El cardenal llama la atención sobre el ambiente litúrgico en las iglesias. Lamenta que algunas a veces sean «tan ruidosas como un estacionamiento».
En un contexto marcado por el debilitamiento de la práctica religiosa y una fe a menudo relegada a la esfera privada, un cardenal estadounidense invita a los católicos a redescubrir gestos sencillos, visibles y estructurantes capaces de devolver la coherencia cotidiana a la vida cristiana.
El cardenal Timothy Dolan, arzobispo emérito de Nueva York, publicó recientemente una serie de vídeos cortos en la cadena de entretenimiento para adultos para animar a los fieles a revivir las prácticas católicas tradicionales que, según él, están desapareciendo. Su mensaje gira en torno a hábitos concretos, vividos tanto en la familia como en la vida parroquial.
- Uno de los primeros puntos abordados es la presencia de un crucifijo en el hogar. El cardenal nos recuerda que «la cruz es el centro de nuestra vida, el centro de la salvación», enfatizando que colocar un crucifijo en casa manifiesta públicamente la identidad cristiana de la familia y su referencia explícita a Jesucristo como guía y Salvador.
- Esta dimensión doméstica de la fe se amplía con la invitación a consagrar el hogar al Sagrado Corazón de Jesús, una práctica ancestral de la tradición católica.
El cardenal ve esto como una manera de cimentar la vida familiar en una relación estable y de confianza con Cristo.
- También anima a la oración diaria: por la mañana para ofrecer el día al Señor y pedir su ayuda, y por la noche para dar gracias, practicar el autoexamen y, cuando sea necesario, expresar contrición.
Cree que esta oración regular nos permite enmarcar el día con un momento espiritual al principio y al final. En la vida social, el cardenal Dolan también menciona el discreto pero real testimonio de la oración antes de las comidas. Hacer la señal de la cruz y dar gracias a Dios, incluso en un lugar público como un restaurante, sigue siendo para él un acto sencillo que nos recuerda el lugar de Dios en la vida diaria.
- La misa dominical ocupa un lugar central en su argumento. Insiste en que no es simplemente una práctica devocional, sino que constituye un pilar de la vida católica y un requisito coherente con la obediencia a Cristo.
- En esta misma línea, llama a redescubrir la penitencia del viernes, recordando la antigua práctica de los sacrificios ofrecidos ese día, en particular la abstinencia de carne, en memoria del día en que Cristo murió en la cruz.
- Finalmente, el cardenal llama la atención sobre el ambiente litúrgico en las iglesias.
Lamenta que algunas sean a veces «tan ruidosas como un aparcamiento» y aboga por el retorno al silencio y la contemplación antes de la misa, para prepararse interiormente para «la mayor de todas las oraciones» y el sacrificio eucarístico.
Tras estos llamamientos se esconde una observación más amplia. El debilitamiento de la identidad católica no siempre se manifiesta en rupturas dramáticas, sino en una acumulación de renuncias discretas. Cuando la oración se vuelve ocasional, cuando se abandona la penitencia y cuando el silencio desaparece de las iglesias, la fe corre el riesgo de quedar reducida a una experiencia privada y cómoda.
Al enfatizar la importancia del crucifijo en el hogar, la oración diaria, el silencio antes de la misa y la penitencia del viernes, el cardenal Dolan no propone un regreso nostálgico al pasado.
Destaca gestos modestos pero estructurantes, capaces de transmitir la fe sin largos discursos y de devolver a la liturgia el lugar y la reverencia que merece. Desde esta perspectiva, la vida cristiana se construye menos sobre lemas que sobre hábitos concretos, visibles y persistentes, vividos tanto en la familia como en la parroquia.
Por MARIE DELORME.
LUNES 19 DE ENERO DE 2026.
TCH.

