* La medida pone en tela de duda la integridad moral de todos los sacerdotes
Presentada como una «medida preventiva» respecto a los menores, esta decisión plantea interrogantes sobre su lógica: la propia Iglesia parece poner en tela de juicio la confianza que se debe hoy a los sacerdotes.
La lucha contra la violencia sexual en la Iglesia católica se ha declarado una prioridad en varias diócesis francesas.
En Mayenne, este enfoque fue confirmado por el obispo Matthieu Dupont durante un encuentro con la prensa local el miércoles 21 de enero de 2026, con motivo de sus felicitaciones de Año Nuevo a los medios de comunicación. Durante esta reunión, el obispo de Laval anunció una serie de medidas concretas destinadas a limitar las reuniones a puerta cerrada en las actividades de la Iglesia que involucran a menores .
Estas decisiones se refieren, en particular, a la remodelación de ciertos locales, como las salas de catecismo, pero también de los confesionarios de la Basílica de Pontmain. El texto utilizado es explícito: «Los confesionarios de la Basílica de Pontmain también se modificarán, respetando la privacidad que estos lugares requieren».
Esta declaración marca un cambio significativo. El confesionario, lugar habitual para el sacramento de la penitencia, se integra ahora en una lógica de prevención física, motivada por los crímenes cometidos por algunos sacerdotes en el pasado. En Pontmain, reconocido lugar de peregrinación mariana, esta decisión tiene un peso simbólico que trasciende la diócesis de Laval.
Los delitos y ofensas sexuales
cometidos por miembros del clero,
constituyen graves ofensas
que exigen
verdad,
justicia
y reparación.
Sin embargo,
su existencia no justifica
que se arroje sospecha general
sobre todo el clero,
ni que se alteren
las prácticas sacramentales tradicionales,
como si ellas
fueran intrínsecamente problemáticas.
Este enfoque afecta directamente a los sacerdotes actuales, especialmente a los más jóvenes:
- Se forman en un entorno exigente, sujetos a normas estrictas, evaluaciones continuas y una supervisión rigurosa.
- A pesar de ello, las decisiones tomadas dan la impresión de que deben ejercer su ministerio bajo constante sospecha, como si ya no se pudiera confiar en ellos.
- Por lo tanto, estas medidas resultan inconsistentes.
- Por un lado, la institución afirma la responsabilidad personal de los culpables y reconoce los avances en formación y prevención.
- Por otro lado, adopta medidas visibles que sugieren que las estructuras materiales tradicionales de la Iglesia están intrínsecamente en riesgo.
Al intentar tranquilizar a la opinión pública mediante mejoras materiales, la Iglesia corre el riesgo de socavar la relación de confianza entre sacerdotes y fieles.
La prevención
no puede basarse únicamente
en cambios estructurales,
de mobiliario,
especialmente cuando
afectan prácticas fundamentales
de la vida sacramental.
Combatir el abuso es esencial e incuestionable. Pero requiere una respuesta proporcionada, basada en la responsabilidad individual y la claridad moral.
De lo contrario, la Iglesia corre el riesgo de aparecer como una institución que, ante las deficiencias del pasado, recurre a culpar a quienes sirven hoy.
Por FABIEN FERTAL.
DOMINGO 25 DE ENERO DE 2026.
TCH.

