No todas esas voces te dan paz

¿A quién estás escuchando realmente en tu vida? No es una pregunta superficial porque todos los días estás escuchando voces, opiniones, consejos, noticias, redes sociales, pensamientos internos, pero si te detienes un momento descubrirás algo inquietante. No todas esas voces te dan paz.

Algunas te confunden, te presionan, te vacían o te llenan de ansiedad. En el Evangelio de hoy Jesús se nos presenta como el buen pastor. Él conoce a sus ovejas, las llama por su nombre y los siguen, a diferencia de los malos pastores que las abandonan.

No es una escena dulce, es una confrontación. Jesús está denunciando a quienes han guiado mal al pueblo y al mismo tiempo revela una verdad decisiva. Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco.

No habla de masas, habla de ti. Te conoce personalmente, sabe lo que vives, lo que cargas, lo que te duele y lo que buscas. La fe no consiste en cumplir cosas sino en reconocer una voz que toque el corazón y da verdad.

Pero Jesús también advierte algo serio. Hay otras voces, voces que no vienen de Dios, voces que vienen del maligno, que vienen del mundo, que prometen mucho pero terminan vaciando y que te dicen, vive solo para ti, no pasa nada si te alejas, Dios no es tan importante, busca solo tu comodidad. Y poco a poco, sin darte cuenta, esas voces te roban la paz, te dispersan por dentro y te alejan de lo esencial.

Hoy lo vemos con claridad, vivimos rodeado de mensajes, no es una, son miles de voces las que te hablan. Y la misma experiencia humana nos muestra que lo que escuchas constantemente va modelando tu manera de pensar, de sentir y de decidir. Si escuchas voces falsas, tu interior se fragmenta.

Si escuchas la voz de Cristo, tu interior se ordena y se fortalece. Por eso Jesús da un paso más y afirma, yo soy la puerta. No solo te orienta, él es el acceso a la vida.

No hay plenitud fuera de él. Puedes intentar llenar tu vida con muchas cosas, bienes, pero al final, si Cristo no está, algo en ti está vacío. Y lo más hermoso es esto, él no viene a quitarte nada, viene a dártelo todo.

Dice, yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Vida abundante no es tener más, es vivir con paz, con sentido, con libertad interior, con un corazón unificado.

Ahora la pregunta vuelve con más fuerza. ¿Qué voces estás dejando entrar en tu vida? ¿Y a quién estás siguiendo de verdad? Porque no puedes seguir todas las voces que te hablan. Al final, una de esas voces terminará marcando tu camino.

Hoy el Señor te invita a una decisión concreta y valiente. Deja de alimentar voces que sabes que te alejan de Dios, ciertos contenidos, ambientes, conversaciones o pensamientos que inquietan tu corazón y empieza a cultivar su voz. Escucha el Evangelio cada día, aunque sea unos minutos. Busca momentos de silencio real, sin distracciones y ponte en mano de Dios.

Y antes de tomar una decisión, por pequeña que sea, pregúntate con honestidad, ¿esto me acerca a Cristo o me aleja? Ahí comienza el verdadero discernimiento. No estás solo entre tantas voces.

Hay una voz que te conoce, que no te engaña, que no te usa, que no te abandona y que quiere darte vida en plenitud. Escúchala, síguela, confía. Y esa es la voz de Jesús, tu buen Pastor porque cuando reconoces la voz del buen Pastor, dejas de andar perdido, empiezas a vivir de verdad. “Señor Jesús, hazme escuchar tu voz y seguirte con docilidad y fidelidad”.

Feliz domingo. Dios te bendiga.

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *