La arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez confirmó este lunes el hallazgo sin vida del padre Juan Manuel Zavala Madrigal, vicario parroquial de la iglesia de San Marcos Evangelista en Ocotepec, Chiapas.
El sacerdote desapareció la noche del domingo 8 de marzo tras oficiar una misa en una comunidad cercana y su cuerpo fue localizado en las inmediaciones del centro ecoturístico Laguna Verde en el municipio de Coapilla. Las autoridades estatales han iniciado investigaciones para esclarecer las causas de su muerte, aunque preliminarmente no se han reportado signos evidentes de violencia.
De acuerdo con reportes iniciales, el padre Zavala Madrigal salió rumbo a San Andrés Carrizal después de la celebración eucarística, pero nunca llegó a su destino. Horas más tarde, habitantes locales encontraron su vehículo Jetta negro con placas DMD-885-K, junto a su mochila, sotana y objetos religiosos en el barrio San Juan de Coapilla. Tras una búsqueda infructuosa durante la noche, el cuerpo fue descubierto la mañana del lunes por residentes de la zona, quienes alertaron a las autoridades. La Fiscalía General del Estado de Chiapas abrió una carpeta de investigación para determinar si se trató de un hecho accidental o si hay elementos de criminalidad involucrados.
En un comunicado, la arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez expresó su profundo pesar por el «lamentable hecho» que arrebató la vida al presbítero, destacando su dedicación pastoral. «Entregó su vida para acompañar a las comunidades», señaló la diócesis, recordando su trayectoria de 36 años de servicio en parroquias como San Juan Bautista en Ocozocoautla. La institución eclesial pidió oraciones por su eterno descanso y colaboración con las autoridades para esclarecer los hechos, sin especular sobre las causas. Este incidente ha conmocionado a la comunidad católica chiapaneca, donde el padre Zavala era conocido por su cercanía con las poblaciones indígenas y su compromiso con el anuncio del Evangelio en zonas rurales afectadas por la pobreza y la inseguridad.
Este suceso se inscribe en un contexto alarmante de violencia contra miembros de la Iglesia católica en México, particularmente durante los sexenios de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y Claudia Sheinbaum Pardo (2024-presente). Según el Reporte Anual 2025 del Centro Católico Multimedial (CCM), entre 2018 y 2025 se registraron al menos 13 asesinatos de sacerdotes, sumados a tres desapariciones. Durante la administración de López Obrador, se documentaron 10 homicidios de sacerdotes y uno de un seminarista, con casos emblemáticos como el del padre Ícmar Arturo Orta en Tijuana (2018), los jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora en Cerocahui, Chihuahua (2022) y el padre Javier García Villafaña en Michoacán (2023).
En el periodo inicial de Sheinbaum (2024-2025), el CCM reporta tres asesinatos adicionales: el padre Marcelo Pérez Pérez en Chiapas (2024), el padre Bertoldo Pantaleón Estrada en Guerrero (2025) y el padre Ernesto Baltazar Hernández Vilchis en el Estado de México (2025).
El CCM enfatiza que los sacerdotes son percibidos como «estabilizadores sociales» que obstaculizan el control de grupos criminales en comunidades vulnerables, lo que los convierte en blancos frecuentes. Desde 1990 hasta 2025, se han registrado 92 eventos violentos contra la Iglesia, incluyendo 62 asesinatos de sacerdotes, un cardenal y varios laicos. Aunque el número de homicidios disminuyó ligeramente respecto al sexenio anterior (2012-2018, con 19 sacerdotes asesinados), la violencia persiste con nuevas modalidades, como ejecuciones en fuego cruzado o desapariciones forzadas.
En Chiapas, la muerte del padre Zavala Madrigal evoca el caso del padre Marcelo Pérez en 2024, asesinado en medio de conflictos por el control territorial entre cárteles. Aunque las autoridades no han confirmado un móvil criminal en este nuevo incidente, organizaciones como el CCM y defensores de derechos humanos urgen a una investigación exhaustiva, considerando el patrón de agresiones. «La Iglesia no es ajena al dolor del pueblo», señaló un portavoz eclesial, recordando que estos hechos no solo afectan a la fe, sino a la cohesión social en regiones marginadas.

