El tiempo de espera

Isaías 7,10-14 Salmo 23 Romanos 1,1-7 Mateos 1,18-24

La espera de la santísima VIRGEN MARÍA debe ser tenido en cuenta como ejemplo del modo de vivir la Esperanza cristiana. Todavía nos queda este cuarto domingo de Adviento antes de la celebración de la Navidad como el acontecimiento del nacimiento de CRISTO. El SALVADOR va a nacer y pocas personas lo saben. Con una conciencia clara del próximo nacimiento del SALVADOR sólo cabe fijarnos en MARÍA. Crecemos en la virtud teologal de la Esperanza, fijándonos ahora en la persona y sucesos que acontecieron en la vida de la sanísima VIRGEN. Los verdaderos modelos de vida atestiguan el conjunto de dones y virtudes que los caracterizan, y por ese motivo ofrecen un alto grado de persuasión. La santísima VIRGEN MARÍA es merecedora de toda nuestra confianza, tal y como nos la describen los textos de la Revelación. Desde el Génesis, el primer libro de la Biblia, se comienza a vislumbrar la intervención extraordinaria de la MUJER que aplaste por su DESCENDENCIA la cabeza de la serpiente primordial, que por envidia trajo la muerte al mundo (Cf. Sb 2,24). La muerte se generalizó, abarcando de forma progresiva las distintas áreas de la esfera humana. Las luces del escenario inicial se fueron apagando y el hombre se vio desposeído de unos atributos, que le hubieran favorecido el paso por este mundo de otra forma distinta y mucho más favorable. La condición corporal y material del hombre y su condición fragmentada nos hicieron, por otra parte, sujetos salvables: DIOS todavía tenía posibilidad de intervenir en nuestra vida para salvarnos, respetando el inalienable principio de libertad. Esta decisión divina se revela en el primer anuncio de Salvación, o protoevangelio: “pongo enemistad entre ti y la MUJER, entre su DESCENDENCIA y la tuya. Tú intentarás morder su calcañar, pero ella te pisará la cabeza” (Cf. Gen 3,15). Es bien conocido este texto, pero su contenido ha de ser objeto de una consideración frecuente. La serpiente o Satanás trabajará incansablemente por incrementar un linaje o descendencia, que se oponga y enfrente al de la MUJER. La victoria está del lado de la MUJER como bien sabemos, pero la serpiente, o Satanás, busca para la condenación a los otros hijos de la MUJER. La persecución arrecia de diversas formas según los tiempos como queda reflejado en el libro del Apocalipsis (Cf. Ap 12,12.17). Por su parte, DIOS es fiel a su Plan de Salvación, al que no renuncia en momento alguno. Todo el Antiguo Testamento es un gran Adviento de preparación y espera activa del MESÍAS -UNGIDO o CRISTO-, que habría de venir para aplastar la cabeza del Adversario, la serpiente primordial o diablo.

Nueve meses antes

JESÚS, el HIJO de DIOS y de MARÍA va a nacer en Belén. La representación de las múltiples formas de belenes nos devuelven por medio de los sentidos al momento concreto e histórico del nacimiento. Las grandes bondades de estas representaciones no se cuestionan por un momento, pero debemos leer una y otra vez la Escritura para completar con nuestra inteligencia del hecho, lo que la apreciación sensorial no puede ofrecer. Todavía en este cuarto domingo de Adviento estamos a tiempo de remitirnos a nueve meses atrás para considerar lo que ocurrió en la Concepción del VERBO. Siglos de Historia de Salvación, que tiene como protagonista principal al Pueblo de Israel. Siglos de espera y preparación que subrayan la “paciencia de DIOS” (Cf. 2Pe 3,15). Hace más dos mil veinticinco años, en Nazaret dentro de la Baja Galilea, vivía MARÍA, muy joven, con a penas unos dieciséis años, y el Ángel Gabriel se le presentó (Cf. Lc 1,26-38). El Ángel Gabriel venía con un doble objetivo en su misión: decirle a MARÍA lo que DIOS quería de ELLA y su consentimiento con objeto de dar cumplimiento a la Divina Voluntad. La joven VIRGEN MARÍA sólo quiere salvar un escollo en el anuncio que le formula el Ángel. La Encarnación es infinitamente más grande que cualquier otra cosa, por lo que salvar la virginidad de MARÍA no entraña problema alguno para DIOS y se anota en el haber de la santidad de MARÍA, por su opción de no llegar a conocer varón, como se deduce del contexto según algunos autores y confirma la Iglesia. MARÍA pronuncia, entonces, el “hágase en MÍ” que abre las puertas de par en par a la intervención de DIOS. Por san Lucas sabemos lo que la santísima VIRGEN MARÍA le dice a DIOS a través del Ángel Gabriel. La carta a los Hebreos, por su parte, nos informa del pleno sentido que el VERBO ofrece en su Encarnación con las palabras del Salmo treinta y nueve: “es imposible que la sangre de toros y machos cabríos borre pecados; por eso al entrar en este mundo, dice: sacrificio y oblación no quisiste, pero me has formado un cuerpo, sacrificios y oblaciones por el pecado no te agradaron; entonces dije, he aquí que vengo, oh DIOS, para hacer tu Voluntad” (Cf. Hb 10,5-8). DIOS prepara un cuerpo en el seno de la VIRGEN MARÍA. Las palabras se quedan cortas para describir y valorar este momento, en el que es unánime la adoración de todos los Ángeles, que reconocen a su SEÑOR en la humillación más insospechada: DIOS -el HIJO, el VERBO- se hace hombre, y está escribo: “al entrar su HIJO en el mundo, adórenle todos los Ángeles de DIOS” (Cf. Hb 1,6). Desde el momento en el que el VERBO de DIOS toca o asume la forma humana de JESÚS de Nazaret, ÉL se queda dentro de la naturaleza misma del HIJO de DIOS, o Segunda Persona de la santísima TRINIDAD. Esto forma parte esencial del Cristianismo y marca una diferencia absoluta con cualquier otra religión. Pero todavía debemos dar un paso más en esta aproximación. La interacción entre el VERBO de DIOS y JESÚS de Nazaret tiene un alcance cósmico, de tal manera que en todo el Universo, DIOS está de una forma nueva. Todo lo creado se dispone para la cristificación, o avance hacia la plenitud en CRISTO como punto Omega (Cf. Ap 1,8); o plenitud total en el AMOR manifestado por CRISTO, en virtud de Cruz y Resurrección. La santísima VIRGEN MARÍA está asociada de forma única y singular a todo este Plan de Salvación Universal. No se puede rebajar el papel de la VIRGEN MARÍA en la corredención, pues todos los bautizados somos corredentores, dado que “completamos en nuestra carne los dolores de CRISTO por su Iglesia” (Cf. Col 1,26). Si esto es así para cualquier discípulo que sigue a JESÚS, cuál no será el papel que juega la VIRGEN MARÍA en la Salvación. Nos tocará en otro momento abrir algo el panorama del papel atribuido a MARÍA, la MUJER, en el evangelio de san Juan, en el que resalta aún con más propiedad la corredención de MARÍA.

EMMANUEL

DIOS no eligió para manifestarse al pueblo más poderoso, sino a uno que supiese poner todas sus aspiraciones y necesidades en ÉL. DIOS estaba y sigue estando dispuesto a superar de forma sobrada las aspiraciones y necesidades de todo tipo, que su Pueblo tenga. Los versículos del capítulo siete, del profeta Isaías, sobre el EMMANUEL, provienen de una situación de acoso de potencias extranjeras y de conductas mejorables por parte de las autoridades judías. El profeta es portavoz de una palabra clave para los judíos de aquel momento y para todos los creyentes de cualquier época: “si no creéis no subsistiréis” (Cf. Is 7,9b). La desproporción entre el imperio asirio y el reino de Judá era muy grande, y sólo la intervención divina podía resolver las cosas a favor de Israel. La fuerza de la que dispone el Pueblo elegido es YAHVEH que está a su disposición por medio de la fe. DIOS quiere manifestar a los hombres en todo momento que ÉL tiene el Poder, y la Fe no es una confianza vacía de contenido. El Pueblo elegido aspira a tener un rey que ejerza de verdadero vicario de YAHVEH. La paz permanece como la aspiración principal y para ello se necesita un rey verdaderamente ungido por YAHVEH. Ese rey ungido por el espíritu de YAHVEH será un Emmanuel. Tengamos presente que todavía en los tiempos antiguos no se consideraba al ESPÍRITU SANTO como Persona Divina, pues la TRINIDAD es una revelación que pertenece al Nuevo Testamento. La unción era una presencia especial de DIOS que se servía de una bendición. Los reyes eran ungidos y llamados a ser los intermediarios de YAHVEH para el Pueblo con la administración de justicia y la aplicación de la Ley mosaica en sus distintas disposiciones.

El SEÑOR dará una señal

Las señales aportan algunas referencias sobre las causas de algo que está para producirse. Las señales también remiten al autor de algún suceso o acontecimiento. La Biblia registra peticiones de señales a DIOS para aceptar una misión o identificar su presencia. En nuestro tiempo la misma Fe es el signo de la presencia de DIOS. Se piden signos, pero DIOS por su cuenta dará uno que tendrá capacidad de mostrar de forma evidente la presencia de lo alto: “el SEÑOR mismo os va a dar una señal: pues bien, he aquí que una doncella embarazada, va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre EMMANUEL” (Cf. Is 7,14). La lectura atenta de este versículo no puede dejar de sorprender. DIOS por su cuenta va a dar una gran señal, y nos dispone a esperar algo espectacular, fuera de lo común para dejar estupefactos a todos los que esperan la señal. La extraordinaria señal consiste en significar de forma especial la gestación de la vida en el seno de una joven virgen. Israel necesita un rey que traiga la paz al Pueblo, pero sigue el mismo camino de cualquier hombre para venir a este mundo. Una joven doncella va a transmitir las mejores cualidades al rey que se va a poner al frente del Pueblo como lugarteniente de DIOS mismo. Este versículo de Isaías se lee como una acción continua que se va realizando pero el cumplimiento pleno y definitivo será con la aparición de JESÚS de Narazet, cuando “llegado el tiempo el CRISTO nace de MUJER bajo la Ley para rescatar a todos los que estaban bajo la Ley” (Cf. Gal 4,4). La lectura inmediata del texto parece aplicable al nacimiento y reinado de Exequias que procuró un tiempo de relativa paz al Pueblo. Los profetas no sólo nos señalan el camino hacia el MESÍAS mediante sus oráculos o palabras recibidas del SEÑOR, sino que lo hacen también cuando interpretan los hechos o acontecimientos que surgen con los ojos de la Fe que busca en todo momento la voluntad de DIOS.

Genealogía de JESÚS según san Mateo

El evangelista san Mateo comienza la genealogía de JESÚS mencionando a David en primer término por representar la realeza y a Abraham como punto de partida de una alianza que DIOS establece con toda la humanidad. Para algunos la distribución de la genealogía en tres bloques de catorce generaciones refuerza la condición real de JESÚS. Catorce es la suma de las letras del nombre de David. Algunos buscaban expresar mediante el simbolismo de los números realidades espirituales. A esta práctica se la conoce como “gematría”, que consiste en atribuir a las letras, en hebreo, un valor numérico. La condición de REY por parte de JESÚS es una vertiente que interesa al evangelista san Mateo y en distintas parábolas lo refleja. Según el profeta Miqueas, este REY nacerá en Belén (Cf. Mq 5,2), lugar original de David. Tanto José como MARÍA provienen de la Casa de David, aunque la monarquía había desaparecido hacía varios siglos. La mala trayectoria de la mayoría de los reyes de Israel no eclipsó del todo a David como rey de Israel, con el que el reino se había extendido notablemente. A pesar de sus páginas oscuras, David supo volver arrepentido al SEÑOR, que confirmó de su descendencia la aparición del MESÍAS. La verdadera realeza de JESÚS trascendía absolutamente las condiciones históricas del pasado y del tiempo mismo en el que vivió: a Pilato, JESÚS le dice: “mi Reino no es de este mundo” (Cf. Jn 18,36). A DIOS la historia concreta de los hombres le importa, y no sólo es la Escritura ámbito de Revelación, sino también las propias instituciones humanas. Los profetas anuncian a JESÚS con su palabra y comportamiento; y según el libro de la Sabiduría, los reyes de este mundo deberían aprender la verdadera Sabiduría que viene de DIOS para así regir a los pueblos encomendados según la Divina voluntad. Por tanto, los reyes están llamados a ser hombres de DIOS, dejando a un lado las glorias mundanas. Al rey se le otorga un estatus de autoridad y poder que no le pertenece en propiedad, sino para que revierta en favor de los que le son encomendados. En esta línea quería DIOS la inserción de su HIJO en la humana institución de la realeza. El letrero que penderá de la Cruz de JESÚS recogerá a modo de mofa y sarcasmo: “Rey de los judíos”, pero la verdad es mucho más grande: JESUCRISTO es el REY del Universo, aunque los poderes del mundo no se lo reconozcan de momento. El NIÑO que nacerá en Belén de Judá es verdaderamente el REY.

Sencilla narración de los hechos

“La generación de JESUCRISTO fue de esta manera: su MADRE, MARÍA, estaba desposada con José. Antes de empezar a estar juntos se encontró embarazada por obra del ESPÍRITU SANTO” (Cf. Mt 1,18). La generación de JESÚS siendo humana se produjo de forma extraordinaria. Sólo MARÍA aporta el componente humano, por lo que se requiere un verdadero milagro a la hora de la concepción. El texto no entra en los detalles de la alteración de las leyes biológicas, que implica por tanto una intervención milagrosa en el plano biológico. MARÍA queda embarazada por obra del ESPÍRITU SANTO y es el evangelista san Lucas quien da más detalles de este momento (Cf. Lc 1,26-38). Lo anterior sucede en el periodo previo a la boda denominado desposorio, que era un tiempo de compromisos formales y las trasgresiones tenían graves consecuencias.  La convivencia bajo el mismo techo marcaba la diferencia entre el desposorio y el matrimonio que, por supuesto, suponía la intimidad conyugal. Ante el hecho extraordinario de la generación de JESÚS no fue obstáculo admitir la virginidad perpetua de la VIRGEN MARÍA, dado que el mismo DIOS había ocupado para la generación de JESUCRISTO el primero y único lugar en la conyugalidad por obra del ESPÍRITU SANTO. Cosas tan extraordinarias las narra el evangelista de modo sencillo y directo. JESÚS de Nazaret es hombre como nosotros, pero especial. La gestación del HIJO de DIOS en el seno de la VIRGEN MARÍA también tuvo que ser del todo singular, favoreciendo las características psíquicas de Jesús. No faltaron la protección y ayudas espirituales especiales para la gestación del HIJO de DIOS. JESÚS se va a librar del trauma que todos los seres humanos padecemos al nacer, aunque minutos después no se evitan algunas inclemencias del ambiente. Mínimamente comenzaba la lucha por la supervivencia con la presencia incondicional de la VIRGEN MARÍA y san José. Pero para este momento todavía faltan unos días.

José, el hombre justo

“Su marido, José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto” (v.19). Recordamos que desde el momento de la concepción virginal transcurren unos meses, en los que MARÍA está fuera de Nazaret, concretamente en Ain Karim, como nos narra san Lucas (Cf. Lc 1,39). Entre un lugar y otro había unos ciento treinta kilómetros; que era una distancia respetable para aquellos tiempos. Viajar era arriesgado y de forma especial para una mujer joven como lo era la VIRGEN MARÍA. A la vuelta de Ain Karim, después de algo más de tres meses en casa de Zacarías e Isabel su pariente, MARÍA vuelve a Nazaret. José podía empezar a notar cambios en la fisonomía de su prometida. Este versículo revela la noche oscura por la que pasa José, que no quería bajo ningún concepto denunciar a su prometida. No menos dolorosa tuvo que resultar para la VIRGEN MARÍA aquella situación, en la que, por prudencia, ÉLLA tenía que esperar en silencio la intervención de DIOS, que en todo momento había tenido la iniciativa. Cualquier palabra suya -de MARÍA- podría sonar a una autojustificación sospechosa. No sabemos el tiempo que duró el primer silencio fuerte por parte de DIOS. Las rosas llevan sus espinas y en este caso provocan heridas. La confianza de José se pone a prueba con rasgos heroicos: la confianza en DIOS y en MARÍA su prometida. De momento la confianza en MARÍA estaba a punto de quebrarse totalmente, aunque él estaba adoptando una postura heroica, optando por una convivencia sin más compromiso que aparentar una cierta normalidad inexistente. Hay que disponer de una gran fortaleza personal para aceptar una disposición de ese tipo. A esto podía llevar el repudio en secreto. Una renuncia de esas características se da cuando existe un gran amor hacia esa persona, a la que no se quiere perjudicar, aún en daño propio. En este caso el amor superaría de largo el margen de lo justo. MARÍA podía ser considerada como adúltera y su destino era la lapidación. De momento MADRE e HIJO se van a salvar, pero dentro de unas décadas condenarán al HIJO por blasfemo y lo harán colgar de la Cruz.

El cambio de planes

“Así lo tenía pensado José, pero el Ángel del SEÑOR se le presentó en sueños, y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar a MARÍA, tu mujer, porque lo engendrado en ELLA es del ESPÍRITU SANTO” (v.20). San José es un hombre de DIOS, y se conduce en la vida buscando la Divina Voluntad, aunque tal cosa no le impide analizar los hechos para adoptar un criterio y postura personal. Una gran noche oscura se cierne sobre san José, al que sólo DIOS puede sacar de su tribulación. DIOS tiene distintos medios para hacerse entender en el diálogo con los hombres. Los sueños tienen carácter de Revelación cuando obedecen a intervenciones divinas. San José recibe en sueños la verdad de los hechos sobre MARÍA, que lo están llevando a unas decisiones muy dolorosas. El Ángel del SEÑOR se aparece y habla en sueños. El Ángel del SEÑOR enviado de DIOS o mensajero, que actúa en distintas ocasiones con misiones específicas. En grandes acontecimientos interviene el Ángel de YAHVEH, como en el momento de la liberación del Pueblo elegido de la esclavitud egipcia (Cf. Ex 3,1ss). También san José tiene relación directa con el acontecimiento único de la Salvación de los hombres, y cuenta con la intervención del Ángel de YAHVEH para ir por delante en la historia que está por venir. San José tiene que superar las decisiones tomadas con sus criterios y categorías religiosas, pues lo que vive la VIRGEN MARÍA es del todo extraordinario, y no se atiene a patrón establecido. MARÍA no le ha sido infiel, y por tanto no puede ser repudiada. MARÍA pertenece al misterio mismo de DIOS, que se manifiesta con Poder para la Salvación de los hombres. MARÍA sigue siendo su mujer en el orden natural y civil, pero MARÍA ha sido objeto de una intervención extraordinaria por parte de DIOS, que cambia todos los planes y perspectivas de los hechos. San José empieza a darse cuenta que su papel es el de Custodio del REDENTOR y de su MADRE. También el SEÑOR habla en sueños, afianzando convicciones profundas, que descartan cualquier posibilidad de fantasías oníricas. Para que el mensaje profético arraigue en el sueño, la persona dispone de un mundo subconsciente muy bien ordenado. San José despertará habiendo dado un gran paso en el camino de Fe. Como los grandes hombres de la Biblia, san José se enfrenta en una encrucijada imposible de resolver si DIOS no interviene. Los mensajes dados por el Ángel del SEÑOR en los sueños son lo suficientemente esclarecedores. La impronta dejada por el Ángel de YAHVEH es la de certeza, veracidad y diligencia con el aporte suficiente de fortaleza para resolver la situación según la Divina Voluntad. Este sueño revelador no va destinado al catálogo de las anécdotas, sino que afecta al cambio de vida radical. San José con propiedad puede ser considerado también como el Custodio de la Fe.

Anuncio del SALVADOR

“MARÍA dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre JESÚS, porque ÉL salvará a su Pueblo de sus pecados” (v.21) San José recibe en la revelación nocturna el conocimiento o vocación del NIÑO que va en el seno de MARÍA. El NIÑO dará cumplimiento a todo lo que anunciaron los profetas. No sabemos las dudas que pudieron ensombrecer todavía el alma de san José, pero el SEÑOR había intervenido con Poder en su alma. Su papel era insustituible. Él era el varón más digno de acompañar a la VIRGEN MARÍA y poner Nombre al NIÑO que habría de nacer en los próximos meses: “tú le pondrás por Nombre, JESÚS”. San José conocía las Escrituras y podía identificar en este anuncio al Siervo de YAHVEH, de Isaías, que carga con los pecados de los hombres (Cf. Is 53,4-5). Pero todavía se desprende un aspecto de capital importancia: el NIÑO será quien perdone los pecados del Pueblo. ¿Quién es este NIÑO, si sólo DIOS puede perdonar pecados? Perfectamente, san José pudo hacer la anterior reflexión. Todo estaba siendo dispuesto en el plano de lo extraordinario en medio de unos sucesos ignorados por todos, pero vividos particularmente por ellos.

Cumplimiento de las Escrituras

“Todo esto sucedió, para que se cumpliera el oráculo del SEÑOR por medio del profeta: ved que la VIRGEN concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por Nombre EMMANUEL, que significa, DIOS-con-nosotros” (v.22-23). El texto recordado pertenece al profeta Isaías, que recoge numerosas profecías de carácter mesiánico. A tiempo y destiempo, utilizando una fórmula de san Pablo, los profetas buscaron las expresiones más inteligibles para anunciar lo que DIOS pensaba realizar en medio de su Pueblo. San José como hombre justo, guardaba el sábado y sin duda acudía a la sinagoga para las oraciones comunitarias y la enseñanza de la Escritura. La pregunta retórica del Deuteronomio se repite de muchas formas a lo largo del tiempo: ¿Hay algún pueblo, que tenga los dioses tan cerca como lo está el SEÑOR de su Pueblo? (Cf. Dt 4,7). DIOS, el SEÑOR, está íntimo, próximo, nos guarda y protege (Cf. Slm 138,1ss). DIOS nos da la Ley con sus normas, preceptos y mandamientos, y todo ello constituye un gran legado de ciencia y sabiduría espiritual. Nada queda fuera de la esfera religiosa con una referencia siempre a YAHVEH, que en ocasiones se hace en el reconocimiento del propio alejamiento. Pero YAHVEH es el -DIOS con nosotros-, que permanece fiel a sus promesas. ÉL dará un REY y MESÍAS que salvará al Pueblo definitivamente, a pesar de los tristes ejemplos dados por la mayor parte de los reyes habidos. Quien va a manifestarse en este mundo excede las mismas profecías, pues DIOS mismo viene. Las palabras de san Pablo se cumplen con especial incidencia cada día que avanzamos en el curso de los acontecimientos: “ahora estáis más cerca que cuando empezasteis a creer. La noche está avanzada y el día está para despertar, pertrechaos con las armas de la Fe” (Cf. Rm 13,11-13). Lo que se inició en la Encarnación sigue su curso de forma especial en la sacramentalidad de la Iglesia, y de forma especial en la EUCARISTÍA. En cada sagrario o custodia, el HIJO de DIOS pone su tienda entre nosotros (Cf.  Jn 1,14). DIOS está con nosotros para alimentarnos.

Transformación interior

“Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del SEÑOR le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (v.24). El sueño es visto en ocasiones como una metáfora del misterio o el momento en el que se dejan a un lado las resistencias y nos acercamos a DIOS. Por otro lado tenemos los sueños como manifestación directa de la acción transformadora de DIOS en el alma de la persona. La mujer, Eva, es creada a partir del profundo sueño que DIOS infunde a Adán, extrayéndole una costilla con la que va a formar a Eva la primera mujer, que es la madre de todos los vivientes (Cf. Gen 2,22;3,20). Después de aquel sueño todo su entorno cambió para Adán, pues se había encontrado con “la ayuda adecuada” (Cf. Gen 2,18). Toda la armonía, belleza y fecundidad presentes alrededor eran del todo insuficientes e insatisfactorios para Adán. Cuando Eva apareció ante él, entonces el Edén -Paraíso- encontró su verdadero contenido. El sueño transformador de José viene en un contexto muy distinto del anteriormente descrito. El orden de las cosas dado en el principio fue alterado y todo entró en el carácter de redimible, pues el pecado trastocó el orden inicial de las cosas. José se encuentra en una dolorosa encrucijada personal, y con interrogantes cuya respuesta humana es desalentadora. San José mantendrá la Fe en DIOS y en MARÍA, su esposa, porque DIOS ha tocado su corazón de forma extraordinaria. Los sueños reveladores de san José estaban destinados a resolver la incertidumbre del presente, aunque sus consecuencias nos afectaban a todos los hombres. San José es parte fundamental de la Sagrada Familia, y DIOS cuenta con él para cuidar directamente del SALVADOR de todos los hombres en las primeras etapas del crecimiento personal. San José sale de aquel sueño con un nuevo corazón preparado para establecer una relación según DIOS con MARÍA su esposa. Quedan por delante muchos episodios en los que unos y otros irán creciendo “en Gracia y Sabiduría” (Cf. Lc 2,52).

San Pablo, carta a los Romanos 1,1-7

Presentación del Apóstol

“Pablo, siervo de CRISTO JESÚS, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de DIOS” (v.1) San Pablo no fundó las comunidades cristianas de Roma, pero tiene un interés especial en visitarlas: quiere encontrarse con los cristianos de allí para ahondar en la comunión de la Gracia, y por conseguir el apoyo logístico que le permita llegar hasta España, como nos dice por dos veces al final de esta carta. El nombre de Pablo en su origen significa “pequeño”, aunque en otro tiempo hubiera sido uno de los perseguidores más temido de los propios cristianos. Él, ahora, se ve como “siervo de CRISTO JESÚS”; y como bien sabemos el paso de perseguidor a siervo se produjo en la revelación tenida en el “camino de Damasco” (Cf. Hch 9,1ss). San Pablo sirve a la causa de JESÚS el CRISTO; y todo el resto es para él “basura y pérdida” (Cf. Flp 3,8). Como queda dicho, la disposición para el servicio no vino de la propia iniciativa, sino de una llamada expresa, de ahí que nos diga que es apóstol por vocación en estricto sentido, pues el SEÑOR lo llamó y le mostró lo que tendría que padecer por el Evangelio (Cf. Hch 9,15-16). San Pablo es escogido de forma especial para predicar el Evangelio, porque podía distinguir con precisión el alcance de la Ley y la novedad de la Gracia traída por JESUCRISTO.

Promesa

“El Evangelio que había prometido por medio de los profetas en las Escrituras sagradas” (v.2). El profeta es el operario de la Palaba, que anuncia el Amor de DIOS a los hombres. Enseñanzas, consejos, exhortaciones, advertencias o reprensiones, forman parte de la tarea encomendada al Profeta mediante la predicación. Por otra parte, el profeta está para mantener la Esperanza que mira a la realización futura de las promesas. El Evangelio es el gran anuncio del Amor incondicional de DIOS a los hombres. Muchas profecías del Antiguo Testamento están en función de la aparición del MESÍAS y de los tiempos propiamente mesiánicos.

El mismo JESUCRISTO es en realidad el Evangelio

“A cerca de su HIJO nacido de la estirpe de David según la carne” (v.3). Es el HIJO quien posee la autoridad suficiente para transmitir a los hombres el Amor incondicional del PADRE. “Quien conoce al PADRE es el HIJO, y aquel a quien el HIJO se lo quiera revelar” (Cf. Mt 11,27). La Casa de David por su simbolismo de realeza es la encargada de acoger la condición humana del MESÍAS. Más aún, una vez extinguida la monarquía el linaje permanece para ofrecer la condición humana al MESÍAS que se manifestará. El MESÍAS no será un líder político o social con rasgos carismáticos, sino el propio HIJO de DIOS. La mesianidad de JESÚS excede todas las previsiones ofrecidas sobre el MESÍAS.

El HIJO

“Constituido HIJO de DIOS con Poder, según el ESPÍRITU de santidad por su Resurrección de entre los muertos, JESUCRISTO SEÑOR nuestro” (v.4). Como descendiente del linaje de David, el MESÍAS es verdadero hombre; y después de haber pasado por la muerte en Cruz, la Resurrección y Ascensión a la derecha del PADRE; entonces el MESÍAS queda constituido definitivamente como HIJO de DIOS. El hombre, JESÚS de Nazaret, que se unió al VERBO de DIOS ha vencido en virtud de su Resurrección y Ascensión a la diestra del PADRE. (v.4). Lo que se pueda predicar del VERBO eterno de DIOS incluye a JESÚS de Nazaret desde el momento en el que es llevado a la derecha del PADRE y adquiere todo Poder y Gloria, quedando indisolublemente unido para siempre.

Todas las gracias

“Por quien recibimos la Gracia y el apostolado para predicar la obediencia de la Fe, a gloria de su Nombre entre todos los gentiles (v.5). Todos los gentiles están llamados a recibir el don del Evangelio. Todos los gentiles deben saber que DIOS los ama desde siempre y los espera por el camino de la conversión. San Pablo llama a todos los gentiles por medio del Evangelio. La obediencia de la “Fe” se vive escuchando con agradecimiento el Anuncio del Amor de DIOS para extenderlo a través de convenientes relaciones personales. El Amor cristiano que nace en el corazón de JESÚS está dado para extenderse a todos los hombres. Todos los hombres están llamados a dar y recibir de este Amor Misericordioso, que se traduce en acciones concretas. Las comunidades cristianas nacen de la comunión fraterna, pues de otro modo serían una estructura artificial al servicio de intereses egoístas.

Los de Roma

“Entre los elegidos estáis también vosotros, llamados de JESUCRISTO. A todos los amados, que estáis en Roma, llamados por vocación, santos por vocación a vosotros Gracia y Paz de parte de DIOS nuestro PADRE y de nuestro SEÑOR, JESUCRISTO” (v.6-7). El Apóstol no sólo predica, sino que también bendice en el Nombre del PADRE y de nuestro SEÑOR JESUCRISTO. DIOS llama a todos los gentiles, pero no todos aceptan la Gracia al mismo tiempo. Por contagio o a modo de vasos comunicantes, la Fe se va extendiendo. Casi siempre la difusión de la Fe, o las experiencias religiosas cristianas surgen a través de alguna persona o grupo en el que se manifiesta el ESPÍRITU SANTO.