Tapaticidad: La «vista gorda» del Padre «Lolo»

ACN

Está como el Tío Lolo, se hace tonto solo.

No son pocas las voces que han señalado la facilidad con las que los líderes religiosos aceptan sin reservas las aportaciones económicas de personas cuyas actividades no son del todo lícitas. El mismo texto del Evangelio señala cómo Jesús cuestionó a quienes haciendo gala de piedad y devoción, aprovechan de las viudas para obtener su patrimonio. Hay quien menciona que la caridad es un uso que legitima y vuelve bueno el dinero, independientemente de su origen, asumiendo que mientras se destine a un supuesto bien mayor, será asunto entre el Pastor y el Creador.

Así lo ha entendido un gran número de prelados y para ejemplo el obispo de Aguascalientes, quien no tuvo empacho en señalar: “El dinero se purifica”,  y señaló en su momento, hace más de 2 décadas, que no es responsabilidad de la Curia el origen de los bienes que reciben como limosna, que a él no le importaba que el óbolo entregado estuviera manchado de sangre por venir de personas dedicadas al crimen organizado, lo cual es una muestra del infinito cinismo que ha permeado entre los clérigos que se acercan al dinero y al poder.

Así se ve cuando un párroco como el reconocido Padre “Lolo”, que presume de repartir en la navidad 10,000 cenas a un número igual de familias, envía una carta al juez que instruye en los Estados Unidos la causa por delitos graves que afectan la vida y la salud de incontables personas a ambos lados de la frontera, pidiendo clemencia para el hijo del recientemente fallecido jefe del Cartel Jalisco.

No es posible que alguien de quien existen pruebas de que ha ordenado ejecuciones y enviado toneladas de sustancias prohibidas, pueda ser en algún contexto un “católico practicante y tocado por la misericordia de Dios”. Duele el cinismo y la inmoralidad de este mal pastor que se olvida que lo que más ha dañado a la Iglesia es la falta de claridad y transparencia, que la enseñanza obliga a desconfiar del rico y poderoso para optar por los pobres.

Lo que vemos es que, en su insensata fascinación con el dinero y el poder, en su búsqueda para destacarse entre otros por sus enormes actos de caridad, se deslumbre y ponga a la Iglesia en entredicho.

Se queda corto el Arzobispo de Guadalajara al llamarlo imprudente e inexperto, pues el “influencer” Padre “Lolo” vive en un mundo a años luz del Padre “Trampitas”, jesuita que dedicó 40 años de su vida pastoral a ser preso entre los presos y pobre entre los pobres de las Islas Marías, y solo cuando su edad y enfermedades impidieron seguir con su obra, vino a Guadalajara donde falleció.

La absoluta falta de tacto del cura “Lolo”, vuelve actuales las palabras que el papa Francisco dirigió a los obispos mexicanos en su visita a México en el 2016 cuando señaló:

No le tengan miedo a la transparencia, la Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen sus miradas para que no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad, no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones de los acuerdos debajo de la mesa, no pongan su confianza en los carros y caballos de los faraones actuales…”.

Pero para el Padre “Lolo”, que seguramente pasa por alto que al menos en ese momento uno de cada tres sacerdotes asesinados en todo el mundo moría en México, que el territorio nacional es el lugar más peligroso para ejercer el sacerdocio. Será porque “Lolo” vive en una zona privilegiada, lejos de la Sierra Tarahumara, lejos de los pobres, a los que visita una vez al año para fotografiarse entregando una cena que nada tiene que ver con el menú de sus feligreses y nunca, aunque se manifieste dispuesto, ha pisado Puente Grande.

El Padre “Lolo” es el ejemplo de la debilidad humana que señalaba Francisco respecto al crimen organizado:

Les ruego por favor no minusvalorar el desafío ético y anticívico que representa para la juventud y para la entera sociedad mexicana, comprendida la iglesia”.

Así las cosas, el gusto del cura Dolores por el poder y el dinero, quedan registrados y hoy salpican a todos quienes confiaron en él como ejemplo de ministerio.

Lo cierto es que los actos de este cura tapatío no son tan lejanos de líderes religiosos como Emir Macedo, propietario, con todas sus letras de “Pare de sufrir”, la iglesia universal del reino de Dios, que se ha enriquecido de la miseria de sus fieles. O del depredador hoy preso en los Estados Unidos, Naasón Joaquín, máximo jerarca de la Luz del Mundo. Cuando el dinero se entrelaza, tanto con el ejercicio de dirección espiritual, usando las palabras del clérigo, se vuelve crimen o al menos complicidad.

Hay regiones en las que la iglesia, se ha puesto del lado de las comunidades y no del lado de los líderes de las organizaciones criminales; territorios de violencia donde procurar la paz y el respeto a la vida es arriesgarse a una bala. Allí es donde se debe trabajar, con los de abajo, con los “muchachos” y halcones, con los habitantes de pueblos que viven bajo la ley del cartel, en esos lugares que ni por asomo imagina el Padre “Lolo”.

La realidad en la que navega el Padre “Lolo” es privilegiada, pues la Conferencia del Episcopado Mexicano ha pedido a las autoridades que garanticen la seguridad no solo de sacerdotes y monjas, sino de todos quienes integran las comunidades religiosas ante la violencia, extorsión y amenaza a que son sometidos en gran parte del territorio nacional. Así mismo ha señalado la creciente impunidad que permite a los criminales actuar sobre la Iglesia en particular y sobre la población en general.

En fin, muchos tapatíos esperamos que el jalón de orejas al joven, impetuoso e inexperto Padre “Lolo” no se quede en eso y que la Diócesis lo envíe a lugares en donde él puede ejercer su brillante ministerio y hacer buenos católicos entre quienes viven en el delito, las adicciones y la violencia.

Parroquias con estas características sobran en el territorio de la misma, y quiera Dios que allí, en el terreno de las víctimas del crimen organizado, donde hasta la Iglesia paga piso, y lejos de los poderosos, pueda repetir no solo el milagro del pan y los peces, sino la conversión y la reconciliación que son tan necesarios en todas las comunidades.

Por LUIS MIGUEL MARTÍNEZ.

GUADALAJARA,JALISCO,MEXICO.

MARCATEXTOS.

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