Ha transcurrido una década desde la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia . Francisco buscaba un soplo de «misericordia», pero en realidad, se ha convertido en motivo de seria preocupación doctrinal.
Diez años después,
la observación es clara:
bajo el pretexto del «discernimiento»,
la confusión
se ha instalado
con demasiada frecuencia en las diócesis,
debilitando el dogma
de la indisolubilidad del matrimonio.
Un enfoque pastoral ante la ambigüedad
En Francia, la recepción del capítulo VIII de Amoris Laetitia generó una división silenciosa. En muchas diócesis, como París y Lyon, la implementación de «vías de discernimiento» ha conllevado, en la práctica, un acceso cada vez más frecuente a la Sagrada Comunión para las personas en unión civil reciente.
Para los defensores de la Tradición, este desarrollo plantea un grave problema de conciencia.
¿Cómo conciliar
las palabras de Cristo
sobre el adulterio…
con una práctica
que parece ignorar
el estado de gracia necesario
para recibir la Eucaristía?
El enfoque de «caso por caso» parece haberse convertido en la norma, con el riesgo de transformar el sacramento en un mero rito de integración social.
Revelando las disparidades diocesanas
La variada situación depende de la orientación de los obispos o sacerdotes locales, creando una Iglesia con diferentes ritmos:
Algunas diócesis mantienen con mayor firmeza la práctica tradicional, reiterada por el Papa Juan Pablo II en la encíclica Familiaris Consortio (1981). Existe acompañamiento para personas divorciadas y vueltas a casar, pero se exige «continencia perfecta» a quienes desean recibir los sacramentos, respetando así los votos sacramentales contraídos en el primer matrimonio.
– Por otro lado, estructuras como los equipos “Reliance” o ciertos “centros misioneros” urbanos –que parecen estar mayoritariamente resignados con respecto a la fe– favorecen una “integración plena” sin exigir cambios concretos en la vida, basándose en una interpretación subjetiva de la conciencia.
El espectro del relativismo moral
Diez años después, el temor a un «cisma silencioso» o al relativismo moral persiste.
Para muchos sacerdotes que trabajan sobre el terreno, la presión es intensa. «Se nos pide que acompañemos sin juzgar, pero acompañar también implica esclarecer la verdad de las acciones», confiesa un joven vicario.
La publicación
de Fiducia Supplicans en 2023,
reforzó esta sensación
de un cambio doctrinal,
en el que la pastoral acaba borrando el dogma,
en nombre de una misericordia mal entendida.
Para confirmarlo, SSPX News recibió un testimonio de primera mano: Isabelle y Pierre (nombres ficticios) son un matrimonio divorciado y vuelto a casar en una diócesis de Bretaña.
Isabelle asiste a misa en una parroquia apadrinada por una nueva comunidad, donde el sacerdote la anima a comulgar, a pesar de que ella reconoce no cumplir con los requisitos para recibir la Sagrada Comunión. Su pareja, en cambio, asiste a una parroquia tradicional donde se limita escrupulosamente a la comunión espiritual. Este ejemplo dista mucho de ser un caso aislado.
Si la exhortación Amoris laetitia abrió el banco de la comunión indiscriminadamente a las parejas que se habían alejado de él debido a su estado moralmente reprochable, sembró así dudas sobre la permanencia del compromiso cristiano.
El resultado es una «caridad sin verdad»
que lejos de sanar las almas,
tiende a confirmarlas
en un estado objetivo de pecado.
Fomenta la creencia
de que la recién promovida «misericordia»
—que no es más que una caricatura
de la verdadera misericordia—,
puede anular la ley divina y,
por lo tanto, su justicia.
Esto permite entonces la transición
a la «fiducia suplicante»,
que lleva a creer
que Dios bendice precisamente
las situaciones que condena.
Semejante falsificación
de la voluntad divina,
claramente enunciada en el Evangelio
por nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
es uno de los signos más tangibles
para los fieles
—y para los miembros del clero
que aún conservan
una teología y una conciencia—,
del estado de necesidad
en que se encuentra hoy la Iglesia:
la necesidad de una reforma enérgica
que rectifique los errores
que están haciendo perder almas.
Este estado de necesidad explica también la decisión de consagrar a los miembros en la Sociedad de San Pío X, para preservar la pureza de la fe y la moral mientras se espera esta reforma que, según nos ordena la esperanza en la bondad de su Fundador, no dejará de realizarse en el momento que él haya elegido.
SÁBADO 18 DE ABRIL DE 2026.
LACROIX/ACTUALITÉS.

