
Quienes defienden estas iniciativas argumentan que hay que llegar a los jóvenes allí donde se encuentran.
Pero atraerlos…
no es lo mismo que convertirlos.
Generar expectación…
no es proclamar el Evangelio.
Acumular millones de visualizaciones…
no es lo mismo que llevar almas a Cristo.
Selfies con asistentes al festival, sesiones de autógrafos, videos virales vistos por millones de usuarios de internet: el sacerdote portugués Guilherme Peixoto se ha convertido en una verdadera celebridad de las redes sociales.
- Su última actuación en un importante festival de música electrónica en Polonia genera interrogantes.
- El viernes 12 de junio, el sacerdote portugués Guilherme Peixoto subió al escenario principal del festival de música electrónica ING Silesia Beats, celebrado en Chorzów, cerca de Katowice, Polonia.
- Durante este evento, que tuvo lugar los días 12 y 13 de junio y reunió a varias figuras internacionales de la música electrónica, el sacerdote católico actuó ante una multitud enorme con un telón de fondo de pantallas gigantes, efectos de iluminación y visuales espectaculares.
Al igual que en sus apariciones anteriores, las imágenes inundaron rápidamente las redes sociales. En ellas se ve al sacerdote siendo recibido por admiradores, posando para selfies, firmando autógrafos y recibiendo un entusiasmo generalmente reservado para las celebridades. Algunos videos ya han sido vistos cientos de miles de veces y se espera que alcancen varios millones de reproducciones en los próximos días. El éxito mediático es innegable.
Pero queda una pregunta:
¿es esto realmente
lo que la Iglesia espera de un sacerdote?
Detrás de esta parodia de sacerdote,
el problema no es la música.
El verdadero problema radica
en la identidad sacerdotal.
Durante dos mil años, el sacerdote ha sido ante todo el hombre del altar, quien celebra los sacramentos, predica el Evangelio, escucha las confesiones y guía a las almas hacia la salvación. Sin embargo, las imágenes de Polonia dan la impresión de que estos límites se están desdibujando. Con auriculares puestos, detrás de sus tocadiscos, aclamado por una multitud inmensa, el padre Guilherme Peixoto parece menos un pastor que una de las atracciones de un importante festival europeo.
Esta confusión no es insignificante.
En una sociedad ya fascinada
por los influencers,
por las celebridades
y por la constante búsqueda de visibilidad,
ver a un sacerdote
adoptar los códigos
del entretenimiento de masas…
plantea interrogantes profundos.
El riesgo no es meramente el del espectáculo,
sino el de la erosión gradual
de lo que distingue al sacerdocio…
del resto del mundo.
La historia de la Iglesia demuestra
que los santos que dejaron huella
en su época
no buscaron imitar al mundo
para ser escuchados.
Transformaron el mundo
porque ofrecieron
algo radicalmente diferente.
San Juan Vianney,
San Padre Pío
y
San Maximiliano Kolbe
atrajeron multitudes por su santidad,
no por su capacidad de reproducir
las tendencias culturales dominantes.
En un momento
en que tantos católicos
anhelan redescubrir el significado
de lo sagrado…
las imágenes de Chorzów
plantean una pregunta abierta:
¿necesita la Iglesia
sacerdotes showmans o sacerdotes santos?
Para muchos fieles, la respuesta es obvia.
Por FABIEN FERTAL,
PARÍS, FRANCIA.
DOMINGO 14 DE JUNIO DE 2026.
TCH.

