La peregrinación de Pentecostés a la catedral de Notre-Dame de Chartres, bastión de la liturgia tradicional en Francia, ha vuelto a batir récords con cerca de 20.000 participantes. Mientras Roma mantiene las restricciones al rito antiguo, el fenómeno no deja de crecer y atrae cada vez más a jóvenes alejados de la Iglesia.

Cuarenta y cuatro años después de su fundación por un puñado de católicos fieles a la misa tridentina, la peregrinación organizada por Notre-Dame de Chrétienté ha cambiado de escala.
Este fin de semana de Pentecostés, cerca de 20.000 fieles han recorrido los cien kilómetros que separan la iglesia de Saint-Sulpice, en París, de la catedral de Chartres.

Las inscripciones, abiertas el Domingo de Ramos, se agotaron a un ritmo sin precedentes: 14.000 apuntados en esa fecha, frente a los 6.000 del año anterior.

El origen de esta marcha se remonta a 1983, tres años después del célebre llamamiento de Juan Pablo II en Le Bourget: «Francia, hija primogénita de la Iglesia, ¿eres fiel a las promesas de tu bautismo?». Un grupo de laicos, marcados además por el testimonio de los católicos polacos en Częstochowa, decidió responder con los pies. La jerarquía francesa los miró entonces con abierta hostilidad. Hoy, el episcopado guarda un silencio incómodo ante un fenómeno que desborda sus parroquias vacías.
La liturgia como puerta de entrada
Philippe Darantière, presidente de Notre-Dame de Chrétienté, sitúa el proyecto más allá de la mera cuestión ritual: «Se trata de transmitir la fe católica y contribuir al despertar de una cristiandad vacilante en el contexto de la crisis de la Iglesia». Pero es precisamente la liturgia tradicional —liberalizada por Benedicto XVI en 2007 y restringida de nuevo por Francisco en 2021— la que actúa como principal vector de atracción.

«En los años setenta, muchos pensaban que había que simplificar los ritos, abandonar el latín o atenuar lo sagrado para acercar a los hombres a la Iglesia. Hoy constatamos que hay personas que descubren la fe precisamente a través de esta liturgia. Su carácter trascendente, su exigencia, su orientación hacia lo divino responden a algo muy profundo en el corazón del hombre»
Quien así habla es el abbé Jean de Massia, capellán de la peregrinación. Su diagnóstico coincide con el del abbé Matthieu Raffray, sacerdote muy seguido en redes sociales que dirige capítulos específicos para personas que descubren el evento por primera vez. Este año conducirá dos, ante la demanda. Según los organizadores, un 5% de los peregrinos son jóvenes muy alejados de la Iglesia, «en busca de verdad, de absoluto y de raíces».
Conversos del islam:
Entre los testimonios más llamativos figura el de Nabil, converso de origen argelino y jefe de capítulo desde el año pasado. Musulmán practicante, relata haber pedido el bautismo tras una experiencia espiritual íntima. Pero cuando empujó por primera vez la puerta de una iglesia, le aconsejaron que siguiera siendo musulmán. Fue al descubrir la misa tradicional cuando encontró un catolicismo capaz de responder a su búsqueda.
«El sentido de lo sagrado, la reverencia hacia Dios, el rigor doctrinal y litúrgico… Todo eso habla mucho a los musulmanes. Cuando vienes de un universo donde la tradición ocupa un lugar central, eres sensible a una fe que se atreve a transmitirse y vivirse plenamente»

Nabil lamenta no haber encontrado antes católicos capaces de hablarle con sencillez de su fe. A sus ojos, Chartres responde precisamente a esa carencia: tres días de marcha, meditación, enseñanza y oración que permiten a unos descubrir el cristianismo y a otros recuperar el impulso para hacerlo irradiar.
La sombra de Traditionis Custodes
El éxito de Chartres plantea una paradoja incómoda para Roma. Según una encuesta de la propia organización, el 63% de los peregrinos asiste de forma preferente al rito tridentino, cifra que consideran infravalorada por la falta de acceso a esta liturgia en muchas diócesis desde las restricciones impuestas por el motu proprio Traditionis Custodes de 2021.
El documento, que revocó en buena medida la liberalización de Benedicto XVI, pretendía reconducir a los fieles hacia la forma ordinaria del rito romano.
Los números de Chartres sugieren el efecto contrario: una demanda creciente que no encuentra cauce en las estructuras diocesanas.
Con León XIV recién elegido, muchos peregrinos escrutan las orientaciones que dará el nuevo pontífice sobre este dossier sensible. Las presiones se multiplican en ambas direcciones: quienes esperan un gesto de apaciguamiento y quienes exigen mantener la línea restrictiva de Francisco.
Mientras tanto, en los caminos de la Beauce, la respuesta de los fieles ya está dada.
La peregrinación de este año ha puesto la misión en el centro de su programa, con la distribución de materiales para ayudar a los participantes a responder preguntas sobre la fe y sostener iniciativas de evangelización en parroquias y comunidades. Una apuesta que contrasta con el enfoque pastoral dominante en la Iglesia posconciliar, más preocupado por no incomodar que por proponer.
LUNES 25 DE MAYO DE 2026.
INFOVATICANA.

