- Presentada como una activista adelantada a su tiempo,
- Como unna rebelde contra el patriarcado,
- Como una figura del lema «mi cuerpo, mi elección»,
- La Madre de Dios es hoy objeto de una auténtica apropiación ideológica.
Bajo el pretexto de «liberarla», buscan separar a María del Evangelio y la Tradición para adaptarla a los dogmas ideológicos contemporáneos.
Así, desde hace varios años, un sector del cristianismo progresista se ha dedicado a reinterpretar las grandes figuras de la fe a través de las categorías dominantes de nuestro tiempo:
- patriarcado,
- deconstrucción,
- emancipación,
- dominación masculina,
- género
- y lucha por el poder.
En este empeño, la Virgen María ocupa un lugar especial. Al ser la mujer más venerada del cristianismo, se convierte en un símbolo fundamental para quienes pretenden forzar a la Iglesia a adaptarse al molde ideológico contemporáneo.
Un artículo reciente publicado en Le Cri ilustra a la perfección esta tendencia.
- Presenta a María como víctima de una supuesta apropiación masculina de su historia, como una mujer que ahora debe ser «liberada» de veinte siglos de tradición cristiana.
- Además, la Anunciación se interpreta como una forma temprana del lema «mi cuerpo, mi decisión»,
- El Magníficat se reinterpreta como un manifiesto de emancipación política. Este enfoque no es insignificante. Revela un deseo de someter las Escrituras a un marco ideológico ajeno a la fe cristiana.
El primer problema radica en la premisa misma de este análisis:
- El artículo afirma que María fue el «receptáculo de un proyecto misógino de la Iglesia».
- Sin embargo, tal acusación carece de fundamento sólido. Desde los primeros siglos, los cristianos veneraban a María mucho antes de los principales desarrollos dogmáticos de la Edad Media.
- La oración mariana Sub Tuum Praesidium está documentada en el siglo III.
- San Ireneo de Lyon ya veía a María como la «nueva Eva», aquella que coopera libremente en la obra de la salvación.
- Lejos de ser una invención tardía destinada a controlar a las mujeres, la veneración mariana tiene sus raíces en la fe apostólica misma.
- El artículo también repite un lugar común que se ha vuelto frecuente en ciertos círculos activistas: que los dogmas marianos se desarrollaron para alejar a María de su cuerpo y su condición femenina. Esta interpretación es profundamente errónea.
La virginidad perpetua de María
no es un tratado de ginecología medieval;
afirma la singularidad de la Encarnación.
La Inmaculada Concepción
no expresa desconfianza alguna
hacia la sexualidad ni la maternidad;
proclama la acción preveniente
de la gracia divina.
En cuanto a la Asunción,
constituye, por el contrario,
una de las más altas afirmaciones
de la dignidad del cuerpo humano,
llamado a la gloria.
Donde algunos ven una negación del cuerpo,
la Iglesia proclama su transfiguración.
Uno de los pasajes más reveladores es, sin duda, el que interpreta el consentimiento de María en la Anunciación como una anticipación del lema contemporáneo «mi cuerpo, mi decisión». Tal interpretación constituye un claro anacronismo. María nunca reclama autonomía absoluta. Ella responde al ángel: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
Según la doctrina cristiana,
esta afirmación expresa
el acto supremo de libertad humana:
no una autoafirmación contra Dios,
sino una adhesión voluntaria
al plan divino.
Como enseña san Juan Pablo II
en Redemptoris Mater ,
el «sí» de María es un acto plenamente libre,
pero orientado hacia Dios
y no hacia una autonomía individual
elevada a la categoría de absoluta.
El mismo proceso se observa en la reinterpretación del Magníficat por parte de los teólogos marxistas de la liberación:
- . María se convierte en una figura de protesta social, casi en portavoz de ideologías revolucionarias modernas.
- Sin embargo, la tradición cristiana siempre ha visto en este himno una proclamación de la acción salvadora de Dios en la historia.
- Cuando María anuncia que Dios «ha derribado a los poderosos de sus tronos y ha enaltecido a los humildes », no propone un programa político.
- Proclama la soberanía divina frente al orgullo humano. Benedicto XVI nos recordó que el Magníficat es, ante todo, un himno de fe y esperanza, centrado en Dios y no en luchas de poder.
Este intento de apropiación ideológica de los teólgos marxistas de la liberación se basa también en una oposición artificial entre María y la Tradición:
- Para redescubrir a la «verdadera» María, se nos dice, hay que despojarla de veinte siglos de fe católica. Esta afirmación es asombrosa.
- Presupone que los santos, los Doctores de la Iglesia, los concilios, los teólogos y generaciones de creyentes malinterpretaron a María durante dos milenios, hasta que las categorías intelectuales del siglo XXI finalmente revelaron su verdadera identidad.
- Este enfoque es menos una cuestión de exégesis que una forma de presentismo ideológico.
- Más aún, esta reinterpretación feminista produce una paradoja sorprendente: quienes acusan a la Iglesia de haber instrumentalizado a María terminan instrumentalizándola ellos mismos.
María deja entonces de ser una persona real en la historia de la salvación y se convierte en un símbolo moldeado por las luchas contemporáneas. A veces feminista, a veces revolucionaria, a veces figura de resistencia política, se va alejando gradualmente de su misión esencial: guiar a las personas hacia Cristo.
Sin embargo, esto es precisamente lo que la Iglesia siempre se ha negado a hacer.
- Cuando el Concilio de Éfeso proclamó a María «Madre de Dios», no buscaba construir un modelo social o político, sino proteger una verdad fundamental de la fe: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.
- Toda la mariología católica es, ante todo, cristológica.
- María nunca se entiende aisladamente, sino a la luz de Cristo.
- Finalmente, desde una perspectiva sociológica, resulta llamativo observar que esta nueva interpretación de María se alinea perfectamente con los dogmas dominantes del ultraprogresismo occidental. Las nociones de patriarcado, autonomía individual absoluta y emancipación se convierten en las únicas claves para reinterpretar los textos bíblicos con un sentido marxista.
El riesgo es entonces evidente: ya no es el Evangelio el que juzga al mundo, sino el mundo el que juzga al Evangelio.
La verdadera grandeza de María,
sin embargo,
no reside ni en una revuelta
contra el orden establecido
ni en una afirmación individualista
de sí misma.
Reside en su humildad,
su fe,
su valentía
y su total apertura
a la acción de Dios.
Es precisamente porque se entrega libremente a la voluntad divina que se convierte en la mujer más influyente en la historia de la salvación. Al intentar convertir a la Virgen María en un icono de las batallas ideológicas contemporáneas, ciertos movimientos no la liberan. La separan de su Hijo, del Evangelio y de la fe de la Iglesia. En otras palabras, no redescubren a María: la reinventan. Y esta reinvención a menudo revela más sobre las obsesiones de nuestro tiempo que sobre la Madre de Dios misma.
MARTES 26 DE MAYO DE 2026.
TCH.

