* El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza. (Camino, 492)
Ama a la Señora.
Y Ella te obtendrá gracia abundante para vencer en esta lucha cotidiana.
– Y no servirán de nada al maldito esas cosas perversas, que suben y suben, hirviendo dentro de ti, hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los grandes ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu corazón.
– «¡Serviam!» (Camino, 493)
A Jesús siempre se va y se «vuelve» por María. (Camino, 495)
María, Maestra de oración.
–Mira cómo pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia.
– Y cómo logra.
– Aprende. (Camino, 502)
No se puede llevar una vida limpia sin la ayuda divina.
Dios quiere nuestra humildad, quiere que le pidamos su ayuda, a través de nuestra Madre y Madre suya.
Tienes que decir a la Virgen, ahora mismo, en la soledad acompañada de tu corazón, hablando sin ruido de palabras: Madre mía, este pobre corazón mío se rebela algunas veces…
Pero si tú me ayudas…
– Y te ayudará, para que lo guardes limpio y sigas por el camino a que Dios te ha llamado: la Virgen te facilitará siempre el cumplimiento de la Voluntad de Dios. (Forja, 315)

Por SAN JOSEMARÍA.

