los dones que nos ha regalado y atreverse a avanzar. Nuestra historia no está definida por miedos, sino por la grandeza del propósito para el cual fuimos creados.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
– (Flp. 4,13)

Madre de familia, emprendedora y docente universitaria. Su vida profesional y personal se caracteriza por el contacto cercano con las personas y la convicción de que cada individuo posee una dignidad única y una vocación trascendente. Su vocación está centrada en acompañar y formar, tanto en el ámbito académico como en la vida cotidiana, impulsando siempre el valor de la educación y del esfuerzo constante como bases para el crecimiento integral. Fiel a sus principios, sostiene que la familia es el pilar fundamental de la sociedad, lo que la ha llevado a comprometerse activamente en la promoción de la participación ciudadana, así como en la defensa de la vida, de la familia y de las libertades fundamentales. Su trayectoria está marcada por la certeza de que cada acción, por pequeña que parezca, puede dejar huella y contribuir a la construcción de un mundo más humano, justo y solidario.