Jesús sabe algo profundamente humano

¿Alguna vez te has preguntado si realmente amas a Jesús? ¿O solamente tienes momentos de emoción religiosa? Porque muchas veces confundimos el amor con lo que sentimos. Decimos, ‘Ya no siento lo mismo, se me acabó el amor’ como si amar dependiera únicamente de emociones intensas. Y cuando las emociones cambian, pensamos que el amor terminó.

Pero hoy Jesús rompe esa idea y habla con absoluta claridad y nos dice en el Evangelio de este domingo, “Si me aman, cumplirán mis mandamientos”, es decir, el amor verdadero no se mide primero por lo que sientes, sino por lo que decides. Amar es permanecer.

Amar es buscar el bien del otro. Amar es seguir ahí incluso cuando cuesta. Jesús no quiere un amor superficial, emocional o momentáneo.

Quiere un amor capaz de traducirse en obediencia, en fidelidad, en vida concreta. Y esto es importante porque vivimos en una cultura donde muchas personas quieren sentir mucho, pero comprometerse poco. Queremos paz, pero sin perdonar.

Queremos amor, pero sin sacrificio. Queremos a Dios, pero sin cambiar de vida. Sin embargo, Jesús sabe algo profundamente humano.

Cuando el hombre vive solamente guiado por emociones pasajeras, termina vacío, inestable y confundido porque las decisiones profundas y los compromisos estables fortalecen la vida interior y dan mayor equilibrio emocional que vivir esclavo de impulsos momentáneos. Jesús no te pide obediencia para quitarte libertad.

Te la pide porque sabe que fuera de Dios, corazón termina perdiéndose. Cuando Jesús dice, ama a Dios sobre todas las cosas, no es porque Dios necesite ser amado. Es porque tú necesitas ordenar tu corazón.

Cuando Dios ocupa el primer lugar, también aprendes a amar mejor a los demás, sin egoísmo, sin posesión, sin narcisismo. Tal vez tú mismo has reducido tu relación con Dios a sentimientos pasajeros. Rezas sólo cuando necesitas algo o tienes un problema.

Vas a misa cuando te nace, pero la mayor de las veces no tienes ganas. Buscas a Dios cuando tienes dificultades, pero cuando todo parece ir bien, te olvidas de Él, y entonces tu fe se vuelve frágil. Hoy Jesús te invita a algo más profundo, a pasar de una fe emocional, de conveniencia, a una fe que decide confiar y obedecer a Dios.

Amarlo no sólo cuando sientes consuelo, sino también cuando hay cansancio, sequedad, lucha o caída. Porque amar a Cristo no significa que vas a volver a caer. Significa levantarte y volver a seguirlo.

Por eso, esta semana, haz dos cosas concretas. Primero, dedica unos minutos diarios a escuchar verdaderamente a Dios en silencio, aunque no sientas nada especial. El amor madura en la fidelidad. Si no sabes cómo, lee la Biblia y pregúntate qué te quiere decir Dios.

Segundo, identifica un mandamiento o enseñanza de Cristo que te está costando vivir y deja de justificarte. Tal vez necesitas perdonar, corregir una relación, abandonar un pecado, volver a confesarte o recuperar la oración.

No sigas viviendo una fe de momentos. Cristo quiere habitar realmente en ti. Y cuando Dios entra realmente en el corazón, el alma comienza a encontrar una paz que el mundo no te puede dar, una paz que sólo te puede dar Dios porque viene de él.

Pídelo hoy al Señor. “Señor Jesús, enséñame amarte no sólo con emociones pasajeras, sino con una vida fiel y obediente. Pon tu Espíritu Santo en mi corazón, levántame de mis caídas y haz que nunca me aparte de ti”.

Feliz domingo. Dios te bendiga.

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *