La Pasión de Cristo de Iztapalapa: gratitud de un pueblo que sobrevivió a la epidemia de cólera, hoy es ‘Patrimonio Mundial’

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En una época en la que la fe cristiana es a menudo perseguida o relegada a la esfera privada, la inscripción de la Pasión de Cristo de Iztapalapa en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad recuerda una realidad esencial: el cristianismo sigue moldeando pueblos y culturas enteras.

El 10 de diciembre de 2025, en Nueva Delhi, durante la 20.ª sesión de su Comité Intergubernamental, la UNESCO inscribió la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa, al este de la Ciudad de México, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Esta decisión
reconoce una tradición católica popular,
nacida de un voto de fe en el siglo XIX
y transmitida,
ininterrumpidamente,
por las comunidades locales.

La resolución registrada bajo el número 20.COM 7.b.32, reconoce una de las expresiones contemporáneas más destacadas de la piedad popular católica, profundamente arraigada en la vida religiosa y social de Iztapalapa, una vasta colonia popular ubicada al oriente de la Ciudad de México.

La recreación
de la Pasión,
Muerte
y Resurrección de Cristo,
se originó en el siglo XIX,
tras una epidemia de cólera
que asoló a la población local.

Los habitantes,
tras sobrevivir a la plaga,
hicieron el voto solemne
de organizar una procesión anual
en acción de gracias.

Este acto de fe,
nacido en medio de las dificultades,
evolucionó gradualmente
hasta convertirse
en una representación integral
de los misterios centrales del cristianismo,
vivida públicamente
como una confesión colectiva de fe.

  • Los preparativos para la Pasión de Cristo en Iztapalapa comienzan ya en diciembre. Durante varios meses, las comunidades locales se dedican a los ensayos, la formación de actores, la creación artesanal de vestuario y una extensa organización logística.
  • Todo culmina en la Semana Santa, durante la cual se recrean los principales pasajes de los Evangelios, desde la entrada de Cristo en Jerusalén hasta la Crucifixión y Resurrección.
  • El ciclo concluye el 3 de mayo con una ceremonia para bendecir la cruz, un momento de reflexión que recuerda el significado espiritual y sacrificial del conjunto.

Los habitantes de Iztapalapa
son los verdaderos custodios
de esta tradición.
Participan en ella como actores,
organizadores,
artesanos,
portadores
y animadores,
asegurando así
la continuidad
y transmisión
de la fe recibida.

Un comité organizador facilita el intercambio intergeneracional y garantiza la fidelidad de la representación, mientras que las autoridades locales, la Iglesia Católica y los comerciantes brindan apoyo, sin sustituir jamás el papel central de los fieles.

Si bien la Pasión de Cristo en Iztapalapa atrae ahora a varios millones de visitantes, el reconocimiento de la UNESCO no se basa únicamente en su magnitud. Subraya la capacidad de esta tradición para fortalecer la cohesión comunitaria, promover la solidaridad y preservar un patrimonio vivo estrechamente vinculado a las artes escénicas, la artesanía tradicional y la práctica religiosa católica.

En Iztapalapa, la Semana Santa no se limita a conmemorar un acontecimiento pasado; revive el corazón del año litúrgico, invitando a creyentes y espectadores a contemplar el sacrificio redentor de Cristo y la esperanza de la Resurrección.

En una época en la que la fe cristiana es a menudo perseguida o relegada a la esfera privada, la inscripción de la Pasión de Cristo de Iztapalapa en el patrimonio cultural inmaterial de la humanidad recuerda una realidad esencial: el cristianismo sigue moldeando pueblos y culturas enteras.

Por CAMILLE LESCARD.

LUNES 15 DE DICIEMBRE DE 2025.

TCH.

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