En los últimos días, la dinámica internacional ha ido mucho más allá del tradicional enfrentamiento diplomático: la acción militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, ha dividido profundamente a la opinión pública mundial.
Según una encuesta de Only Numbers, el 56,9% de los italianos considera ilegítima la intervención estadounidense en Venezuela. Este porcentaje va más allá de una simple crítica; refleja una profunda desconfianza hacia el uso de la fuerza y la erosión del derecho internacional en favor de dinámicas de poder, en particular tras la incautación de petroleros venezolanos «en la sombra» con bandera rusa.
Los datos de la encuesta muestran una clara división entre los votantes de centroderecha y centroizquierda. Dentro de la coalición gobernante, existe cierta simpatía por la acción estadounidense: más de la mitad de los votantes de Hermanos de Italia (54,3%) y una parte significativa de la Liga (41,8%) creen que la captura de Maduro es legítima. Sin embargo, entre los votantes de Forza Italia, solo un tercio comparte esta opinión (33,3%), mientras que la oposición se alinea con la visión predominante de su ilegitimidad. Es particularmente significativo el hallazgo de que los jóvenes italianos son los más críticos con la intervención militar […].

Este sentimiento va más allá de un solo episodio: aproximadamente el 67,7% de los italianos cree que la política exterior de Donald Trump está generando mayor inestabilidad en el mundo. Esta generalizada sensación de incertidumbre es comprensible considerando tanto el estilo de comunicación de Trump como la naturaleza poco convencional de sus acciones en Venezuela: una operación que muchos observadores y comentaristas consideran incompatible con los principios fundamentales del derecho internacional.
A todo esto se suman los designios estadounidenses sobre Groenlandia […] que mantienen a todos en vilo. La Italia republicana, tradicionalmente una «hija de Occidente» y protegida por el paraguas atlántico, siente hoy una profunda vulnerabilidad.
[…] Al mismo tiempo, si observamos los resultados de las encuestas en varios países de la UE, nos damos cuenta de que muchos europeos están empezando a percibir a Estados Unidos ya no como un «aliado privilegiado», sino como un «socio necesario», con una voluntad basada cada vez más en compromisos en favor de intereses económicos específicos, más que como garante de un orden colectivo compartido.

Desde esta perspectiva, la Unión Europea […] es percibida por la mayoría de los italianos —y muchos europeos— como lenta, burocrática y dividida. Esta percepción alimenta la idea de que la seguridad europea está constantemente a merced de actores externos, en lugar de ser una fuerza autónoma capaz de proteger intereses comunes.
[…] El verdadero problema no es solo la acción militar en sí, sino el modelo de política exterior que encarna: rápido, unilateral y orientado a resultados inmediatos, en lugar de negociador, multilateral y basado en normas compartidas. En contraste con este enfoque, Europa, a pesar de todas sus imperfecciones, sigue representando un laboratorio de normas, instituciones y cooperación.
Sin embargo, si continúa presentándose ante sus ciudadanos como aplastada entre los monopolios de poder (económico y de otro tipo) de Estados Unidos, China y Rusia, sin una estrategia de defensa independiente y, si es necesario, una proyección ofensiva, ni un papel político claramente definido, la UE corre el grave riesgo de caer en la irrelevancia en un mundo cada vez más dominado por grandes potencias rivales.

Por ALESSANDRA GHISLERI.
LUNES 12 DE ENRO DE 2026.
«La Stampa»

