Hace dos mil años, Jesús resucitado trajo paz a sus alegres discípulos.
Tomás estuvo ausente el día que Jesús se encontró con ellos. Pero también era un tanto ajeno a la resurrección de Jesús. Para él, parecía tan extraño. Jesús había muerto…¿Y ahora, estaba vivo?
Le tomó mucho tiempo aceptar esta maravillosa buena noticia: ¡ que el amor de Dios es más fuerte que la muerte !
No importa, Jesús resucitado no tiene prisa. Respeta el ritmo de cada uno.
Y también muestra que el sufrimiento lo ha marcado. Muestra sus heridas.
Esta no es una historia simple como un cuento de hadas donde todo lo que dolía…desaparece mágicamente.
Jesús quería vivir la vida de los seres humanos, igual que nosotros, desde el nacimiento hasta la muerte. Nosotros, hoy, no vemos a Jesús… ¡Oh, pero sí lo vemos! A través de la Eucaristía y en los demás.
Una oración:
Señor, tú dijiste: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron». ¡Creo en ti con todo mi corazón!
Una acción:
Dibuja una hermosa paloma con una cruz y escribe en ella: «La paz sea contigo».

Por LUC AERENS.
DOMINGO 12 DE ABRIL DE 2025.
CATHOBEL.

