Hoy, el Señor te invita a subir a Jerusalén

Hoy es Domingo de Ramos, no es un domingo más. Hoy se abre la Semana Santa. Hoy comienzas con toda la Iglesia el camino hacia Jerusalén.

Y la pregunta es directa, ¿vas a caminar con Cristo o sólo vas a observar desde lejos? Porque es muy fácil emocionarte y muy difícil permanecer. Puedes aclamar, puedes cantar, puedes levantar las palmas, pero cuando el camino se vuelve exigente, cuando aparece la cruz, algo dentro de ti duda, se resiste, se repliega. Eso mismo ocurre en el Evangelio.

Jesús entra en Jerusalén y tú estás ahí, lo ves pasar. No viene como esperabas. No hay poder humano, no hay esplendor, no hay triunfo visible. Entra humilde en Jerusalén, montado en un burrito. Y, sin embargo, algo en tu interior reconoce que ahí está Dios. Por eso gritas, ¡Hosanna al Hijo de David!

Pero esa emoción no es todavía fe madura, porque ese mismo Jesús será rechazado días después. No porque Él haya cambiado, sino porque el corazón humano cambia cuando Dios no responde a sus expectativas. Tú no rechazas a Dios porque no lo reconozcas, sino porque no es como tú quisieras.

Jesús no viene a resolver tu vida según tus criterios. Viene a salvarte desde dentro, incluso pasando por la cruz, y eso desconcierta. En la pasión todo se vuelve espejo.

Pedro eres tú cuando prometes fidelidad y luego fallas. Pilato eres tú cuando sabes lo que es correcto, pero no te atreves a sostenerlo. La multitud eres tú cuando sigues a Cristo mientras te conviene, pero te alejas cuando te incomoda.

Y, sin embargo, estás llamado a algo más alto, a permanecer en el Señor, a acompañarlo. Tu propio corazón está configurado para buscar lo inmediato, lo cómodo, lo que evita el dolor. Por eso te cuesta la cruz, pero también está hecho para cambiar.

Cuando repites actos de fe, cuando sostienes la atención en Dios, incluso sin sentir, tu interior se transforma. Eso es la conversión, una decisión sostenida que va reeducando tu vida. Por eso este día no es sólo una celebración, es una decisión caminar con Jesús hasta la cruz.

Hoy el Señor te invita a subir con Él a Jerusalén, no como espectador, sino como discípulo, a caminar con Él en su pasión, a no huir de la cruz, a descubrir que allí y sólo allí se abre el camino de la vida. Como dice San Pablo, si morimos con Cristo, también reinaremos con Él. Esta Semana Santa no es para descansar de Dios, sino para entrar más en Él.

Los días que vienen no son simplemente días libres, son días santos. Son para venir a la iglesia, vivir la liturgia, guardar silencio, meditar, unirte interiormente a la pasión del Señor. No los dejes pasar como cualquier otra semana.

Hoy puedes dar un paso muy concreto. Decide participar con fe en los momentos centrales de la Semana Santa, asistiendo a los días santos a la iglesia. Dedica cada día unos minutos reales de oración ante la cruz.

Renuncia a algo que te aparta de Dios y entrégaselo conscientemente. No esperes sentir para acercarte, acércate y tu corazón aprenderá  porque la fe verdadera no es la que grita Hosanna un día, sino la que permanece junto a la cruz cuando todo parece perdido. Y sólo quien camina con Cristo hasta la cruz descubre desde dentro que ahí comienza la vida nueva.

“Señor Jesús, que no me aparte de Ti en la cruz, enséñame a caminar contigo hasta el final. Hoy subo contigo a Jerusalén para estar contigo y vivir contigo tu pasión, tu muerte y tu resurrección”.

¡Feliz domingo! Dios te bendiga.