La Verdad es Jesús

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el V Domingo de Pascua

Al terminar la Última Cena Jesús empieza a despedirse de sus discípulos y hoy en el capítulo 14 de San Juan al verlos abatidos por lo que les compartía, inicia a darles fuerza y ánimo diciéndoles: “No se turbe su corazón”. Jesús sabe que muchas cosas sus Apóstoles aún no las comprenden; sabe que su corazón y mente se llenarán de contrariedades, de allí que les quiera infundir calma. Así que en estos versos que escuchamos se remarcan temas como: La exhortación a la confianza, anuncio de la partida e iniciación del tema del camino.

El discurso inicia con una exhortación a la confianza: “No se turbe vuestro corazón, si creen en Dios crean también en mí”. La fe es la clave para que el ser humano viva en serenidad, paz y confianza, por eso Jesús la pide a sus discípulos como un regalo. Al hacerse hombre, Jesús compartió nuestras alegrías y fragilidades, la dulzura de la amistad y el dolor de las despedidas: se despidió de su madre al iniciar su misión y ahora de sus amigos más íntimos, antes de su Pasión. Su partida no será sencilla para sus seguidores y menos de aquella manera, de allí que desea mantenerlos firmes en la fe. Jesús los ve abatidos, es el momento de reafirmarlos en la fe, enseñándoles a creer en Dios de manera diferente. De ahora en adelante, deben seguir creyendo y confiando en Dios, pero también creyendo en Él, ya que es el Camino para llegar a Dios. Jesús conoce la fragilidad de sus amigos, sabe que el miedo paraliza, mientras que la fe confía y se abandona al Padre, por eso los consuela diciéndoles: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”. La fe de los discípulos no debe naufragar por su muerte; su partida no es un abandono, sino que va a preparar un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevarlos consigo, y entonces, estarán juntos para siempre. La muerte no destruirá los lazos que han creado. Pero aquello parece muy difícil de creer y en los discípulos se despiertan toda clase de dudas, de preguntas: ¿Cómo será? ¿Quién puede garantizar ese destino? Recordemos a Tomás que pregunta: “¿Cómo podemos saber el camino?” Jesús como Camino, conduce a experimentar a Dios como Padre; fuera de Él no hay caminos, son evasiones de la realidad que nos alejan de la verdad; lo fundamental es seguir los pasos de Jesús hasta llegar al Padre.

Observemos a Felipe que intuye que Jesús no está hablando de cualquier experiencia religiosa, de allí que pide: “Muéstranos al Padre y eso nos basta”. La respuesta de Jesús es grandiosa: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Toda la vida de Jesús y sus actitudes, hacen visible y creíble al Padre.

Hermanos, recordemos que para las primeras comunidades, el cristianismo no era tenido como una religión, era un camino, una forma de vivir. No significaba vivir dentro de una institución religiosa, practicando ritos concretos, centrados en una moralidad, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel mundo lleno de dificultades. Allí radicaba su fuerza, es lo que podían ofrecer, una forma de vida distinta; caminando con alegría en ese estilo de vida estarían difundiendo la fe en Jesús.

Hermanos, recordemos que aquí se centra el arranque del cristianismo cuando Jesús dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es por mí”. Ser cristiano es ser un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino acertado para vivir, la verdad segura para orientarse. Es verdad que al analizar nuestra sociedad, nos damos cuenta que nos hemos alejado de Jesús y hemos perdido el camino que nos conduce a Dios Padre; se nos han mostrado tantos caminos que hemos terminado por extraviarnos. Es el momento que nos cuestionemos: ¿El camino que estoy recorriendo ahora, me está conduciendo al Padre? Recordemos que la manera de caminar hacia el Padre es seguir los pasos de Jesús, es vivir como Él vivió, sentir como Él sintió. Jesús es el Camino y como Iglesia, como amados y llamados por Dios, debemos mostrar con nuestra vida ordinaria, que vale la pena caminar detrás de Jesús, ya que sólo Él nos conduce a Dios.

Hermanos Jesús es la verdad, Jesús no nos contó historias ficticias; no tenía por qué engañarnos. Jesús como verdad, nos conduce al Padre. Hablar de verdad en un mundo marcado por la mentira, el engaño, la desconfianza, es muy difícil hablar de verdad e incluso dentro de las religiones; existen infinidad de sectas que pasan tocando las puertas y proclamando que: ellos tienen la verdad plena, que han venido abrir los ojos de todas las personas que han sido engañadas por la religión. Hermanos la verdad humana está muy dañada, comprendemos verdades a medias y hemos crecido en la desconfianza. No olvidemos que la Verdad es Jesús, sólo Él nos conduce al Padre, no existe otra verdad u otros caminos fuera de Jesús.

Alguien se podrá preguntar, si Jesús se llama a sí mismo Camino, ¿sabrá a dónde va? Podemos decir que Jesús no va a ninguna parte, el término de su camino no es un lugar, es una Persona, Jesús va al Padre. Para todos nosotros, pudiendo caminar, es fácil ir a un sitio, es fácil venir a la Iglesia o que nos traigan. Es más difícil ir al Padre, porque al Padre se va con el corazón, con la fe, escuchando su Palabra.

Hermanos, preguntémonos: ¿Sí vamos con Jesús hacia el Padre? Si es así, no nos sorprendamos si encontramos piedras, dificultades, obstáculos, no importa, lo verdaderamente importante es no salirnos de ese camino que Jesús nos está indicando porque frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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