Es la mañana de Pascua.
Todavía está oscuro.
- Oscuro en los corazones de los amigos de Jesús, pues ha sido crucificado y su cuerpo depositado en la tumba de José de Arimatea.
- Oscuro en sus mentes porque, como escribe San Juan, no han comprendido que Jesús ha resucitado y vive para siempre.
En este pasaje del Evangelio, María Magdalena corre a avisar a Simón Pedro y al otro discípulo de que la tumba está abierta y que el cuerpo de Jesús ya no está allí. Los dos corren por turnos para ver qué ocurre. El otro discípulo corre más rápido que Pedro.
Cuando corremos, es porque tenemos prisa, quizás por ir a anunciar buenas noticias…
¿Y si el otro discípulo, aquel cuyo nombre no se menciona, fuéramos nosotros?
Puesto que Jesús ha resucitado, puesto que ha llegado la luz de la mañana de Pascua, ¿por qué no nos apresuramos nosotros también a anunciar esta buena noticia?
Una oración: Señor, tú vives para siempre, me amas. ¡Aleluya! ¡Viva Dios!
Una acción: Frente a nuestra casa, con una cruz que sostiene ramas de palma, recite esta oración al Señor.

Por LUC AERENS

