«La Iglesia se reconoce enviada a todos los pueblos, no por imposición, sino dando testimonio de la verdad en la caridad»

ACN

En la Sala del Consistorio del Vaticano, el Papa León XIV recibió a los miembros de la Oficina para la Iglesia Universal y el Diálogo de la Archidiócesis de Colonia, que habían acudido para celebrar el quincuagésimo aniversario de su misión.

Desde sus primeras palabras, el Papa sitúa su discurso en la alegría de la Resurrección, fuente de renovada esperanza. Es a partir de este misterio central que se ilumina la misión de la Iglesia, llamada a llegar a todos los pueblos. 

«La Iglesia reconoce que es enviada a todos los pueblos, no para imponerse, sino para dar testimonio de la verdad en la caridad ».

Esta frase, sin duda la más poderosa del discurso, merece ser meditada. Traza una clara distinción entre la proclamación cristiana y cualquier tentación de dominación.

La Iglesia, nos recuerda el Papa, no se impone; propone, da testimonio, ama. La verdad que proclama no puede separarse de la caridad que la hace creíble.

En este mismo sentido, subraya que el diálogo no es meramente una herramienta diplomática, sino una dimensión esencial de la vida eclesial. 

«El diálogo […] fortalece la comunión, abre caminos hacia la comprensión y sirve a la causa de la paz». 

Al citar estas palabras, comprendemos que el diálogo se presenta como un camino evangélico, capaz de tender puentes donde las divisiones parecen insuperables. El Papa sitúa esta dinámica en la acción misma de Cristo, quien atrae todas las cosas hacia sí y hace de la Iglesia un signo visible de unidad y esperanza para el mundo.

El discurso rindió homenaje a la Archidiócesis de Colonia, cuya historia ilustra concretamente esta apertura universal. Ya en 1954, bajo el impulso del Cardenal Josef Frings y el Vicario General Josef Teusch, se estableció una alianza sin precedentes con Tokio.

Esta iniciativa pionera en Alemania da testimonio de una Iglesia que mira más allá de sus fronteras y se compromete con el encuentro de culturas. El Papa también mencionó importantes obras de caridad como Misereor y Adveniat, que han contribuido a que Colonia sea un referente en la caridad internacional. «Esta visión de una Iglesia verdaderamente universal […] permanece en el corazón mismo de su identidad». Con estas palabras, el Santo Padre reconoció una fidelidad al Evangelio vivida a lo largo del tiempo.

Pero el discurso no se limita a una reinterpretación del pasado. Adquiere un tono más serio al abordar las crisis contemporáneas. Guerras, pobreza, desplazamientos forzados: todas estas son realidades que afectan a muchos cristianos en todo el mundo hoy en día. «Muchos dependen directamente de tu compromiso y tu bondad para sobrevivir»

Esta declaración otorga al mensaje papal una dimensión concreta y urgente. La Iglesia está llamada a estar presente donde el sufrimiento es más agudo, no de forma abstracta, sino mediante actos reales de solidaridad. El Papa subraya especialmente la necesidad de apoyar a los cristianos en Oriente Medio, para que sus antiguas y valiosas tradiciones no desaparezcan bajo el peso del conflicto. En un pasaje más personal, el Papa León XIV recuerda con gratitud la ayuda que recibió de Colonia cuando era obispo de Chiclayo, Perú. Menciona específicamente la compra de máquinas de oxígeno que salvaron muchas vidas. Este testimonio concreto ilustra lo que significa la caridad cristiana cuando se convierte en acción: una presencia que salva, sostiene y levanta.

Finalmente, el discurso concluye con una dimensión espiritual y mariana. El Papa encomienda a sus invitados a la protección de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, antes de impartirles su bendición apostólica. Este gesto sencillo pero profundo manifiesta la comunión que une al Sucesor de Pedro con quienes trabajan, a menudo entre bastidores, por la misión universal de la Iglesia. Así, a través de este discurso, el Papa León XIV nos recuerda claramente que la Iglesia solo puede ser fiel a sí misma siendo universal y abierta al diálogo, arraigada en la verdad y accesible a todos, humilde en su testimonio y audaz en su caridad.

DISCURSO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A LOS MIEMBROS DE LA OFICINA PARA LA IGLESIA UNIVERSAL Y EL DIÁLOGO
DE LA ARQUIDIÓCESIS DE COLONIA

Sala del Consistorio,
jueves 30 de abril de 2026

«En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.»

¡La paz sea contigo!

¡Hola y bienvenidos!

Les envío mis más cordiales saludos con motivo del quincuagésimo aniversario de la fundación de Weltkirche & Dialog, ahora conocida como la Oficina Diocesana para la Iglesia Universal y el Diálogo. Su visita tiene lugar durante el tiempo pascual, cuando toda la Iglesia se regocija en la Resurrección del Señor y renueva su esperanza en la nueva vida que brota del Misterio Pascual.

Esta es una oportunidad propicia para reflexionar sobre la universalidad de la Iglesia y la importancia del diálogo. A la luz de la Resurrección de Cristo, la Iglesia se reconoce enviada a todos los pueblos, no para imponerse, sino para dar testimonio de la verdad en la caridad. El diálogo, por su parte, fortalece la comunión, abre caminos hacia la comprensión y contribuye a la causa de la paz. Así, Cristo atrae a todos hacia sí y hace de la Iglesia un signo de unidad y esperanza para el mundo.

Estos mismos elementos están profundamente arraigados en la historia de su archidiócesis, que ha demostrado una apertura profética a la dimensión universal de la Iglesia, expresada en la voluntad de encuentro, intercambio y diálogo entre pueblos y culturas. Bajo el liderazgo de Su Eminencia el Cardenal Josef Frings y el Vicario General, Reverendo Josef Teusch, en 1954, la Archidiócesis de Colonia estableció una alianza con la Archidiócesis de Tokio, la primera de su tipo en Alemania. También impulsaron iniciativas de ayuda fundamentales, como Misereor y Adveniat, sentando así las bases para la creación de Weltkirche, Weltmission en 1976. Esta visión de una Iglesia verdaderamente universal, llamada a la solidaridad más allá de las fronteras de Europa y alimentada por una cultura de diálogo, permanece en el corazón mismo de la identidad de su organización.

Animada por este mismo espíritu, la Arquidiócesis de Colonia se convirtió en miembro fundador de la Reunión de Obras de Ayuda para las Iglesias Orientales (ROACO) y, a lo largo de los años, ha brindado asistencia a regiones afectadas por hambrunas, inundaciones, guerras y otras crisis. Además, la Arquidiócesis mantiene relaciones de apoyo con Iglesias en más de cien países, con especial atención a Oriente Medio y las Iglesias Orientales, y también ofrece becas para la formación sacerdotal y asistencia a sacerdotes ancianos. Cabe añadir que, cuando era obispo de Chiclayo, Perú, la Arquidiócesis de Colonia apoyó varias iniciativas, entre ellas la adquisición de máquinas de producción de oxígeno que salvaron muchas vidas. Y aún hoy, la gente de allí está agradecida.

A la luz de esta rica herencia, les expreso mi sincera gratitud por las numerosas iniciativas en las que siguen participando. Gracias a su generoso servicio, la dimensión universal de la Iglesia se hace visible y tangible, fomentando la solidaridad, fortaleciendo los lazos de unidad y dando testimonio del Evangelio de la paz en un mundo tan a menudo marcado por la división y la aflicción. Este testimonio es hoy más necesario que nunca. Muchos de nuestros hermanos y hermanas cristianos se han visto obligados a abandonar sus tierras a causa de la guerra, la violencia y la pobreza, y muchos dependen directamente de su compromiso y bondad para sobrevivir. Por ello, les animo a perseverar en esta misión de caridad, para que puedan seguir experimentando la cercanía de la Iglesia universal. En particular, les pido que continúen apoyando la presencia cristiana en Oriente Medio, para asegurar que estas venerables tradiciones de las Iglesias orientales se conserven, protejan y se den a conocer mejor.

Con estos sentimientos, ruego que estos días de retiro, reflexión y renovación en Roma les fortalezcan y animen. Los encomiendo a ustedes y a sus seres queridos a la protección maternal de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Como muestra de mi cercanía, les imparto con alegría mi Bendición Apostólica.

GRACIAS. «

Por QUENTIN FINELLI.

CIUDAD DEL VATICANO.

JUEVES 30 DE ABRIL DE 2026.

TCH.

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