¿Qué pasará contigo después de la muerte?

¿Te has detenido alguna vez a pensar seriamente qué va a pasar contigo después de la muerte? No es una pregunta teórica, es la pregunta más importante de tu vida y sin embargo muchas veces la evitas, la pospones o la suavizas.

Jesús en el Evangelio de hoy no la evita, al contrario, entra de lleno en ella y te dice, ‘No pierdas la paz’, pero no te da una paz vacía, te da una razón para tenerla, pues Él dice: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas, voy a prepararte un lugar para que donde yo esté, estés también tú”.

Aquí está lo fundamental, tu vida no termina en la nada, tu vida tiene un destino final. Para quien no tiene fe, pensar en la muerte puede ser perturbador, pero para quien cree hay claridad, sabe que en el momento mismo de la muerte hay un juicio y ese juicio no es una amenaza, es un examen sobre la verdad de tu vida. Si has vivido cumpliendo la voluntad de Dios, entrarás en la vida eterna, en ese lugar que Cristo te ha preparado y ahí la vida será plena, colmada de felicidad, de paz, del amor de Dios.

Si no has alcanzado la perfección, pero has buscado a Dios, Él en su misericordia te purifica, eso es el purgatorio, un estado real donde el alma se prepara para la gloria, pero también existe otra posibilidad que no se puede ocultar, el infierno, la separación eterna de Dios para quien ha rechazado su gracia, se ha obstinado en el pecado, ha cerrado el corazón a la verdad, al perdón, a la misericordia. Eso no es para asustarte, es para que tengas claridad.

Ahora bien, cuando escuchas esto puedes sentir inquietud, incluso resistencia. Y aquí hay algo interesante, cuando una verdad toca algo profundo de tu vida, tu mente tiende a defenderse, a evadir, a distraerse porque percibe amenaza al cambio, por eso es más fácil no pensar en la muerte, no hacer examen de conciencia, no cambiar, pero si huyes de la verdad, no te liberas, te pierdes.

Pero puede surgir otra inquietud, ¿cómo es la vida eterna? Y aquí viene una dificultad real si la imaginas como esta vida, y por eso te parece lejana o incluso pesada, pero no será así, será una vida donde ya no existe el tiempo como lo conoces, ni el espacio como lo experimentas ahora, intentar entenderla es como querer explicarle el color a un ciego o el sonido a un sordo, sabemos lo esencial, será una vida plena de paz y felicidad, te voy a ayudar a que lo entiendas.

Piensa en esto, ¿recuerdas el momento más feliz de tu vida? Ese instante que hubieras querido que no terminara nunca, bueno, la vida eterna es como si ese momento se prolongara sin fin, pero incluso eso se queda corto porque el momento más feliz que has vivido no es ni la sombra de felicidad que Dios tiene preparada para ti, allá no te faltará nada, no necesitarás nada, no extrañarás nada porque Dios mismo te llenará por completo.

Y aquí viene la pregunta decisiva, si eso es lo que te espera, ¿estás viviendo para llegar ahí? Porque no basta saberlo, tienes que decidirte, Jesús lo dice con claridad, “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”, no hay otro camino, no existe otra verdad, solo Él puede darte la vida que no se acaba y que es plena.

Por eso esta semana no te quedes en una idea bonita, haz algo concreto. Primero, realiza un examen de conciencia serio y reconoce con claridad que te está alejando de Dios; segundo, corrige algo concreto, una actitud, un pecado, una omisión, algo que sabes que no está bien y no lo dejes para después porque la vida eterna no se improvisa al final, se construye desde ahora.

Termina escuchando de nuevo a Jesús que te dice: “No pierdas la paz, en la casa del Padre hay muchas moradas” y Cristo ya fue a preparar la tuya, ahora te toca a ti, no te separes de Él para no perderte.

Señor Jesús, Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, no permitas que me engañe ni que me distraiga, dame la gracia de vivir con claridad, de elegirte cada día, de no postergar mi conversión, prepárame para la vida eterna que me prometes y no permitas que me separe de ti”.

Feliz domingo, Dios te bendiga.

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