1. Existe una famosa frase, atribuida por algunos a San Vicente de Lérins y por otros a San Vicente Pallotti, que dice:
Hay papas que Dios da, papas que Dios tolera y papas que Dios castiga ».
Independientemente de la historicidad de esta frase (que algunos incluso consideran apócrifa), sin duda expresa una verdad teológica.
En efecto, el Espíritu Santo actúa en los cónclaves, pero corresponde a los electores responder a sus indicaciones.
Si esta correspondencia no existe, el resultado no será el que Dios dispuso.
En ese caso, quien sea válidamente elegido recibirá de Dios toda la ayuda necesaria para ejercer dignamente su autoridad. Y todos los fieles seguirán estando obligados a reconocerlo como Papa y a orar por él.
2. En 1997, se le preguntó al cardenal Joseph Ratzinger si era el Espíritu Santo quien elegía al nuevo papa en los cónclaves. Él respondió:
No diría eso, en el sentido de que el Espíritu Santo lo elige.
Diría que el Espíritu Santo no toma el control del asunto, sino que, como buen educador que es, nos deja mucho margen, mucha libertad, sin abandonarnos por completo. Así pues, el papel del Espíritu debe entenderse de una manera mucho más flexible, no como si dictara por quién debemos votar.
Probablemente la única seguridad que ofrece es que el asunto no puede arruinarse del todo.
Hay demasiados ejemplos de Papas que, evidentemente, el Espíritu Santo no habría elegido.»

Por CORRADO GNERRE.
JUEVES 9 DE ABRIL DE 2026.
MIL.

