Jesús lo promete y lo cumple

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el VI Domingo de Pascua

Hoy escuchamos otro fragmento de los discursos de despedida de Jesús. No hay en la vida una experiencia tan misteriosa y sagrada como la despedida del ser querido que se nos va más allá de la muerte. Jesús conoce la condición humana, conoce la fragilidad de aquellos más cercanos y sabe la necesidad de tener a alguien quien los sostenga y les promete al Espíritu de verdad. Con esta fortaleza del Espíritu, también les pide que lo amen y ese amor se mostrará en que cumplan sus mandamientos. Podemos destacar las siguientes ideas en el Evangelio que nos ayudarán a reflexionar:

1°- No los dejaré desamparados. Las despedidas siempre causan tristeza, por eso Jesús les aclara: “Yo le rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”. “Paráclito” significa consolador, defensor. “Otro” no significa sustitución, sino continuidad. El Espíritu de verdad fortalecerá a los discípulos para que permanezcan fieles a la enseñanza de Jesús.

Las primeras comunidades poco a poco fueron descubriendo el dinamismo del Espíritu Santo, esa fuerza que los sostenía en los momentos difíciles, que los consolaba y alentaba a seguir difundiendo el Evangelio de Jesús.

Tengamos siempre presente que ese Espíritu que sostenía a los Apóstoles y a las primeras comunidades, es el mismo Espíritu que ha sostenido y sigue sosteniendo a la Iglesia a lo largo de los siglos. Con sus dones guía a la Iglesia. No podemos entender una Iglesia sin el Espíritu Santo, el Espíritu es quien la sostiene y la hace avanzar en medio de tantas dificultades.

Necesitamos que el Espíritu nos recuerde la verdad de Jesús, si la olvidamos no sabremos quiénes somos, ni qué estamos llamados a ser. Nos desviaremos del Evangelio una y otra vez. Defenderemos en su nombre causas o intereses que tienen poco que ver con Él. Nos creeremos en posesión de la verdad al mismo tiempo que la vamos desfigurando.

Necesitamos que el Espíritu Santo active en nosotros la memoria de Jesús, su presencia, su imaginación creadora. El Espíritu nos defiende de lo que nos puede destruir. Este Espíritu de la verdad no nos convierte en propietarios de la verdad; no viene para que impongamos a otros nuestra fe, ni para que controlemos su ortodoxia, viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio. Este Espíritu de la verdad nos ha de hacer, más que guardianes de la verdad, «testigos de la verdad». Nuestro quehacer no es disputar, combatir, ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y amar a Jesús guardando sus preceptos. Este Espíritu de la verdad, nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la impunidad e injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad.

Preguntémonos: ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad donde reina la mentira y está tan necesitada de aliento y de esperanza? ¿Realmente nos damos cuenta que en nuestras dificultades es el Espíritu Santo quien nos fortalece y consuela? Más de alguna vez, ante las dificultades de la vida, podremos sentirnos solos, abatidos, olvidados por Dios; nos faltaría entonces mirar dentro de nosotros, para darnos cuenta que el Espíritu nos está sosteniendo, nos está alentando; nunca estamos solos, Jesús lo promete y lo cumple.

2°- Si me aman cumplirán mis mandamientos. El amor que Jesús nos pide, se muestra en la vida ordinaria y caminando detrás de Él, pues Él es el Camino. Recordemos que Jesús es la única Persona que merece ser amada de manera absoluta. El que ama a Jesús vive de sus palabras, vive sus mandamientos, lucha por vivir su proyecto de vida que nos dejó. El cristianismo es un estilo de vida que consiste en vivir amando: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama”. Es interesante hacer un alto en nuestra vida y darnos cuenta si conocemos los mandamientos que Jesús nos dejó. En los catecismos se hace aprender de memoria a los niños los mandamientos de la ley mosaica y está bien, pero olvidamos los mandamientos que Jesús nos ha dejado, por ejemplo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, “Perdona hasta setenta veces siete”, “Amen a sus enemigos”, etc. Creo que con frecuencia tenemos olvidados los mandamientos o máximas que Jesús nos dejó, y en el cumplimiento de esos mandamientos, es donde debemos mostrar que amamos a Jesús.

Hoy es 10 de mayo, día de las madres, felicidades a todas las mujeres, ya que alguien ha dicho que “todas las mujeres tienen corazón de madre”, pues el corazón de la mujer ha sido creado por amor y para amar, desde el Amor de Dios. Mamás, sigan llenando todos los corazones del Amor de Dios.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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