Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias

- EL BAUTISMO DEL SEÑOR -

+ Del santo Evangelio según san Mateo:  3,13-17

         En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? Jesús le respondió: Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias.

Palabra del Señor.        R.Gloria a ti, Señor Jesús.

COMENTARIO:

  1. Con este domingo terminamos el tiempo de Navidad; en efecto, el tiempo litúrgico de Navidad abarca desde el día solemnísimo de Navidad hasta esta Fiesta del Bautismo del Señor, pues hemos celebrado en este tiempo los misterios del nacimiento, la infancia y la vida oculta de Jesús. Esta fiesta en efecto, marca el término de la vida oculta de Cristo y el inicio de su predicación pública.
  2. Esta Fiesta del Bautismo del Señor litúrgicamente ocupa el lugar del I Domingo del Tiempo Ordinario, por ello a partir del lunes estamos ya en dicho tiempo. Dichas estas notas litúrgicas, meditemos en el Evangelio de este domingo.
  3. En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? : el Pueblo creía equivocadamente que Juan el Bautista era el Mesías; veían en Juan un hombre de Dios, un profeta; para Juan el Bautista hubiera sido muy fácil hacerse pasar por el Mesías, sin embargo, él sabe, y así lo declara, que su  misión es presentar a Cristo, el verdadero Mesías, ante el Pueblo de Israel (cf. Lc 1,76), olvidándose de sí mismo, y gozándose en el cumplimento de su misión de señalar que Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1,29), el que redimirá al Pueblo y a la humanidad de todos sus pecados. San Juan Bautista nos da ejemplo de encontrar nuestro lugar en el plan de salvación como colaboradores de Dios, nunca como los protagonistas de la salvación de nadie, pues el Redentor es sólo uno y nosotros somos siervos inútiles (cf. Lc 17,10) de la obra de la salvación.
  4. Jesús le respondió: Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere. Entonces Juan accedió a bautizarlo: Jesús estaba absolutamente libre de todo pecado, no necesitaba bautizarse en absoluto, sin embargo, nos muestra su humildad acudiendo a Juan el Bautista para que lo bautice. Los Padres de la Iglesia hablan de que no es el bautismo el que santifica a Cristo, sino Jesús que santifica y consagra todas las aguas del mundo, para que tengan la eficacia purificadora y redentora en el Santo Bautismo.
  5. Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: ‘Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias : una vez bautizado Jesús, desciende sobre Él  el Espíritu Santo; el Espíritu Santo es la tercera persona divina de la Santísima Trinidad, Dios como el Padre y el Hijo, siendo el misterio de Dios tres personas divinas en un solo Dios verdadero; el Espíritu Santo es invisible e inmaterial, pero desciende sobre Jesús en forma sensible como de una paloma, obviamente no que el Espíritu Santo sea una paloma, sino adoptó la forma sensible como de una paloma.
  6. Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias: se oyó la voz del Padre celestial declarando solemnemente que Jesús es su amadísimo Hijo; en efecto, Cristo es el Hijo de Dios, eterno como el Padre, y amadísimo por el Padre; por ser Jesús el Hijo de las complacencias del Padre es que su sacrificio en la cruz constituye la redención del género humano, pues ese acto de sacrificio del Hijo agrada infinitamente al Padre, redime a todo el género humano y obtiene el perdón y la misericordia para todos los pecados de la humanidad.
  7. Así, por el sacrificio redentor de Cristo, en nuestro bautismo hemos sido purificados de todos nuestros pecados y hermosamente hemos sido hechos hijos de Dios, realmente hijos de Dios, no como una expresión poética sino como una realidad: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! (1 Jn 3,1).
  8. Gocémonos pues siempre en nuestro bautismo, recordando que es Cristo mismo quien nos ha bautizado a través del sacerdote; y en el bautismo Cristo nos participa de su misterio pascual, nos participa de su pasión, muerte y resurrección, haciéndonos plenamente hijos del Padre celestial y coherederos del Reino eterno.
  9. Por ello, nosotros debemos celebrar como un cumpleaños nuestro bautismo, como nuestro nacimiento como hijos de Dios, templos de la Santísima Trinidad, miembros de la Iglesia y herederos de la vida eterna.
  10. Que la Virgen Santísima nos ayude a conducirnos siempre en nuestra vida como verdaderos hijos de Dios y templos de la Santísima Trinidad, tal y como fuimos constituidos en el hermoso y bendito día de nuestro bautismo.
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