Las bienaventuranzas no te quitan la vida

Déjame preguntarte algo muy concreto. ¿Dónde estás buscando tu felicidad? Porque trabajas, te esfuerzas, luchas, te preocupas, pero ¿eres verdaderamente feliz?

El mundo te dice que la felicidad está en tener más, controlar más, ser reconocido, no perder nunca. Y tu cerebro, naturalmente, busca seguridad, estatus y recompensa inmediata. Está programado para evitar el dolor y buscar el poder y el placer.

Y entonces Jesús sube al monte, nos da las bienaventuranzas y lo cambia todo. Y Él dice, ‘dichosos los pobres de espíritu, dichosos los que lloran, dichosos los mansos…’

Humanamente esto parece absurdo. Nuestro sistema emocional asocia pobreza con carencia, llanto con fracaso, mansedumbre con debilidad. Pero Jesús no está exaltando el sufrimiento. Te está enseñando a tener un corazón libre, a descubrir dónde está la verdadera felicidad.

El pobre de espíritu es el que no vive apoyado en sí mismo, sino que sabe que su vida está en las manos de Dios. El que llora es el que no se ha enriquecido, sino el que le da sentido a su sufrimiento porque lo pone en las manos de Dios.

El manso es el que no necesita imponerse. El que tiene hambre de justicia no se conforma con una vida cómoda, sino que busca la justicia, vela por el derecho de los que son pisoteados. Y después vienen los frutos, misericordia, pureza interior, trabajo por la paz. Es el corazón que ha sido transformado.

Finalmente Jesús es claro. Si vives así, puede haber persecución, incomprensión porque el mundo se incomoda ante quien no juega con sus reglas.

Mírate esta semana y pregúntate ¿Cuánto te altera perder el control? ¿Cuánto te duele no ser reconocido? ¿Cuánto te cuesta perdonar? ¿Cuánta energía gastas defendiendo tu ego? Cuando reaccionas desde el orgullo o la amenaza se activa tu sistema defensivo. Pero cuando eliges mansedumbre y misericordia activas circuitos de regulación, compasión y paz interior. Es decir, el Evangelio no solo es santo, es profundamente sabio, es profundamente humano.

Las bienaventuranzas no te quitan vida, te liberan del desgaste interior. Esta semana salgo muy práctico. Practico una pobreza interior, es decir, deja de tener la última palabra.

Practica mansedumbre, es decir, responde sin agresividad. Practica la misericordia, es decir, perdona una ofensa concreta. Practica el hambre y sede justicia, ayuda al desamparado que lo necesita.

No busques una emoción espiritual, busca una decisión concreta. La felicidad cristiana no es euforia, es coherencia con Cristo, con su palabra, con el Evangelio.

Jesús no describe un ideal inalcanzable, utópico. Está describiendo su propio corazón. Él fue pobre de espíritu, fue manso, fue misericordioso y perseguido. Desde la cruz parecía derrotado, pero Él era el hombre más pleno, fue libre, fue extraordinario en su manera de enseñarnos a vivir esta nuestra vida terrena.

La verdadera dicha no consiste en que nada te falte. Consiste en que Dios te baste, que Él sea todo en tu vida. Hoy decide cambiar de lógica.

Deja de perseguir la felicidad como el mundo la define y empieza a vivirla como hijo de Dios, como Él te la propone las bienaventuranzas que escuchamos hoy en el Evangelio.

¡Feliz domingo! Dios te bendiga.

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