«Turismo espiritual» de una cismática en el Vaticano: fue sin ningún contenido teológico serio, ni logró progreso concreto de unidad

ACN

* Su oración al lado del Papa, un «conjuro estéril»

En su afán de legitimidad, la controvertida primada anglicana Sarah Mullally parece operar bajo un manto de secretismo. Detrás las muestras de unidad en el Vaticano, no hay clarificación doctrinal ni debate sustancial: un silencio revelador que suscita interrogantes.

El reciente encuentro entre Sarah Mullally y León XIV se presentó como un momento «significativo» en el diálogo entre católicos y anglicanos.

Sin embargo, tras un análisis más detenido, esta visita parece haber sido más un gesto de cortesía cuidadosamente orquestado que un verdadero avance en las relaciones ecuménicas. Porque, al fin y al cabo, ¿qué se dijo realmente? Nada, o casi nada.

Al ser interrogada posteriormente, Sarah Mullally evitó cuidadosamente responder preguntas esenciales, en particular las relativas al sacerdocio femenino, que constituye el núcleo de las discrepancias entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana.

  • En su lugar, ofreció un discurso convencional, superficialmente espiritual pero en última instancia vacío.
  • Esta postura sugiere que la líder anglicana prefiere mantener la ambigüedad en lugar de afrontar las discrepancias doctrinales.
  • Este silencio no es insignificante. Revela una estrategia para ocultar las divisiones con el fin de preservar una apariencia de unidad.

Sin embargo,
la unidad cristiana
no puede construirse
sobre la evasión.

La cuestión de la ordenación de mujeres
no es secundaria;
atañe a la estructura misma de la Iglesia
y a su fidelidad a la Tradición.

El encuentro estuvo marcado por un momento de oración conjunta, que recibió amplia cobertura mediática.

En principio,
la oración siempre es algo bueno.

Pero cuando no se establece
ni una comunión doctrinal
ni una auténtica comunión espiritual…
entonces, esta oración conjunta
da la impresión
de un «conjuro estéril», 
reducido a un símbolo vacío de significado.

Peor aún,
puede parecer
una maniobra mediática,
diseñada para producir
una imagen de unidad
donde persisten profundas diferencias
sin resolver.

En este contexto, cabe destacar la actitud de León XIV. Fiel a la tradición cristiana de acogida, paz y búsqueda de la unidad, el Papa recibió a Sarah Mullally como habría recibido a cualquiera que compartiera este enfoque. Pero no se limitó a meros gestos. El pontífice se preocupó por recordar a todos que aún existen «problemas» entre las dos confesiones, una clara manera de significar que la unidad no puede proclamarse sin estar fundamentada en la verdad doctrinal.

En definitiva,
esta visita
deja una impresión duradera:
la de un encuentro vacío,
una mera visita de turismo espiritual.

Muchos gestos,
muchos símbolos,
pero ningún contenido teológico serio,
ningún progreso concreto,
ninguna confrontación honesta
de las diferencias.

Por lo tanto, es difícil no verla como una simple visita de cortesía y una auténtica maniobra publicitaria. Un encuentro marcado más por las apariencias que por la verdad, salpicado de declaraciones cautelosas, una oración sumamente simbólica y, para muchos, impactante (con Sarah Mullaly dirigiendo la oración junto al Santo Padre), y el intercambio de pequeños obsequios.

Por PHILIPPE MARIE.

CIUDAD DEL VATICANO.

JUEVES 30 DE ABRIL DE 2026.

TCH.

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