Derrumbe moral del anglicanismo: el rey y su ‘arzobispa’ abdican de proclamar la fe

ACN
  • El felicita a los musulmanes por el Ramadán, pero en cambio se abstiene de emitir el tradicional mensaje de Pascua.
  • Ella, asumiendo posturas cointrarias a los principios biblicos.

Palacio de Buckingham ha anunciado que el rey Carlos III no emitirá un mensaje de Pascua este año. En su afán por «evitar ofender» a nadie, acaban omitiendo lo verdaderamente importante.

Es una declaración discreta, casi burocrática, pero muy significativa.

Este silencio no es insignificante: llega justo cuando la Iglesia debería proclamar la esencia de la fe cristiana.

Que un soberano,
el Gobernador Supremo
de la Iglesia de Inglaterra,
opte por no pronunciarse en Pascua,
suscita interrogantes.

No se trata
de un simple detalle de protocolo,
sino de una política deliberada.

Sobre todo porque,
apenas unas semanas antes,
el mismo Palacio de Buckingham
no dudó en enviar
un cordial saludo por el Ramadán
a los musulmanes
y distribuir
pequeños paquetes de dulces de chocolate
con tal motivo.

El contraste es evidente. Las declaraciones reales existen para reconocer otras religiones. Desaparecen cuando se trata de afirmar la centralidad del cristianismo.

Este silencio se inscribe en un contexto más amplio: el de una Iglesia Anglicana profundamente afectada por importantes cambios doctrinales, personificados en particular por Sarah Mullally, quien ha asestado el golpe final a una Iglesia que ya se encontraba en declive.

Lejos de gozar de unanimidad,
simboliza la perversión
de una doctrina
que apesta
a un progresismo ideológico
destructivo para la fe cristiana.

Sus posturas públicas son claras.
En temas sociales,
defiende una posición
que no se opone al aborto
ni a las demandas
de los movimientos LGBT
y se presenta como defensora
de la igualdad de género.

Los rumores sobre su vida privada también han puesto de manifiesto la ruptura con un amplio sector de los sacerdotes y fieles de la Iglesia Anglicana.

Este cambio doctrinal no está exento de consecuencias:

*Cuando una Iglesia altera
su relación con la vida,
la familia
y la moral,
entonces
toda su enseñanza se ve afectada.

La coherencia interna flaquea.
El problema no es meramente moral:
es teológico.

Una Iglesia que se alinea
con las categorías del mundo contemporáneo,
deja gradualmente de ser
un signo de contradicción.

Acompaña, pero ya no ilumina.
Valida, pero ya no guía.

En este contexto,
el silencio del rey Carlos III
adquiere un significado particular.

Ya no se trata simplemente
de la ausencia de un mensaje,
sino de un síntoma:
el de una institución
que parece dudar en afirmar
lo que se supone que representa.

La historia del anglicanismo siempre ha estado marcada por las tensiones entre fidelidad y adaptación.

Pero lo que emerge hoy apunta a un desequilibrio más profundo. La adaptación parece haber prevalecido sobre la fidelidad: en el afán de evitar ofender, se termina omitiendo lo esencial.

Este acontecimiento
sirve de advertencia.

La Iglesia no puede sobrevivir
simplemente dejándose llevar
por la corriente.

olo puede dar fruto
manteniéndose fiel
a la verdad que ha recibido.

Entre la postura de Sarah Mullally y el silencio del rey Carlos III, emerge la misma realidad: una Iglesia que lucha por afirmar claramente su fe e incluso parece haberla abandonado.

Por ELIZABETH VIMELE.

VIERNES 3 DE ABRIL DE 2026.

TCH.

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