Con un llamado urgente a romper la normalización de la violencia y asumir una corresponsabilidad colectiva, líderes de la Iglesia católica, la Compañía de Jesús, académicos, víctimas y organizaciones civiles presentaron este lunes el Segundo Diálogo Nacional por la Paz. El evento, que se realizará del 30 de enero al 1 de febrero de 2026 en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), en Guadalajara, reunirá a más de 1,370 personas de todo el país para pasar de la escucha al acto concreto: construir una paz territorial, sostenible y más allá de los ciclos sexenales.
En la rueda de prensa realizada en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) el 12 de enero, Mons. Héctor M. Pérez Villarreal, secretario general de la CEM, resumió el momento histórico que vive el país: “México enfrenta esta encrucijada histórica, esta decisión histórica entre seguir tolerando y administrando la violencia donde en medio sobrevivimos, o enfrentarnos con verdaderas propuestas para construir la paz”.
El proceso nació del dolor profundo, el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, junto al guía de turistas Pedro Palma, en Cerocahui, Chihuahua, en junio de 2022. Ese crimen, enmarcado en cientos de miles de homicidios y desapariciones forzadas, detonó un movimiento de escucha sin precedentes: más de mil foros en todo el territorio nacional, más de 20 mil voces documentadas de víctimas, comunidades indígenas, jóvenes, empresarios, académicos, iglesias y organizaciones civiles.
Del Primer Diálogo Nacional por la Paz, celebrado en 2023 en Puebla, surgió la Agenda Nacional de Paz y un diagnóstico participativo demoledor, amplios territorios donde el Estado ya no gobierna, donde la violencia se ha convertido en la única ley y las instituciones han retrocedido ante el crimen organizado. Aquel encuentro culminó con la firma de compromisos por la paz de tres candidatos presidenciales, nueve gobernadores y más de 600 aspirantes a presidencias municipales. De allí se derivaron 14 acciones locales prioritarias como el apoyo a víctimas, espacios de diálogo, educación para la paz, cuidado del medio ambiente, participación ciudadana y justicia restaurativa, entre otras.
En estos tres años se han formado 26 equipos territoriales en igual número de entidades federativas, cada vez más plurales y articulados, con alianzas entre universidades, cámaras empresariales, iglesias, colectivos de víctimas y gobiernos locales. , coordinadora del Diálogo, subrayó que llegan “muchísimo más articulados” que en Puebla: “Hemos logrado formar equipos territoriales en 26 estados, con representación de empresas, sociedad civil, iglesias, víctimas, empresarios. Nos hemos convertido en un interlocutor válido para gobiernos de todos los niveles, madres buscadoras y organizaciones”.
La diversidad de participantes que se congregarán en el ITESO refleja la amplitud del movimiento que ha convocado a 320 integrantes de equipos estatales, 160 de municipios pioneros, 40 obispos, 75 sacerdotes, 210 laicos (con énfasis especial en jóvenes), 70 jesuitas, 100 universitarios, 50 empresarios, 50 víctimas constructoras de paz, 50 representantes de otras confesiones religiosas y 50 organizaciones civiles, entre otros. Esta composición plural busca garantizar que ninguna voz quede fuera y que la paz se construya desde todos los sectores de la sociedad.
El Segundo Diálogo está estructurado en tres días intencionados conforme al siguiente programa: “Miramos” (30 de enero), para enfrentar las causas estructurales de la violencia (desigualdad, impunidad, economías criminales, falta de oportunidades); “Interpretamos” (31 de enero), para recoger metodologías exitosas locales e internacionales (con participación de embajadores de Irlanda, Noruega y Suiza); y “Actuamos” (1 de febrero), para construir por estado un “Diálogo local por la paz” que identifique recursos, necesidades y compromisos concretos, culminando en una celebración eucarística.
Se informó que durante el encuentro se presentarán 10 metodologías concretas desarrolladas y probadas en diversos territorios del país entre los que se encuentran la atención a víctimas y búsqueda de personas, círculos de paz en el sistema penitenciario, círculos de Integración, círculos familiares, círculos de paz en las escuelas, espacios seguros para el buen convivir, empresas por la paz, sanar para construir la paz, proyecto de vida en jóvenes y espacios de encuentro e integración en contextos de movilidad
Estas herramientas, sistematizadas a lo largo de tres años de trabajo territorial, incluyen desde el acompañamiento a familias buscadoras hasta iniciativas de salud mental en la Sierra Tarahumara (que ya ha beneficiado a unas 6,000 personas), pasando por modelos de policía de proximidad y proyectos de reconstrucción del tejido social en cárceles y escuelas.
Jorge Atilano González Candia, SJ, director ejecutivo, subrayó el cambio de fase: “Ya no buscamos qué está pasando, sino que cada quien en el país nos sumemos, asumamos de manera corresponsable la tarea de construir la paz”. El P. Luis Gerardo Moro Madrid, SJ, provincial de los jesuitas en México, recordó que “durante décadas hemos normalizado la violencia, las desapariciones, la impunidad, la corrupción, la injusticia y el dolor de tantas familias”. Y añadió: “No puede haber paz sin justicia, pero un país que no es capaz de tener memoria histórica para ver hacia adelante jamás tendrá paz ni justicia”.
Se lanzó una convocatoria abierta a autoridades de todos los niveles y partidos, iglesias, empresarios (“la paz es el mejor clima para los negocios, pero es necesario invertir en ella”), sociedad civil y especialmente a los jóvenes: “Esta es su oportunidad de construir el país en donde quieren vivir, no donde quieren escapar”.
En el segundo año del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, el Diálogo ha priorizado mesas con familias buscadoras para propuestas técnicas municipales y estatales de acceso a la justicia, ha compartido un modelo de policía de proximidad con la Secretaría de Seguridad y ha colaborado en emergencias en Chiapas y Michoacán, siempre apostando por fortalecer instituciones locales en lugar de “diplomacias impuestas”.
La esperanza, según los ponentes, no es ingenuidad ni optimismo mágico, es una decisión consciente de no claudicar. Mons. Pérez Villarreal evocó “el corazón noble del mexicano, la sensibilidad espiritual, la importancia de la familia y la comunidad”. Hernández complementó: “La esperanza es no darnos por vencidos, articularnos y actuar desde lo que cada quien hace”.
Con 250 proyectos implementados en 2025 y la certeza de que “México no está condenado a la violencia”, el Segundo Diálogo Nacional por la Paz busca convertir la paz en política de Estado y convicción compartida. Como concluyeron los organizadores: “La paz o es compartida o no será”. Guadalajara se prepara para ser el epicentro de esa exigencia colectiva.
En la presentación participaron Héctor M. Pérez Villarreal, secretario general de la CEM y obispo auxiliar de México; el padre Jorge Atilano González Candia, SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz; el padre Luis Gerardo Moro Madrid, SJ, provincial de la Compañía de Jesús en México; Ana Paula Hernández, coordinadora del Diálogo Nacional por la Paz; Elena Azaola Garrido del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y el hermano Luis Felipe González Ruiz de la Conferencia de Superiores Mayores Religiosos de México.


